(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA IV (Listos para el remate)
Al igual que ocurre en los teatrillos callejeros, de repente nadie sabía que hacer. Por un lado la autoridad, Cantudo y Genoveva , sabían que tenían que hacer algo, aunque Genoveva esperaba que fuera su mando natural quie tomase la iniciativa, para él luego secundar la acción de su jefe sin fisuras, demostrando fehacientemente que eran un equipo. Cantudo, dudaba. Parecía que había habido un disparo, en efecto. Y ante un disparo, un sargento de la Guardia Civil no se puede quedar así como así. Hay que hacer algo. La cuestión era ¿Qué?. De momento levantarse, claro. Pero...
- Sheriff levántese, hombre. No quiero ver a mi jefe tirado por el suelo. ¡Que vergüenza! Dijo Elyoni.
- Ah, pero ¿Yo soy tu jefe? ¿me puedo levantar?
- Claro, hombre. Usted, el chico y yo. El único que ha de quedarse en el suelo es Finolis.
Genoveva y Cantudo se levantaron muy despacio. Y Cantudo agarró la lógica que le brindaban y dijo:
- Si yo soy tu jefe me tienes que obedecer. ¿no?
- Claro, jefe, dijo Elyoni, eso siempre.
- Dame tus revólveres. Tengo que mirar una cosa.
Pero fue pronunciar estas palabras, y, como si hubieran formado parte de un conjuro, un trueno bestial sonó en el cuartelillo. (¡PARRRRRAPOTROOUM!). Solo que una cosa: No fue un trueno. Fue como un chisporroteo eléctrico, justo donde Elyoni había disparado. De hecho un mar de chispas saltó desde el techo, hasta la mesa de Genoveva, que era muy desordenada, perdón desordenado, y que estaba lleno de papeles, y ¡coño que mala suerte! Un frasco de colonia con alto contenido en alcohol. Era uno de esos envases de plástico, de esos que si el frasco está encima de una mesa llena de papeles y salta un mar de chispas y prende lo papeles, pues explota.
- ¡POUM!
Y, joder esto si que fue un auténtico infortunio, el bote saltó en llamas y fue a aterrizar justo ( fue como un triple de último segundo) en un inocente cajón que guardaba las municiones de las armas del cuartelillo, y fue ahí cuando Genoveva y Cantudo asumieron el mando de la situación, y de dos brincos llegaron a la calle al grito de:
- ¡Fuera todos de aquí!¡Esto va a saltar por los aires!
No sé si sabéis el efecto que tiene una buena ración de calor en unas municiones de armamento metidas en un cajón. El efecto inmediato es que aquello se empieza a disparar como si un puñado de forajidos quisieran matar a todos los que estuvieran alrededor. Cantudo, que ya estaba fuera con todos, vio el carro del lechero, y a Sualteza. Y antes de que comenzase la lluvia de proyectiles dio una orden directa.
- Volcad el carro del lechero. Nos protegeremos de los disparos tras él.
Finolis incluso hizo una sugerencia
- Podríamos desenganchar a Sualteza antes, si os parece.
Así fue como tras un rato de desenganches, tropezones, y derrames de leche, consiguieron volcar el carro de Finolis, y lo que se veía era a Cantudo, Genoveva, Finolis y Elyoni, agazapados detrás del carro. Finolis vió que Sualteza corría peligro:
- ¡Nieves! Ven y agáchate aquí detrás , a mi lado.
Y eso fue lo que hizo Sualteza, agazaparse (si, las mulas se pueden agazapar, saben hacerlo, también saben hacer otras cosas) tras el carro. De modo que cuando empezó la lluvia de disparos desde el interior del cuartelillo, y las balas salían a chorros por la puerta de la calle, y por la ventana atravesando los cristales, había cinco elementos apostados tras el carro volcado, que a su vez estaba ante la leche derramada. A saber: Cantudo, Genoveva, Elyoni, Finolis, y Sualteza.
