En la consulta del médico
Miércoles. 4 de la tarde.
Llego a la consulta del médico. Médica, para ser exactos, aunque ya sé que el término no se utiliza. ¡Y qué! Me invento neologismos... Vale, diremos doctora. ¿Os sirve?
¿Os había contado que Merce y yo haremos un curso de submarinismo? ¡Qué sí, pesao! Claro, como no se me va a notar si voy con el libro arriba y abajo para estudiar. ¿Pero realmente estudias? Pues no. Solo lo paseo. Bueno, estudio de vez en cuando.
Pues eso, lo que os estaba contado... Necesito un certificado médico para hacer el curso y allá me voy yo con el papel oficial que me hizo comprar mi doctora en el estanco y con un buen libro ("Angeles y demonios", estoy enganchado, lo siento) debajo del brazo porque la espera puede ser larga. En la sala de espera me hacen compañía una pareja de ancianitos muy simpáticos ellos que hablan del arsenal de medicinas que se toman cada dia. Os lo podeis imaginar.
Sale la doctora:
- ¿A qué hora te toca?
- A las 4 y diez.
- Ahora te hago pasar... Y ustedes, ¿a qué hora tienen?
- A las 7 de la tarde, pero no se preocupe, que nosotros esperamos.
Brutal. Surrealista. Habian venido 3 horas antes a la consulta del médico. Y yo me pregunto si no tienen otra cosa que hacer que esperarse allá sentados. Vaya, ya sé que la vida del jubilado no es que sea muy trepidante, pero algo se te puede ocurrir para hacer que no plantarte en una silla de una consulta y esperar.
Lo que en un principio me resultó gracioso después se fue convirtiendo en un sentimiento de tristeza. Soledad, rutina... La vida de estas personas se convierte en un deambular de un sitio para otro. Y ese "no se preocupe, que nosotros esperamos" cae como una losa. ¿Esperar? Se pasan la vida esperando ¿para qué? Quizas seria el momento de aprovechar la vida y de hacer todo lo que no pudieron.
En fín hormiguitas. Cosas que pasan.