Sobre lo lleno y lo vacío
Se llamaba A, era menuda y tenia unos grandes ojos oscuros. En sus ratos libres impartía clases en talleres para adultos, eran clases de informática básica, iban jubilados, amas de casa de 50, 60 años… personas con inquietudes y que, algunas casi no habían tenido la oportunidad de estudiar nunca.
A trabajaba por las mañanas y daba sus clases dos tardes entre semana, por las noches, en casa, empleaba mucho tiempo para preparar los ejercicios de sus alumnos. El centro no disponía de demasiados recursos y A utilizaba su conexión para buscar información y su impresora para sacar las copias que necesitaba.
A llegó hasta allí por medio de una compañera de trabajo, le pidió que la sustituyera, porque ya ella no iba a poder asistir mas, al principio dijo que sí por hacerle el favor pero justo cuando lo se lo estaba diciendo ya se estaba arrepintiendo. No había vuelta atrás, el primer día llegó algo nerviosa:
- Mi nombre es A y voy a sustituir a R a partir de ahora.
A era tímida, de carácter reservado, pero dando clases parecia otra persona. Cuando vio todas esas caritas tan atentas a… ella! Nunca había hecho algo igual. Dando clases olvidaba su timidez, les explicaba, escribía en la pizarra y corría de un lado a otro del aula atenta a las llamadas de sus alumnos:
- Señorita A…
La llamaban señorita, despertaban en ella una ternura que jamás había sentido antes. Les llevaban dibujos, poesías dedicadas, cuentos, caramelos…
Tenían tantos deseos de aprender, eran tan agradecidos y ella no sabía como agradecer lo llena que se sentía al hacer, por primera vez, algo por los demás.
- Señorita A, ¿cómo se ponían las negritas?
Se lo explicaba otra vez, cada vez.
- ¡Qué gran madre vas a ser!
- ¿Madre yo? Que vaaa… si yo no tengo instinto maternal, si no sabría cuidar a un niño.
- ¿Cómo que no? Con lo dulce que eres y la paciencia que tienes con nosotros.
Al final de la clase, algunos la ayudaban a bajar las persianas y la acompañaban a dejar la llave. Todavía me parece verla salir con su cartera de maestra, de vuelta a casa, con sus grandes ojos llenos de felicidad.
Llegó un día en que ya no pudo ir mas a aquellas clases, no he vuelto a ver a la señorita A.
A trabajaba por las mañanas y daba sus clases dos tardes entre semana, por las noches, en casa, empleaba mucho tiempo para preparar los ejercicios de sus alumnos. El centro no disponía de demasiados recursos y A utilizaba su conexión para buscar información y su impresora para sacar las copias que necesitaba.
A llegó hasta allí por medio de una compañera de trabajo, le pidió que la sustituyera, porque ya ella no iba a poder asistir mas, al principio dijo que sí por hacerle el favor pero justo cuando lo se lo estaba diciendo ya se estaba arrepintiendo. No había vuelta atrás, el primer día llegó algo nerviosa:
- Mi nombre es A y voy a sustituir a R a partir de ahora.
A era tímida, de carácter reservado, pero dando clases parecia otra persona. Cuando vio todas esas caritas tan atentas a… ella! Nunca había hecho algo igual. Dando clases olvidaba su timidez, les explicaba, escribía en la pizarra y corría de un lado a otro del aula atenta a las llamadas de sus alumnos:
- Señorita A…
La llamaban señorita, despertaban en ella una ternura que jamás había sentido antes. Les llevaban dibujos, poesías dedicadas, cuentos, caramelos…
Tenían tantos deseos de aprender, eran tan agradecidos y ella no sabía como agradecer lo llena que se sentía al hacer, por primera vez, algo por los demás.
- Señorita A, ¿cómo se ponían las negritas?
Se lo explicaba otra vez, cada vez.
- ¡Qué gran madre vas a ser!
- ¿Madre yo? Que vaaa… si yo no tengo instinto maternal, si no sabría cuidar a un niño.
- ¿Cómo que no? Con lo dulce que eres y la paciencia que tienes con nosotros.
Al final de la clase, algunos la ayudaban a bajar las persianas y la acompañaban a dejar la llave. Todavía me parece verla salir con su cartera de maestra, de vuelta a casa, con sus grandes ojos llenos de felicidad.
Llegó un día en que ya no pudo ir mas a aquellas clases, no he vuelto a ver a la señorita A.
Comentario:
¿Cuándo crees que fue la última vez que la Señorita A fue al cine?
Comentario:
Yo ahora estoy dando clases y la verdad, no sé qué opinarán mis alumnos de mi, pero es un placer darles clase. También soy bastante tímida y todo eso se me olvida
Comentario:
Me gusta la gente que tiene un buen recuerdo de quien ha enseñado algo a los demás. Creo que todos tenemos en la cabeza a esa persona de la que aprendimos algo que consideramos importante, y además seguro también que no lo hemos olvidado.
...y todo esto lo dice un autodidacta convencido.
...y todo esto lo dice un autodidacta convencido.
Comentario:
Yo también he vivido en propias carnes esa sensación de realización de A. Claro que también he vivido el lado oscuro del asunto, estar dando algún taller, y ser consciente mientras hablas de que nadie te esta prestando la más mÃnima atención, (aunque quieran aparentar lo contrario, se nota) y...es una sensación nada agradable.
Comentario:
Muchas veces se deja de ver a gente, sin mas, menos mal que tenemos los recuerdos