Una de las tonterías que sucedió primero fue que Elyoni respondió al fuego “enemigo”. Cantudo había frotado tanto su paciencia contra la lija de los acontecimientos que ya se le había desgastado del todo. Le dio una colleja a Elyoni en todo lo alto. Y además le dijo al tiempo:
- ¿Qué haces, so gilipollas?
Elyoni acusó el golpe con un leve movimiento de cabeza. Y lo asumió. Pero respondió a su “jefe”:
- Si esos Patterson se creen que van a salir de la cárcel, están listos. Tenemos que tener cuidado a la espalda, no sea que venga su hermano “El reverendo”. ¡Chico, vigila nuestra espalda! Finolis, ponte a disparar, y tú el de las orejas grandes...
- El de las orejas grandes es mi mula, la que me quieres robar.
- ¿El mustang?
- Es una mula.
- Es un mustang
- Vale. Es un mustang.
Otra rociada de balas les hizo callar y pegarse aun mas al volquete del carro, confiando en que las balas no atravesaran la chapa.
- Estas balas no atravesarán la chapa del volquete ¿No?
- Ni puta idea. Mejor que no.
Cantudo, tras la última rociada de balas tomó el mando. El mando que era suyo, por cierto:
- Hay que arriesgarse a entrar, a ver si podemos apagar el fuego. Yo creo que ya no quedarán balas. Necesito un voluntario.
- Yo mismo. ¡Ea!
Y, perdón, pero si queréis saber quien era el voluntario, tendréis que leer la continuación. En la que hay un inesperado final, y además una catarsis del carajo.
Continuará...
- Sheriff levántese, hombre. No quiero ver a mi jefe tirado por el suelo. ¡Que vergüenza! Dijo Elyoni.
- Ah, pero ¿Yo soy tu jefe? ¿me puedo levantar?
- Claro, hombre. Usted, el chico y yo. El único que ha de quedarse en el suelo es Finolis.
Genoveva y Cantudo se levantaron muy despacio. Y Cantudo agarró la lógica que le brindaban y dijo:
- Si yo soy tu jefe me tienes que obedecer. ¿no?
- Claro, jefe, dijo Elyoni, eso siempre.
- Dame tus revólveres. Tengo que mirar una cosa.
Pero fue pronunciar estas palabras, y, como si hubieran formado parte de un conjuro, un trueno bestial sonó en el cuartelillo. (¡PARRRRRAPOTROOUM!). Solo que una cosa: No fue un trueno. Fue como un chisporroteo eléctrico, justo donde Elyoni había disparado. De hecho un mar de chispas saltó desde el techo, hasta la mesa de Genoveva, que era muy desordenada, perdón desordenado, y que estaba lleno de papeles, y ¡coño que mala suerte! Un frasco de colonia con alto contenido en alcohol. Era uno de esos envases de plástico, de esos que si el frasco está encima de una mesa llena de papeles y salta un mar de chispas y prende lo papeles, pues explota.
- ¡POUM!
Y, joder esto si que fue un auténtico infortunio, el bote saltó en llamas y fue a aterrizar justo ( fue como un triple de último segundo) en un inocente cajón que guardaba las municiones de las armas del cuartelillo, y fue ahí cuando Genoveva y Cantudo asumieron el mando de la situación, y de dos brincos llegaron a la calle al grito de:
- ¡Fuera todos de aquí!¡Esto va a saltar por los aires!
No sé si sabéis el efecto que tiene una buena ración de calor en unas municiones de armamento metidas en un cajón. El efecto inmediato es que aquello se empieza a disparar como si un puñado de forajidos quisieran matar a todos los que estuvieran alrededor. Cantudo, que ya estaba fuera con todos, vio el carro del lechero, y a Sualteza. Y antes de que comenzase la lluvia de proyectiles dio una orden directa.
- Volcad el carro del lechero. Nos protegeremos de los disparos tras él.
Finolis incluso hizo una sugerencia
- Podríamos desenganchar a Sualteza antes, si os parece.
