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Diario de un Proyecto (The jevy's life)
Sobre la ardua tarea de convertirse al metal \m/
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Me toca los cojones describirme :_D
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Agosto --,-- p.m., Madrid. 45ºC...
Cada día me convenzo más de la difícil tarea que me ha sido encomendada. O bueno, de la difícil tarea que es esto de ser una Hermana del Metal, una Discípula de Bruce, la mano derecha de Rob...

... Y como ya sabemos, ser heavy no solo es escuchar su música... no sólo es comprar discos, descubrir grupos, asistir a conciertos, sentir las baterías o guitarras, disfrutar de lo que se oye... No... es mucho más que eso: es una forma de vida... y, como toda forma de vida... Necesitamos ropa acorde *^^*.

Y me pregunto yo... ¿Por qué? ¿Por qué nos ha sido encomendada esta ardua tarea? Es duro, muy duro...

Os paso a relatar una de mis Odiseas en el peligroso arte de ser metalera:

Agosto, 12.30 de la mañana. Madrid. 45ºC. Aún en casa

Me encontraba allí, en esa ciudad tan inmensa, dispuesta a ampliar horizontes, a conocer gente nueva... Y, sobretodo, a conocer gente como yo, con mis inquietudes, con mis gustos..., Gente del Metal.

Lo primero que hice cuando llegué fue darme una ducha. Decidí no perder el tiempo, necesitaba aliados, gente como yo... gente del Metal... Y me vestí para la ocasión: Una camiseta negra con la portada del "Best Of The Beast", unos pantalones vaqueros cortos y de color negro, unas botas militares negras y, como broche final: LA PULSERA. Me miré en el espejo; parecía que estaba bastante mona... Me di la vuelta... el pantalón me hacía el culito respingón. Me probé unas gafas de sol... Pero pensé: ¿Es que yo, heavy que soy, no voy a poder aguantar unpoquitín de claridad? Lo vi demasiado..... demasiado "cool", y las dejé a un lado.
Cogí las llaves, y salí a la calle.

Agosto, 13.30 p.m. Madrid, 46ºC. Saliendo del Metro.

Por fin salgo del metro. Después de haberme perdido tres veces, de haber comprado cuatro billetes que gastaba por error, y buscar las formas de cómo introducirlos bien... He llegado al lugar de destino: La Gran Vía. Allí me espera un amigo. No es heavy. Hace tiempo que no nos veíamos... Mientras viajaba en el metro, empezaba a imaginar la situación: la última vez que nos vimos hacía ya dos años... No sabía cuánto había cambiado yo... Imaginaba la cara de asombro que pondría y empezó a darme la risa tonta... hasta soltar una tremenda carcajada... Creo que debo tener una risa feota... aún no entiendo por qué se alejó apresuradamente aquélla señora de mi lado... Aunque bueno, pronto fue ocupada por un senegalés.

Una vez en fuera, veo esa monumental calle tan larga, tan ancha, con tantos coches, con tanta gente... ¿Cómo iba a encontrarlo? Un miedo atroz empezó a apoderarse de mí; no sabía qué hacer, dónde ir... Hasta que, ya con las lágrimas saltadas, atisbo a lo lejos una mano que se dirige a mí. ¡¡Es él!! ¡¡Dios!!...¡ y yo con lágrimas en los ojos! ¡Sería el fin! Debía hacer algo que solapara mis lágrimas... Me sorbí los mocos y, para que me viera, y, a la vez, viera mi "nuevo yo", levanté mi brazo derecho, cerré el puño, estiré los dedos índice y pultar y comencé a gritar con voz grave, mientras me dirigía a él:

¡¡¡ESE EDUARDO DEL METAAAAAALLLLLLL!!!!

Se paró de repente. Frunció el ceño. Aguzó la vista. Me miró. Se sorprendío y comenzó a mirar a los lados, mientras los colores le iban subiendo y, por el rabillo del ojo, miraba a la gente de su alrededor; que lo miraban a él y me miraban a mí. SORPRENDENTE. SORPRENDIDO. ¡Jajajaja! ¡¡LO SABÍA!! Comencé a reir, no podía aguantar más. Había puesto la cara que esperaba, seguro que se moría por tocarme e iría con la cabeza bien alta con eso de ir conmigo: La HEAVY. CUando estuve cerca, le di un fuerte abrazo, hasta que me pidió por favor que lo soltara, pues le etaba clavando los pinchos de la pulsera... Jejejeje... Los heavys no tenemos medida de nuestra fuerza...

Agosto, 14.00 p.m. Madrid. 46ºC. Caminando por la Gran Vïa.

EMpecé a entablar conversación con Eduardo, que aún me miraba atónito y me rogaba que, por favor, bajara el brazo y dejara de hacer los cuernos... Pues intenté llevar la conversación a mi terreno, y estuve cantándole los trocitos de canción que conocía de Helloween mientras imitaba su guitarra eléctrica y movía la cabeza hacia delante y hacia atrás frenéticamente. Es pudoroso. Me comentó que me enseñaría la ciudad.
Oh, la Gran Madrid... La bella madrid... Miraba sus pisos, sus monumentos. Todo tan grandioso. Todo tan bello. Por acá la Cibeles, Por allá un Banco, por acullá una iglesia... El tiempo parece que se detiene, que retrocede, y puedo ver su Ayuntamiento de madera, sus carros de caballos... Hace un poco de calor, y el agua no está tan fría como cuando la compré... Pero ¡ah! ¿QUé importa todo eso... ante tan bella ciudad?...

