No lo he dejado
Yo aún no lo he dejado. No he dejado de ser niño. Aún me lloran los ojos, aún tengo miedo a la inmensidad, a lo desconocido. Ahora solo frío, entre copos involuntarios e invisibles de la malcantada niebla. Mal laureada, la niebla esconde cosas que no se deberían ver, y no es apología al pesimismo, es una vuelta de tuerca, es un no al miedo, es un giro brusco e inesperado, es un esperar paciente, es observar, desde el vacío, es dejarse caer, es ser animado y no en dibujo. Es romper la estalactita cuando sea el momento, solo salir cuando sea el momento. Otra vez, observando como un lobo la naturaleza repleta de contrastes, otra vez imbuido entre torres y pergaminos de charol y de harina.
Un desprecio a la literatura, un salto cualitativo de sábado a domingo. No importa que forma tenga, ni el color, importa la esperanza y la ilusión, lo silencioso y lo apaciguado en una escena que no se la que es (aún).
Un desprecio a la literatura, un salto cualitativo de sábado a domingo. No importa que forma tenga, ni el color, importa la esperanza y la ilusión, lo silencioso y lo apaciguado en una escena que no se la que es (aún).





