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El Pirata Blasfemo
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Sindicación
 
Para PIA, que alguna vez fue PITA
Un momento para romper, y otro para crear. Las cenas pasan tímidas, como inadaptadas, los soles asoman pidiendo otra oportunidad, ¿acaso una nueva juventud? Romper, destruir, es lo fácil frente a envejecer construyendo, lo que dicen de “hacerlo bien”. Escribo en la orilla del infierno que bien conozco, entre amaneceres templados. Siento vacío y me niego ante más de dos cosas; busco serenidad cuando me acuerdo y me da por reír o llorar. Doy gracias, por ti y por todo, y necesito encontrar algo de memoria perdida que se fue en un camión quizá a ninguna parte.
Entre liendres, y raíces de alcornoque convencido de un poema inacabado, el aventurero friolero se dirige al mar caliente, futuro tan incierto como el que puede ser sospechado tirando balines a diestro y siniestro. El miedo me acompaña, si, como ave que necesita comer.
El dolor, la histeria, hablo de cosas, no de niveles, hablo de mi, hablo de lo que quiero compartir, festejar, olvidar, hablo del poema de mi cara, de mi mirada arrastrada por vacíos toneles que huelen a azufre; no, no es el jodido hedor de las minas, pero estoy mojado, húmedos los pies de tanto andar por charcos en los que me ahogo, en los que vocifero, sobre los que no seco con mi voz, con la altiva maestría de un pollo sin cabeza, de un alado que acaba de nacer, del sexo de los ángeles a la embriaguez solitaria y desgarrada que nutre a las paredes de historia, más versos inacabados, imbuidos, arrastrados, miserables, desasociados, desconectados de mí por la mala estirpe que persigue mi sombra, mi parte oscura y cobarde.
No es una lágrima, ni un consuelo, esta es la cama, “no puedo dormir con esas lágrimas, goteando encima de mi” (héroes del silencio). Esta es la cama, fría sin ayuda, anestesiada de los ángeles de la luz, la grácil sorpresa de dos momentos, de dos dedos, una noche, un camino, un seguir, una luz, transparencia depositada en la esperanza de un invierno suave, de un anteojo inexistente. Quiero ver, quiero ser.
No