Romanticismo...
Llueve ahí afuera y el romanticismo me parece estúpido. El tiempo me parece estúpido. Escucho yo a Bunbury y nadie lo hace conmigo. Ser romántico es lo fácil: días lluviosos, lápiz y papel, cualquier musa.
Lo difícil es vivir, más sin literatura. Lo difícil es vivir llanamente, siendo esponja y receptor de todo lo que pasea por la calle. Lo difícil es arrastrarte físicamente hacía mi, sugerirte lo que quiero.
Bocas cerradas. Gesto serio, por si te pierdes, por si te engañan, por si la cagas. “Con, con seguridad, dos condones”, Violadores del Verso. Me valgo de los instrumentos que tengo. Estos dos ojos, quiero caminar sin muletas, y no quiero hablar de amor.
Mientras, dicen que cambio y recambio, y yo siento que camino en el mismo sentido, estamos en la misma cara de la moneda. Vomito y ahogo penas al vacío, como queriendo exterminar el espacio abstracto. No me sale nada, soy tan dichoso como tú. Somos marionetas de nosotros mismos. Y yo sigo peleándome con los colores, con los despertares, cobijándome en la sensación que me invade hoy.
Todos pensamos en lo inmediatamente próximo, sin preguntarnos que hacemos aquí. Siempre una huída hacía delante. Tú comprendes. Pero esto es solo mío, aunque tú lo puedas ver.
Lo que me ocurre es que salgo y maldigo, enciendo velas que vienen de antorchas y estas, a su vez, de hogueras que anidan en mi, y un día, liberaré todo el fuego y quemaré muchos y malvados elementos.
O iré quemando poco a poco, hasta que me consuma, hasta que me esfume en otro día como este, como este que dedicamos a pensar.
Otra vez miradas perdidas, parece que no estoy solo aquí, está oscuro, pero hoy tengo menos miedo que días, meses, años anteriores.
Todo es simple, los días ahora son cíclicos como una rueda. Y una canción triste no me resuelve nada, no me alimenta. Solo me alimenta el futuro, la esperanza, ideas y sentimientos esenciales. No hay nada más que la vida y la salud de cada uno.
Y tus serpientes? Y tus ojos? Tu vida de la que quieres aprender. Tus letras, tu llanto, tu tiempo que se agota. Quiero discernir y temo, quiero verte, y hablas poco, y dices que quieres vivir. Yo, que quiero ser compañero. Y tú estás dentro.
“Y al final, te ataré con todas mis fuerzas, mis brazos serán cuerdas al bailar este valls”, Enrique Bunbury.
Lo difícil es vivir, más sin literatura. Lo difícil es vivir llanamente, siendo esponja y receptor de todo lo que pasea por la calle. Lo difícil es arrastrarte físicamente hacía mi, sugerirte lo que quiero.
Bocas cerradas. Gesto serio, por si te pierdes, por si te engañan, por si la cagas. “Con, con seguridad, dos condones”, Violadores del Verso. Me valgo de los instrumentos que tengo. Estos dos ojos, quiero caminar sin muletas, y no quiero hablar de amor.
Mientras, dicen que cambio y recambio, y yo siento que camino en el mismo sentido, estamos en la misma cara de la moneda. Vomito y ahogo penas al vacío, como queriendo exterminar el espacio abstracto. No me sale nada, soy tan dichoso como tú. Somos marionetas de nosotros mismos. Y yo sigo peleándome con los colores, con los despertares, cobijándome en la sensación que me invade hoy.
Todos pensamos en lo inmediatamente próximo, sin preguntarnos que hacemos aquí. Siempre una huída hacía delante. Tú comprendes. Pero esto es solo mío, aunque tú lo puedas ver.
Lo que me ocurre es que salgo y maldigo, enciendo velas que vienen de antorchas y estas, a su vez, de hogueras que anidan en mi, y un día, liberaré todo el fuego y quemaré muchos y malvados elementos.
O iré quemando poco a poco, hasta que me consuma, hasta que me esfume en otro día como este, como este que dedicamos a pensar.
Otra vez miradas perdidas, parece que no estoy solo aquí, está oscuro, pero hoy tengo menos miedo que días, meses, años anteriores.
Todo es simple, los días ahora son cíclicos como una rueda. Y una canción triste no me resuelve nada, no me alimenta. Solo me alimenta el futuro, la esperanza, ideas y sentimientos esenciales. No hay nada más que la vida y la salud de cada uno.
Y tus serpientes? Y tus ojos? Tu vida de la que quieres aprender. Tus letras, tu llanto, tu tiempo que se agota. Quiero discernir y temo, quiero verte, y hablas poco, y dices que quieres vivir. Yo, que quiero ser compañero. Y tú estás dentro.
“Y al final, te ataré con todas mis fuerzas, mis brazos serán cuerdas al bailar este valls”, Enrique Bunbury.





