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La testigo mentirosa
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... Y al verte quise gritar, y no pude más que susurrar palabras sin razón ...


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Los recuerdos más preciados

Bueno, no sé si le pasará también al resto de la humanidad, pero a mí me ocurre que los recuerdos más preciados que tengo son de cuando era pequeña.
Y realmente yo creo que tiene una explicación, y es que cuando somos pequeños todo lo magnificamos.
Por ejemplo yo solía ir a menudo al Parque Genovés con mi abuelo y mi prima, que es un parque muy bonito de Cádiz capital cuya entrada principal está justa enfrente de la que a partir de octubre será mi nueva Universidad, la de ''Filosofía y Letras''.
Bueno pues, como véis en las fotos que he puesto, es grande y los árboles están cuidadísimos y preciosos, y tiene un gran estanque con patos para que los niños/as les echen gusanitos y ''porquerías'' variadas. Además, para acceder a dicho estanque tienes que pasar por muchos pasillos, pasillos que recuerdan vagamente a un laberinto de hierba verde.
Tras los patos, columpios para los niños.

Yo de pequeña, en mi mundo mágico, y visto desde una altura de menos de medio metro, tenía la sensación de que el Parque Genovés era enorme.
De ahí que para mí ese siempre será un sitio ''mágico'', pero sólo en mis recuerdos, pues las últimas veces que he ido, acompañando a mi hermana pequeña, me he dado cuenta de que ni es mágico, ni es tan grande, ni tiene tanto misterio como yo imaginaba.

Otra de las cosas curiosas de los recuerdos es cómo de pequeños nos creemos todo lo que nos echen (por lo menos yo, a lo mejor es que era muy inocentona).
Y eso me ocurría con uno de los tres monumentos de mi ciudad (El Puerto de Santa María) que mayor importancia tienen: el Castillito.

En la torre más alta hay una pequeña ventanita, pues bien, mis padres se lo pasaban pipa diciéndome que ahí dormía la Bella Durmiente, y me animaban a llamar a la gran puerta negra. Y yo, tonta de mí, me lo creía, hacía el intento de llamar, me arrepentía, y corría asustada. Y es que el Castillito, de noche y sin gente, impone tela.
Sin embargo ahora, después de haber pasado un invierno de ir ahí todos los sábados y pasar allí las horas muertas, el Castillito ha perdido ese toque mágico que una vez tuvo para mí en mi infancia.

Con esto pretendo llegar a la conclusión de que no hay que menospreciar los sueños de los niños pequeños, ni intentar romperle sus ilusiones, porque me parece que en el último momento son los recuerdos más valiosos de cada uno...

 
 
Comentario:
Pues yo me acuerdo de cuando de chico me montaba en los ponis que habia en el parque genoves.
No