I´m back
He vuelto. Ya he vuelto. Aunque sigo sin poder escribir con toda la frecuencia que desearía (de hecho hace como tres semanas que no toco el blog) pero no porque no quiera, porque cosas que contar tengo muchas, sino porque no puedo; y es que el ordenador nuevo me da ciertos problemas para escribir aquí (no sé por qué no me deja), y yo solía escribir entonces con el viejo.
Pero mi ordenador viejo explotó hace dos semanas, sí, lo encendí y sonó en la torre como cuando una bombilla estalla, un clack muy raro que resultó ser la fuente de nosequé.
Así que, estoy sin blog, sin ordenador, y sin anime que bajarme (que esa es otra, porque el ordenador nuevo NO me permite bajarme el emule, lo que es lo mismo, me quedo sin anime).
Qué rollo. Qué asco. Qué caca de ordenadores diría uno que yo me sé. Y es que qué le voy a hacer, si he nacido con un pan de gafe bajo el brazo.
Siempre he tenido mala suerte en muchas cosas.
Me ilusionaba con un día de picnic en el campo... lluvia. (Vale, en invierno puede entenderse, pero ¿en verano qué probabilidades hay de que llueva en Cádiz, dos entre un millón?).
Y así todo.
O por ejemplo, se me ocurre la idea de hacerme fotos con mis amigos antes de que empiece la uni y todos nos separemos... al día siguiente, la cámara estropeada. Y así todo.
Y sí, contestando a Jorge en el mensaje de mi última entrada, sí ha habido más semanas en Cádiz, pero por los motivos ya dados no he podido contar nada más.
Cosas a destacar, resumidas esquemáticamente:
1. Mi facultad es la más bonita de todas (qué decoración... qué ambiente... qué biblioteca...)
2. Todos los gays del mundo se han puesto de acuerdo para juntarse en Filología Inglesa, lo cual provoca la siguiente consecuencia : Muchos gays + Muchas chicas = 0 posibilidades de ligue.
(Ps... mejor, ni que yo tuviera ganas... la verdad)
3. Mi profesor de Comentario de Textos Literarios Ingleses es guapísimo, simpatiquísimo, cultísimo y genialísimo. Lo quiero para mí. Lo malo es lo de que me doble la edad.
4. He conocido a una argentina muy simpática llamada Ana Inés (Ana para los amigos).
5. He conocido a una americana muy maja, llamada Lesly (creo que se escribe así). El otro día tuvimos que explicarle la diferencia entre las expresiones ''estar hecha polvo'' y ''echar un polvo'' (la pobre nos contó que por error había dicho ''echar un polvo'' durante una clase y que todos se habían reído). Ella, obviamente, no entendía por qué, así que se lo explicamos.
También le explicamos la diferencia entre ''ser un cachondo/a'' y ''estar cachondo/a'' (nos lo agradeció mucho, pobrecita).
Y también, para darle ejemplo de chicas cultas y educadas universitarias le enseñamos algunas de las más famosas palabrotas... xD fue muy gracioso.
6. Odio a mi profesor de Lingüística, eso sí, nos enseña todos los chistes del mundo. Pero sigo odiándolo.
7. También odio a mi profesora de Literatura Inglesa. No sé qué me jode más, si su acento estúpido y casi inteligible inglés, su ropa cateta con esos pantalones por los sobacos, el hecho de que nos haya hecho comprar un tocho de 19 euros, o quizá la forma cínica y estúpida que tiene de mirar su reloj de reojo cada vez que un alumno entra tarde a su clase. Claro, ella no piensa que el tal o la tal haya llegado tarde por el autobús o el tren. Debe pensar que todos vivimos a 10 minutos de la facultad.
8. Empiezo a estar harta del autobús. Dos horas de viaje diarios es agotador. Una hora de ida a Cádiz, y otra hora de vuelta al Puerto. Asco de todo.
9. La vida es injusta. Por hablar bien inglés me tocan prácticas los jueves de 7 a 9 de la noche, lo cual implica estar tooooooodo el jueves fuera de casa, desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. (Que no es hasta las nueve, porque entre que cojo el bus de las nueve y media y llego a casa dan las diez y media)
10. Los ordenadores de la facultad son una mierda.
Ya pondré más cosas si se me ocurren.
Un besico!!!
Primera semana en Cádiz
Ya ha pasado casi casi una semana desde que empecé la Universidad.
Qué emoción, qué nervios, no dormí nada la noche anterior.
No paré de dar vueltas en la cama. Me tapaba, me destapaba,
miraba el reloj, pensaba en las musarañas, contaba ovejitas... (bueno, Utenitas, mejor dicho).
Y por fin, dieron las 7 menos cuarto de la mañana.
Me levanté de un salto presa del nerviosismo, cuando lo normal en mí
es quedarme rezagada unos 5 minutos, mínimo.
Ya tenía la ropa preparada (pantalones nuevos marrones, deportivas, camiseta naranja, chaqueta hippy) y la cartera tb (en ella una carpeta debidamente decorada, la agenda, bolígrafos, la cartera, el mp3 y el móvil).
