El dueño de mi tiempo
Todavía no hemos resbalado, no hemos entrado. Puede que nunca lo hagamos, y puede que algún día no tengamos memoria para acordarnos de todo esto, lo más probable. Tenemos rostro, el rostro de los días y del pasado, tenemos alma, que pesa según los días, y vamos… flotando entre el jardín lleno, repleto a veces de sarmientos y eucaliptos y otras veces solo de espinas, marrón y agreste.
Todavía no sé el significado de muchas cosas. Soy joven, me digo. Me afano en pensar, no en querer encontrar, buscaba también esta tranquilidad que he sabido desarrollar en soledad. Yo solo, triste y contento. Yo solo. Yo solo sin tranquilidad, sabiendo los pasos que doy, sin nadie a mi lado, “la vida mata”, de Diego Vasallo.
No es un alegato al pesimismo, y esto nunca fue algo bueno… Me asusto, ya ves, ante lo que viene y ante lo que tengo. Repito que no conozco el significado. No soy como tú, y tampoco como ellos, aunque algunos me quieran meter en su olla de cocción donde se está calentito, y si no… fuera de todo, a la orilla de enfrente, donde otras olas te mezan. No hay entendimiento que venga por la sangre como un imperativo categórico. Hay instinto que corre como un jinete por las venas, intentado huir de la canción que lo tranquilice. Quiero oír otra vez esa canción, necesito comprender mi cachito de oro, mi espacio particular que sin entender, sin escuchar como otros querían, me he reservado en este tiempo de bronce. La plata soy yo, que llega el segundo a lo conocido, pues a lo demás no hay primeros ni segundos, estoy yo, viviendo con mi hojalata que brilla al sol.
No tengo poder alternativo ahora, tengo mis manos y mi corazón, y mi cabeza deberá aprender a vivir sin ellos dos, dando soluciones a esta carga que yo elijo cada día. El descanso ya se verá. El arrepentimiento, la pena, todo lo malo, ya se verá.
Me centro en mi edad natural, como refugiado en el todopoderoso tiempo, mi edad como un talismán que me haga despertar y ser el núcleo centrífugo de mí, ser el dueño de mi tiempo, para mí.
Todavía no sé el significado de muchas cosas. Soy joven, me digo. Me afano en pensar, no en querer encontrar, buscaba también esta tranquilidad que he sabido desarrollar en soledad. Yo solo, triste y contento. Yo solo. Yo solo sin tranquilidad, sabiendo los pasos que doy, sin nadie a mi lado, “la vida mata”, de Diego Vasallo.
No es un alegato al pesimismo, y esto nunca fue algo bueno… Me asusto, ya ves, ante lo que viene y ante lo que tengo. Repito que no conozco el significado. No soy como tú, y tampoco como ellos, aunque algunos me quieran meter en su olla de cocción donde se está calentito, y si no… fuera de todo, a la orilla de enfrente, donde otras olas te mezan. No hay entendimiento que venga por la sangre como un imperativo categórico. Hay instinto que corre como un jinete por las venas, intentado huir de la canción que lo tranquilice. Quiero oír otra vez esa canción, necesito comprender mi cachito de oro, mi espacio particular que sin entender, sin escuchar como otros querían, me he reservado en este tiempo de bronce. La plata soy yo, que llega el segundo a lo conocido, pues a lo demás no hay primeros ni segundos, estoy yo, viviendo con mi hojalata que brilla al sol.
No tengo poder alternativo ahora, tengo mis manos y mi corazón, y mi cabeza deberá aprender a vivir sin ellos dos, dando soluciones a esta carga que yo elijo cada día. El descanso ya se verá. El arrepentimiento, la pena, todo lo malo, ya se verá.
Me centro en mi edad natural, como refugiado en el todopoderoso tiempo, mi edad como un talismán que me haga despertar y ser el núcleo centrífugo de mí, ser el dueño de mi tiempo, para mí.
Comentario:





