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El Pirata Blasfemo
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Sindicación
 
El señor turbio (reza)
El momento del giro, casi violento, casi inabarcable. El momento del sopor, y yo, consciente o inconsciente. Desfigurar los gemelos bajo el frío, siempre me baño en esta agua, siempre hay que romper el mismo hielo. Barquero avispado condenado a mis cadenas, solo a mis tristes liendres.
Escenifico la sonrisa maestra, la balanza desvirtuada, el blanco dental del cuidado. Ni siquiera me cercioro de mi incredulidad, opto por pensar ¿Qué valor le daré a mis pasos? ¿seré yo? ¿es sabia o buena la espera? Con tranquilidad que no me duerme el coraje, sigo aposentado, imitando a jinetes que rociaron su agua bendita. Y Yo en la tierra por la que brindo, en la que me despojo de símbolos que destrono y los vuelvo a revivir. Me sumerjo para ellos, con ellos, en la espiral de una gran cruz donde me pierdo entre las grietas de la madera. Esta es mi síntesis de vida, el resumen imposible de 36 horas irrealizadas, inabarcables. Y otro pecado se desliza, entre grillos, tornos, rateros, esperando vomitar el despiece del sueño, las piezas de un puzzle negro, la estratagema petulante del señor turbio: cambio de manga y de ases para un mejor futuro.
Ahora si, un futuro mezclado y exprimido entre cuerdas y tendencias de lo más malo. Ruin, y salvador, codicioso alimentador de árboles maltrechos, margaritas que saben a sangre, deseos, antideseos, y olvido… son canciones retratadas, letras desencantadas, realidad desvergonzada, un poema, una mentira, ¿no es fácil?
No me apoyo ni rezo, a tropezones caigo y exhalo, la distancia de un suspiro (lejanía-cercanía) que endereza la serpiente bucólica, el rastro soñados de la sempiterna ilusión. Hoy vive el astro volador de la fama, hoy viven lentejuelas entre mórbidos y aburridos parajes de “eterna soledad”. Se me hace frío y distante, un solo chorrito de oro que no navegue entre mis dedos, acariciando sueños que no han de romperse.
La noche sigue siendo impracticable. Tanto, que el adjetivo lanza la daga para hacerlo luz absoluta. Visión reclutada, mis ojos alienados y los tuyos maquiavélicos; sucia ficción que hace pensar y repensar, y agotar la savia de vida de cualquier árbol. Olivo de tierra yerma, naranjos de tierra agreste, hoy la mía es tierra bendecida por mi propio deseo, explotada por mi propio servicio. Mi propia cordura se derrama entre mi locura, como un trovador loco, irreverente, bien educado.
No