Recogí el cuarto en pocos segundos (sí, sí, segundos) y me vestí al más puro estilo Sabrina.
Lo malo es que salí con tanto ímpetu de mi habitación que desperté a mi madre y a mi hermana ^^u... en fin...
Dan las 7 y cinco, desayuno velozmente, y me pego una carrera hasta el autobús.
Me subo y me encuentro con mi colega Juan, que ha cogido el mismo.
Perfecto, el conductor iba a su bola, así que llegamos tarde tardísimo.
De hecho, el tío capullo va y se para a pelearse con un chaval que se subía al autobús. Un show.
Llego a la Uni, me pego pataditas en el culo porque no sé cuánto tardaré en llegar desde la estación de autobuses (15 minutos, clavaos).
Miro la puerta, entro, observo el patio interior.
Dios, todo tan grande, tan majestuoso..
y yo tan, pero tan pequeña!!
Qué emoción, qué nervios, no dormí nada la noche anterior.
No paré de dar vueltas en la cama. Me tapaba, me destapaba,
miraba el reloj, pensaba en las musarañas, contaba ovejitas... (bueno, Utenitas, mejor dicho).
Y por fin, dieron las 7 menos cuarto de la mañana.
Me levanté de un salto presa del nerviosismo, cuando lo normal en mí
es quedarme rezagada unos 5 minutos, mínimo.
Ya tenía la ropa preparada (pantalones nuevos marrones, deportivas, camiseta naranja, chaqueta hippy) y la cartera tb (en ella una carpeta debidamente decorada, la agenda, bolígrafos, la cartera, el mp3 y el móvil).Recogí el cuarto en pocos segundos (sí, sí, segundos) y me vestí al más puro estilo Sabrina.
Lo malo es que salí con tanto ímpetu de mi habitación que desperté a mi madre y a mi hermana ^^u... en fin...
Dan las 7 y cinco, desayuno velozmente, y me pego una carrera hasta el autobús.
Me subo y me encuentro con mi colega Juan, que ha cogido el mismo.
Perfecto, el conductor iba a su bola, así que llegamos tarde tardísimo.
De hecho, el tío capullo va y se para a pelearse con un chaval que se subía al autobús. Un show.
Llego a la Uni, me pego pataditas en el culo porque no sé cuánto tardaré en llegar desde la estación de autobuses (15 minutos, clavaos).
Miro la puerta, entro, observo el patio interior.
Dios, todo tan grande, tan majestuoso..
y yo tan, pero tan pequeña!!
Pasando ¬¬
Siento mucho lo que voy a escribir,
porque sé que es generalizar de una forma
que puede resultar poco justa, pero
es lo que pienso ahora mismo:
Todos, todos, todos los hombres son iguales.
Una necesidad
"... Y en ese sentido, todo monógamo sucesivo debería anotar en el carácter de cada nuevo enamoramiento un índice de variación que se acusa a medida que se va avanzando a nuevas regiones de la vida.
Detalle que años antes pasaban por insignificantes llegan a convertirse en la razón exacta por la que, tiempo después, nos sentimos atraídos por una persona.
Sin ir más lejos, a mí me gustaban los músicos por lo que representaban: energía, movimiento, exaltación, y pensaba que todas mis posibilidades futuras de felicidad estaban contenidas en aquellas cualidades - virtudes a mis ojos - que implicaban una promesa de cambio.
Y en aquél tiempo no me hubiera fijado en alguien como él, que personificaba todo lo contrario: tranquilidad, sosiego, paz... inmovilidad.
Pero después de haber tenido mi dosis de movimiento resultó que la agitación habñía sido excesiva, que me había dejado mareada, atontada y por lo tanto en situación de interpretar como virtudes lo que tiempo atrás hubiera considerado defectos, y viceversa, de forma que llegó a parecerme encantadora, por ejemplo, una predecibilidad que antaño no hubiera dudado en calificar de aburrida.
También me podía haber aburrido, en otro tiempo, su carácter tranquilo y reservado que, sin embargo, acabó siendo, de entre sus rasgos, uno de los que más me gustaban.
Todo lo que decía lo expresaba claramente y con naturalidad, sin prisas ni dudas, aderezando la historia con algún que otro chiste o broma.
Parecía de una absoluta inocencia y simplicidad, pero una se daba cuenta enseguida que había algo misterioso en él que se notaba, precisamente, en sus silencios.
Sí, él era predecible por puntual.
Exacto como un reloj suizo, aparecía por casa siempre entre las seis y seis y media con su bolsa de la compra bajo el brazo. El único día que se retrasó, cuando apareció por casa a las ocho y tantas, advertí de repente cómo los extraños pensamientos que llevaban dos semanas dándome vueltas dispersos en la cabeza se reunían en conciliábulo, descendía por el pecho y acababan por concentrarse en un punto concreto de mi anatomía, traducidos en una punzada en el corazón: una necesidad nueva, ávida y absurda de él.
Un Milagro en Equilibrio, Lucía Etxebarría.






JORGE
DIANA
PELLO
DREMIN