Mentirosa
Protegida. Muy protegida.
Así se encontraba ella desde el momento en que él, sin una pizca de tacto, le había dejado claro que ya no seguía enamorado de ella.
Automáticamente se empezó a formar una protección invisible alrededor de su corazón, y sólo dejó un espacio sin proteger, un pequeño agujero, por el cual ella permitiría que fuera saliendo poco a poco aquél desamor por el que llegaría a olvidar incluso su nombre.
Pudo, pero no quiso olvidarlo de golpe, pues, su corazón, al igual que un globo, si se hubiese desprendido de tanta felicidad de una sola vez, habría estallado de dolor.
Sin embargo, esos esfuerzos no dieron los resultados que ella esperaba, pues ese agujero traidor que estaba abierto comenzó a dejar pasar de nuevo un poco de cariño y melancolía.
A pesar de todo, esta vez había sido todo muy distinto. No era pasión ni deseo lo que se había mentido dentro de ella, sino una especie de sensación de ternura tan vieja como conocida.
Ahora, ella tenía en sus párpados la carga de mucho rencor perdonado pero latente, y sostenía la mirada de quien, con ojos de melancolía y desde la orilla opuesta, observa a la persona a la que una vez quiso con locura, y con una media sonrisa de dulzura triste de quien tiene asumido que esa persona forma parte de un pasado irrecuperable.
Y ella, aparentemente inmune a todo dolor, mantiene su sonrisa mientras oye en sus oídos una insignificante voz que le susurra "Mentirosa, mentirosa...'' .
Así se encontraba ella desde el momento en que él, sin una pizca de tacto, le había dejado claro que ya no seguía enamorado de ella.
Automáticamente se empezó a formar una protección invisible alrededor de su corazón, y sólo dejó un espacio sin proteger, un pequeño agujero, por el cual ella permitiría que fuera saliendo poco a poco aquél desamor por el que llegaría a olvidar incluso su nombre.
Pudo, pero no quiso olvidarlo de golpe, pues, su corazón, al igual que un globo, si se hubiese desprendido de tanta felicidad de una sola vez, habría estallado de dolor.
Sin embargo, esos esfuerzos no dieron los resultados que ella esperaba, pues ese agujero traidor que estaba abierto comenzó a dejar pasar de nuevo un poco de cariño y melancolía.
A pesar de todo, esta vez había sido todo muy distinto. No era pasión ni deseo lo que se había mentido dentro de ella, sino una especie de sensación de ternura tan vieja como conocida.
Ahora, ella tenía en sus párpados la carga de mucho rencor perdonado pero latente, y sostenía la mirada de quien, con ojos de melancolía y desde la orilla opuesta, observa a la persona a la que una vez quiso con locura, y con una media sonrisa de dulzura triste de quien tiene asumido que esa persona forma parte de un pasado irrecuperable.
Y ella, aparentemente inmune a todo dolor, mantiene su sonrisa mientras oye en sus oídos una insignificante voz que le susurra "Mentirosa, mentirosa...'' .






JORGE
DIANA
PELLO
DREMIN