... y nadie me comprende

He tenido un día catastrófico. Ayer al levantarme, fui a la biblioteca de Cádiz a tomar notas, abrí mi portátil delante de todo el mundo sintiéndome como un narcotraficante adolescente de Barbate paseando su descapotable nuevo por la calle principal, pero cuando presioné el botón Start, el del circulito y la raya vertical, y el puñetero no se accionaba. Lo conecté a la red y nada. Llamé a Rubén (ese amigo informático que todos tenemos y al que apreciamos tanto, sin interés alguno por nuestra parte) y me dijo que lo tenía que mandar de vuelta y que tenía suerte porque todavía estaba en garantía. Para colmo, el móvil se me cae y dice que basta de golpes, gritos y malas palabras, que ha leído sus derechos y se va a una casa de acogida para tecnologías maltratadas. El alma se me cayó al suelo, sin ordenador y sin móvil, enseguida empecé a pensar lo que se piensa en este tipo de casos: 1 Varias grandes compañías se han dado cuenta de mi enorme talento y quieren contratarme por una suma elevadísima por realizar un trabajo súper-creativo, han intentado localizarme por todos los medios, pero no lo consiguen. 2 Mis exnovias, esas que me abandonaron hartas de mis vaivenes de la inseguridad a la megalomanía, se han reconciliado conmigo y quieren volver porque se han dado cuenta de que soy el hombre de sus vidas. 3 Esas chicas a las que diste tu número una noche de verbena metropolitana y que no te hacían ni caso, también se han dado cuenta de su error al rechazarme 4 Esa teleoperadora de Movistar que siempre te llama para intentar convencerte de que te pases al lado oscuro se ha topado con mi contestador con Banda Sonora de Miki Espuma (La Fura) y se ha cagado en mi puñetera madre aprovechando el anonimato (aunque parezca o contrario, algo me dice que muchas de las teleoperadoras son gordas, tienen piercings hasta en las pestañas y son macarras de camiseta de AC/DC llegando incluso a vestir alguna de Motorhead, y que para estas heavies, su trabajo es otra razón para seguir odiándose más tiempo, una vez pasada la pubertad). Bueno después de mucho divagar, está claro que la única opción probable es la 4, pero yo siento la imperiosa necesidad de seguir quejándome de este día de tecnofobia en el que parece que Santi Auserón hubiera escrito la canción de de La Bruja Avería pensando en mí, y eso que a mí los electroduendes no me hacían ni puñetera gracia y siempre me parecieron un extraño híbrido entre Góngora y Ramoncín… ¡¡¡¡¡Aparatos del demonio!!!!! (mi abuela dixit).
Musas y arañas

He vuelto al encierro. El Martes hice acopio de viandas, libros y comix y me metí con mi ordenador en una casa deshabitada a pelearme de nuevo con el argumento de "Un blues de ida y vuelta". Voy lento y no estoy trabajando todo lo que debiera, pero estoy trabajando.
Según Picasso, ahora me deberían venir a visitar ellas. Existir, existen, estoy seguro, pero las musas de hoy son más promiscuas que las de antaño.
Tarko en Madrid
Llegué la semana pasada para realizar una entrevista. Se trataba de un trabajo de redactor en un programa buscando freakies. Una tarea desagradable, pero bien remunerada y de corta duración; algo así como la vendimia de la televisión. Y es que si bien antes me creía un mercenario de las letras ahora tengo más bien la sensación de ser un simple un temporero. Del resultado de la entrevista, diremos que simplemente sigo con mi desempleo congénito, pero aprovechando el viajecito he estado algo más de una semana en la Corte dando vueltas por la polución nocturna y diurna de Austrias y Borbones.
No sé si habrá sido el frío, la vejez o la falta de dinero, pero no me he encontrado nada cómodo en la ciudad y esto me preocupa. Mi vida madrileña se reducía a levantarme tarde, ir al Dia, hacerle la comida a las niñas y otros agentes en órbita, y leer los cómics en Cdisplay que me quedaban por leer (por cierto Global Frequency de Warren Ellis, sin inventar nada nuevo, ilustra perfectamente ese paso del pánico a lo nuclear al pánico al terrorismo internacional y dicen que ya tiene serie en EEUU tipo Nikita). Tan sólo me escapé un día a la Casa Encendida para ver una exposición y otro para ver One Million Dollar Baby.
Siempre había pensado que tarde o temprano terminaría viviendo en Madrid al menos hasta que tuviera la estabilidad económica y emocional suficiente como para soportar el letargo de provincias, ahora pienso que estoy destinado a ser un bicho raro de la categoría cultureta en alguna localidad de Andalucía Occidental. Jo, me deprimo. Creo que va siendo hora de buscar empleo de cualquier tipo o de prepararme una de esas oposiciones de las que hablan mis amigos más prudentes (de tirar la toalla, vaya). Réquiem por mí.