Agosto, 14,45 p.m. Madrid. 47ºC. Dios sabe donde.

Me muero. Me deshidrato. El sol ha recalentado mi cabeza. La ropa me arde. El agua se ha acabado. Y el cabrón de Eduardo no para de andar y de prometerme que éso (que en cualquier parte de España... en cualquier parte del mundo, es "El quinto carajo") es "aquí al lado".
Llevamos 25 minutos andando bajo un sol de justicia para ir a "aquí al lado".... No sé ya ni dónde cojones vamos. Me muero, me quedo sin fuerzas, la vista se me nubla. Y el cabrón de Eduardo sigue andando tan pancho... El estúpido de Eduardo, con su estúpido pantalón de lino blanco y su estúpida camiseta azul y sus estúpidas gafas de sol.

El sol quema mi cara. Mis ojos son unpequeño arañazo, pues no los puedo abrir. Me encuentro empapada. Los pies me arden...

Agosto, 15,30 p.m. Madrid. 47ºC. El Retiro.

Por fin vamos llegando al Retiro. Hemos comprado algo de avituallamiento (un bocadillo de chorizo y jamón). Por fin algo de sombra. La voz casi no me sale. Apenas puedo articular palabra. Mi lengua está seca, de trapo. Siento vergüenza extrema cuando inteto hablar, pero no puedo evitarlo. Eduardo comienza a preguntarme:
- Tienes mala cara, ¿te pasa algo?...
Y con unhilo de voz afónico, producto de la insolación, la falta de salivación y el horroroso calor; intento tragar un poco de saliva y, con labios desquebrajados, le digo:
- Do tde pdeocupeh, do be bada dada.(No te preocupes, no me pasa nada)- El calor me mata, apenas puedo articular palabra, pero, aun así, intento dominar la situación, aparentar que no pasa nada. No hay sol que deshidrate a una verdadera Heavy del Metal.
- ¿Cómo? ... No te entiendo... ¿De verdad que estás bien?
- Cdado que ehdoy bien, tdanquidlo. Odie, ¿gedda bushio bhara chejar?Claro que estoy bien, tranquilo. Oye, ¿queda mucho para llegar?
Y, como una especie de milagro, oigo que dice:
- ¡Eh mira! El Retiro.

Agosto, 15,45 p.m. 47ºC, La cuesta del Retiro.

... Cuando alzo mi vista, las piernas empiezan a temblarme. Un grito de sorpresa, que se convierte en un breve quejido casi insonoro, producto de la sed, emana de mi garganta. Miro al frente, y me veo una cuesta. Pero no una cuestecilla, una cuesta chiquitilla, con poca pendiente... NO........ me veo LA CUESTA. LA PUTA CUESTA.
Eduardo ve mi cara de descomposición. Me vuelve a preguntar si pasa algo. Lo miro, muestro mi mejor sonrisa de saliva reseca y le digo: NDo, ndada (no, nada). Me paro antes de subir aquella barbaridad. El sol traspasa la camiseta y el pantalón y quema mis carnes. Los pies parece que estuvieran metidos en charcos. La pendiente es muy aguda. Pero no hay cuesta que se interponga a una Heavy del Metal.

Agosto, 15,54 p.m. Madrid.47ºC. El final de la cuesta del Retiro.

Estoy tumbada en el suelo, branqueo como un pescado en busca de agua. Eduardo me mira con cara de preocupación; me pide por favor que deje de hacer esos cuernos. Pero un heavy es heavy con una insolación o no. EL sol me da de frente. No hay agua en mi cuerpo. Aun así, aún tengo fuerzas para un breve airguitar que Eduardo para al momento. Estúpido. Oigo comentarios de gente que se acerca y que, cuando me ven, con cara de sorpresa comentan; por el amor de dios... SI parece un escarabajo. Jodidos ignorantes. SER HEAVY ES SUFRIR. Nunca podrán entenderlo... son inferiores. Jamás renunciaré a mis camisetas. JAMÁS... O bueno, solo cuando patenten las blancas... Pero siempre que sean HEAVYS.
Ser HEAVY implica DEMOSTRARLO...

Agosto, 20,30 p.m. Madrid. 39ºC. De vuelta a casa.

Tras mi odisea... al fin conozco Madrid... Me quito la ropa que tengo que apartar a un lado, pues hiede. Aún estoy algo empapada de sudor. Los pies son dos masas informes blancas y arrugadas, de los que emanan una pestilencia nauseabunda. Tengo las marcas de la camiseta y los pantalones... lo que vulgarmente se conoce como "moreno albañil". Y, en mi mano izquierda se ha quedado grabada la huella de LA PULSERA.
Tras beberme de un tirón dos litros y medio de agua, decidí desnudarme y acostarme... había sido un día largo y caluroso. Y, de nuevo pensé en que soy una de las elegidas.. No todo el mundo puede ser yo. No todo el mundo puede ser..... HEAVY
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