Un ungüento de la niñez
Un ungüento de la niñez, un barniz de una estirpe. Peter Punk, como el de Bunbury y demás, un regreso, o algo que siempre ha estado ahí. Me queda, rodando de noche, un extravío de memoria, un escarmiento del presente, una sagaz dicha, un arma nueva y pesada.
No hay recompensa ni respuesta, y no es triste sino débil mi gesto, mi cara aguanta pero el clima se hace más frío y las noches más largas, solo un conducto, solo una mañana, un sentir que no naufraga, que flota como ave acuática. A quien le importa es la pregunta, lo que yo quise ser; hoy me veo, no sin dificultad, bajo este manto sin precio y sin valor, me veo desnudo, como siempre después de buscarme, y solo entre tanta gente, tantas personas. No, no estoy cabreado, no estoy quemado, extasiado ni demasiado sufrido, a veces no estoy…
Pero me paro y observo, sin recuerdos, sin alas, o dejando volar todo junto, lo que quiera que se vaya, yo no soy el dueño; quisiera ser como uno de esos grandes personajes de película, con su única gran obsesión: la leyenda tísica del oeste, Doc Holiday tenía la suya, El paciente inglés estaba obsesionado con la posesión…
Todo en el aire, un día más como espectador y actor, saltando a leguas de un tiempo imaginario, por otra parte irrefutable, inapelable.
Solo yo, buenas noches, y un guiño por ser viernes.
No hay recompensa ni respuesta, y no es triste sino débil mi gesto, mi cara aguanta pero el clima se hace más frío y las noches más largas, solo un conducto, solo una mañana, un sentir que no naufraga, que flota como ave acuática. A quien le importa es la pregunta, lo que yo quise ser; hoy me veo, no sin dificultad, bajo este manto sin precio y sin valor, me veo desnudo, como siempre después de buscarme, y solo entre tanta gente, tantas personas. No, no estoy cabreado, no estoy quemado, extasiado ni demasiado sufrido, a veces no estoy…
Pero me paro y observo, sin recuerdos, sin alas, o dejando volar todo junto, lo que quiera que se vaya, yo no soy el dueño; quisiera ser como uno de esos grandes personajes de película, con su única gran obsesión: la leyenda tísica del oeste, Doc Holiday tenía la suya, El paciente inglés estaba obsesionado con la posesión…
Todo en el aire, un día más como espectador y actor, saltando a leguas de un tiempo imaginario, por otra parte irrefutable, inapelable.
Solo yo, buenas noches, y un guiño por ser viernes.





