(XXVII) ASCENSO AL MONTE NITAKKA (Parte V-Monte Nitakka FIN)
Sato Grün anduvo vagabundeando una semana o así. Y empezó a tener aspecto de toxicómano. No se le daba bien comer a lo libre, y la confianza en sus posibilidades se había resentido un poco. De hecho, y, mucho ojo, siempre hablando, de cómo le suceden estas cosas a los perros, de hecho, como digo empezó a tener apariciones de su madre, en las que ella le reconvenía duramente por su comportamiento errático. Y, en una ocasión llegó a aparecérsele su padre:
- Tu comportamiento es lamentable, hijo mío.
- Pues anda que el tuyo...
- Pues es verdad. Adiós.
Son embargo, ya sabéis como funcionan estas cosas, aunque no quieras, a base de insistencia, las apariciones regañonas acaban por afectar al ánimo.
La ladera del Monte Nitakka no es más que un prado inclinado, la mayor parte del tiempo. Sin embargo, los Domingos por la tarde se convierte en un bullicioso hormiguero de niños y mayores dedicados al inútil arte de volar cometas. Sato Grün se vio en la ladera del Monte Nitakka aquel Domingo por la tarde, y durante un rato persiguió ladrando a las cometas que gobernaban los niños, para hacerse el simpático. Y, de hecho un espabilado jovenzuelo, de apenas los años suficientes para mantenerse en pie, se fijó en él, lo señaló con tres dedos como hacen los niños pequeños y le dijo:
- ¡Guau!
Sato Grün sabía seducir, así que se acercó muy despacio al niño y le dio un par de lametones en la cara. El niño hizo lo que se esperaba de él; se cayó de culo y se rió. Y Sato Grün , se puso a darle más lametones, a pesar de que la cara del chaval sabía a yogur agriado por el paso del tiempo, y un poco a vomitona de potito de arroz blanco y ternera. La cometa surcaba el cielo, ya libre, igual que las alondras.
Tal y como estaba previsto por ese gran seductor que era Sato Grün, pronto se acercó el hermano del chaval, todo rabiosón y envidioso, a recibir su ración de lametones, y Sato se la dio sin ahorrárse babas. Y con exactitud matemática los padres de los pequeños, sonreían y miraban el espectáculo, muy satisfechos de que sus hijos no mostrasen ningún temor ante el animal. ( Sato, vamos).
Era el tipo de escenas que se desea tanto que no terminen, que de repente uno se pregunta:
- ¿Y por qué ha de terminar?
Y entonces comienzan las tonterías.
De hecho fue enseguida cuando el niño de cuatro años, dijo con su lenguaje de cuatro años (Solo que yo lo traduzco a adulto porque no me sale natural).
- Disculpe padre, ¿Podríamos quedarnos con el perrito?
En ese momento Sato Grün se hizo un sit, y puso su hocico contra el ocaso, para que se pareciara mejor la perfección y pureza de sus formas.
- Mira chaval, ni perro ni mis cojones...y a la furgoneta que ya es tarde.
Entonces intervino Yoko, la madre;
- ¿Tienes prisa? ¿Qué pasa que hay béisbol?
- No es eso, es que esta refrescando.
- El niño te está preguntando. Dale una respuesta razonada, por una vez en tu vida.
- Pero Yoko, tu sabes perfectamente que no puede ser...
- A mi no, a Óscar, la respuesta se la tienes que dar a Óscar.
- Niño...
- Óscar.
- Eso, Óscar, no podemos quedarnos al perrito, porque tendrá dueño.
- Perdona, pues no lo parece, porque aquí no hay nadie, salvo nosotros.-intervino Yoko.
- Pero Yoko, ¿Es que tu quieres que nos quedemos al perro?
- No, yo lo que quiero es que razones con el niño.
Óscar estaba a punto del llanto, verdaderamente frustrado, de es manera que te sientes cuando te das cuenta de que sólo un milagro es puede hacer que te salgas con la tuya.
Claro que la seducción tiene un inmenso poder, y entonces, Óscar se supo más fuerte que un cacho de hormigón, y se abrazó al perro, que le correspondió con un cálido lametón.
Yoko, por su parte ya había metido al otro niño en la furgoneta, y se había sentado ya en su puesto de copiloto, poniendo esa cara de “A ver, soluciona este tema, como lo haría yo”. Y entonces ocurrió. La inspiración acudió en auxilio del padre de Óscar, y le brindó una solución de riesgo, aunque brillante.
- A ver Óscar. Hoy has sido bueno. ¿Y que pasa cuando eres bueno?
- Que se me concede un deseo, padre.
- Eso es. ¿Cuál es tu deseo?
- El perro. Quiero quedarme con el perro.
- ¿Lo has pensado bien?
- Sí.
- Te lo digo, Óscar, chaval, porque igual te interesa más que te compre el Rey León.
Ante aquella oferta, Óscar se acercó lentamente a Sato Grün, que seguía en sit y con el cuello estirado al máximo, y le dijo.
- Adiós perro.
Óscar y su feliz padre, se subieron a la furgoneta, y el motor se puso en marcha y en menos del tiempo del que parecía necesario, se marcharon.