Así fue como tras un rato de desenganches, tropezones, y derrames de leche, consiguieron volcar el carro de Finolis, y lo que se veía era a Cantudo, Genoveva, Finolis y Elyoni, agazapados detrás del carro. Finolis vió que Sualteza corría peligro:
- ¡Nieves! Ven y agáchate aquí detrás , a mi lado.
Y eso fue lo que hizo Sualteza, agazaparse (si, las mulas se pueden agazapar, saben hacerlo, también saben hacer otras cosas) tras el carro. De modo que cuando empezó la lluvia de disparos desde el interior del cuartelillo, y las balas salían a chorros por la puerta de la calle, y por la ventana atravesando los cristales, había cinco elementos apostados tras el carro volcado, que a su vez estaba ante la leche derramada. A saber: Cantudo, Genoveva, Elyoni, Finolis, y Sualteza.
Una de las tonterías que sucedió primero fue que Elyoni respondió al fuego “enemigo”. Cantudo había frotado tanto su paciencia contra la lija de los acontecimientos que ya se le había desgastado del todo. Le dio una colleja a Elyoni en todo lo alto. Y además le dijo al tiempo:
- ¿Qué haces, so gilipollas?
Elyoni acusó el golpe con un leve movimiento de cabeza. Y lo asumió. Pero respondió a su “jefe”:
- Si esos Patterson se creen que van a salir de la cárcel, están listos. Tenemos que tener cuidado a la espalda, no sea que venga su hermano “El reverendo”. ¡Chico, vigila nuestra espalda! Finolis, ponte a disparar, y tú el de las orejas grandes...
- El de las orejas grandes es mi mula, la que me quieres robar.
- ¿El mustang?
- Es una mula.
- Es un mustang
- Vale. Es un mustang.
Otra rociada de balas les hizo callar y pegarse aun mas al volquete del carro, confiando en que las balas no atravesaran la chapa.
- Estas balas no atravesarán la chapa del volquete ¿No?
- Ni puta idea. Mejor que no.
Cantudo, tras la última rociada de balas tomó el mando. El mando que era suyo, por cierto:
- Hay que arriesgarse a entrar, a ver si podemos apagar el fuego. Yo creo que ya no quedarán balas. Necesito un voluntario.
- Yo mismo. ¡Ea!
Y, perdón, pero si queréis saber quien era el voluntario, tendréis que leer la continuación. En la que hay un inesperado final, y además una catarsis del carajo.
Continuará...
Comentario:
Buch, eso pensaba yo hace tiempo sobre el final inesperado. Ahora me di cuenta de que como es inesperado, no tengo ni la menor idea de qué puede pasar.
Besos (me lavé la boca)
Besos (me lavé la boca)
Comentario:
Binche: ¿Delicioso? Deliciosa es una holandesa que conozco yo...
Mari: El final es donde se ve al macho ¿no es cierto? Besos
Mons: Sé que jamás me perdonaras lo de Gert, se que te dolió. Pero es que era una petardilla y no creo que estuvoera a la altura. Era peor persona de lo que parece...rebaños mil.
Mari: El final es donde se ve al macho ¿no es cierto? Besos
Mons: Sé que jamás me perdonaras lo de Gert, se que te dolió. Pero es que era una petardilla y no creo que estuvoera a la altura. Era peor persona de lo que parece...rebaños mil.
Comentario:
Mientras no te cargues a Sualteza como a Gertrud... ;-pp
Comentario:
Espero el final inesperado con muuuuuuchas ganas.
Está muy bueno, Buch.
Besos
Está muy bueno, Buch.
Besos
Comentario:
"Cantudo había frotado tanto su paciencia contra la lija de los acontecimientos que ya se le había desgastado del todo."
Delicicioso, Buch; estoy lista para el remate final!! ;)
Besos
Delicicioso, Buch; estoy lista para el remate final!! ;)
Besos





