Interrail, diario (III)
D.25-Julio.2004 (Berlin)
Se me hace extraño no tener billete de Interrail. Como no nos hace falta, ya ni llevamos el cinturón de castidad.
[...]
Intentamos ir al MOMA, nos pasamos primero por unos edificios modernos en los q hay oficinas y centros comerciales, muy chulos; y luego al museo. Alborozo general porq la entrada eran sólo 3E y orgasmo de Alba ante miles de sillas de colores. El resto de las salas, las exposiciones permanentes, clásicas, muy cansinas. Buscamos la parte de los cuadros y nos dicen q está en otro edificio. Asumimos q hemos sido timados y vamos hacia el MOMA autentico, con los seis euritos en la mano, pero oh! sorpresa, oh! desventurado acontecimiento, no nos dejan entrar porq ya hay demasiada gente dentro. Así q nos guardamos nuestro dinero y nos comemos las ensaladas sin aliño peleando contra las avispas asesinas.
Momento circense
Cagándonos en la maldita seguridad del museo, vamos hacia la famosa plaza de Sergio en la que hay tiendas baratas alrededor de una iglesia medio destruida. Comimos al lado de unos punkos y vimos a unos cuantos góticos, pero no de los que dice él, que van de tres en tres como las Embrujadas y conspiran como Burns, caminando sin mover los pies.

Volvimos al albergue, a preparar nuestro clásico platazo de macarrones y a seguir ganándonos odios mundiales por hacer la maleta con los vecinos dormidos.
Se me hace extraño no tener billete de Interrail. Como no nos hace falta, ya ni llevamos el cinturón de castidad.
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Intentamos ir al MOMA, nos pasamos primero por unos edificios modernos en los q hay oficinas y centros comerciales, muy chulos; y luego al museo. Alborozo general porq la entrada eran sólo 3E y orgasmo de Alba ante miles de sillas de colores. El resto de las salas, las exposiciones permanentes, clásicas, muy cansinas. Buscamos la parte de los cuadros y nos dicen q está en otro edificio. Asumimos q hemos sido timados y vamos hacia el MOMA autentico, con los seis euritos en la mano, pero oh! sorpresa, oh! desventurado acontecimiento, no nos dejan entrar porq ya hay demasiada gente dentro. Así q nos guardamos nuestro dinero y nos comemos las ensaladas sin aliño peleando contra las avispas asesinas.
Momento circense
Cagándonos en la maldita seguridad del museo, vamos hacia la famosa plaza de Sergio en la que hay tiendas baratas alrededor de una iglesia medio destruida. Comimos al lado de unos punkos y vimos a unos cuantos góticos, pero no de los que dice él, que van de tres en tres como las Embrujadas y conspiran como Burns, caminando sin mover los pies.

Volvimos al albergue, a preparar nuestro clásico platazo de macarrones y a seguir ganándonos odios mundiales por hacer la maleta con los vecinos dormidos.