Sato Grün, seguía sentado en posición de máxima belleza, sin poderse creer que había sido esta vez él el abandonado. Recibió parte de su castigo, y eso que no se enteró de lo poco que tardó Óscar en olvidarle, ni tampoco del susurro del padre de Óscar cuando conducía camino a casa...
- Puto saco de pulgas...
FIN
- Tu comportamiento es lamentable, hijo mío.
- Pues anda que el tuyo...
- Pues es verdad. Adiós.
Son embargo, ya sabéis como funcionan estas cosas, aunque no quieras, a base de insistencia, las apariciones regañonas acaban por afectar al ánimo.
La ladera del Monte Nitakka no es más que un prado inclinado, la mayor parte del tiempo. Sin embargo, los Domingos por la tarde se convierte en un bullicioso hormiguero de niños y mayores dedicados al inútil arte de volar cometas. Sato Grün se vio en la ladera del Monte Nitakka aquel Domingo por la tarde, y durante un rato persiguió ladrando a las cometas que gobernaban los niños, para hacerse el simpático. Y, de hecho un espabilado jovenzuelo, de apenas los años suficientes para mantenerse en pie, se fijó en él, lo señaló con tres dedos como hacen los niños pequeños y le dijo:
- ¡Guau!
Sato Grün sabía seducir, así que se acercó muy despacio al niño y le dio un par de lametones en la cara. El niño hizo lo que se esperaba de él; se cayó de culo y se rió. Y Sato Grün , se puso a darle más lametones, a pesar de que la cara del chaval sabía a yogur agriado por el paso del tiempo, y un poco a vomitona de potito de arroz blanco y ternera. La cometa surcaba el cielo, ya libre, igual que las alondras.
Tal y como estaba previsto por ese gran seductor que era Sato Grün, pronto se acercó el hermano del chaval, todo rabiosón y envidioso, a recibir su ración de lametones, y Sato se la dio sin ahorrárse babas. Y con exactitud matemática los padres de los pequeños, sonreían y miraban el espectáculo, muy satisfechos de que sus hijos no mostrasen ningún temor ante el animal. ( Sato, vamos).
Era el tipo de escenas que se desea tanto que no terminen, que de repente uno se pregunta:
- ¿Y por qué ha de terminar?
Y entonces comienzan las tonterías.
De hecho fue enseguida cuando el niño de cuatro años, dijo con su lenguaje de cuatro años (Solo que yo lo traduzco a adulto porque no me sale natural).
- Disculpe padre, ¿Podríamos quedarnos con el perrito?
En ese momento Sato Grün se hizo un sit, y puso su hocico contra el ocaso, para que se pareciara mejor la perfección y pureza de sus formas.
- Mira chaval, ni perro ni mis cojones...y a la furgoneta que ya es tarde.
Entonces intervino Yoko, la madre;
- ¿Tienes prisa? ¿Qué pasa que hay béisbol?
- No es eso, es que esta refrescando.
- El niño te está preguntando. Dale una respuesta razonada, por una vez en tu vida.
- Pero Yoko, tu sabes perfectamente que no puede ser...
- A mi no, a Óscar, la respuesta se la tienes que dar a Óscar.
- Niño...
- Óscar.
- Eso, Óscar, no podemos quedarnos al perrito, porque tendrá dueño.
- Perdona, pues no lo parece, porque aquí no hay nadie, salvo nosotros.-intervino Yoko.
- Pero Yoko, ¿Es que tu quieres que nos quedemos al perro?
- No, yo lo que quiero es que razones con el niño.
Óscar estaba a punto del llanto, verdaderamente frustrado, de es manera que te sientes cuando te das cuenta de que sólo un milagro es puede hacer que te salgas con la tuya.
Claro que la seducción tiene un inmenso poder, y entonces, Óscar se supo más fuerte que un cacho de hormigón, y se abrazó al perro, que le correspondió con un cálido lametón.
Yoko, por su parte ya había metido al otro niño en la furgoneta, y se había sentado ya en su puesto de copiloto, poniendo esa cara de “A ver, soluciona este tema, como lo haría yo”. Y entonces ocurrió. La inspiración acudió en auxilio del padre de Óscar, y le brindó una solución de riesgo, aunque brillante.
- A ver Óscar. Hoy has sido bueno. ¿Y que pasa cuando eres bueno?
- Que se me concede un deseo, padre.
- Eso es. ¿Cuál es tu deseo?
- El perro. Quiero quedarme con el perro.
- ¿Lo has pensado bien?
- Sí.
- Te lo digo, Óscar, chaval, porque igual te interesa más que te compre el Rey León.
Ante aquella oferta, Óscar se acercó lentamente a Sato Grün, que seguía en sit y con el cuello estirado al máximo, y le dijo.
- Adiós perro.
Óscar y su feliz padre, se subieron a la furgoneta, y el motor se puso en marcha y en menos del tiempo del que parecía necesario, se marcharon.
Sato Grün, seguía sentado en posición de máxima belleza, sin poderse creer que había sido esta vez él el abandonado. Recibió parte de su castigo, y eso que no se enteró de lo poco que tardó Óscar en olvidarle, ni tampoco del susurro del padre de Óscar cuando conducía camino a casa...
- Puto saco de pulgas...
FIN
Comentario:
Eh!, tío, que a mí no me da un pijo de pena, por mucho que insistas.
Así que, por favor, deja de insistir.
Así que, por favor, deja de insistir.
Comentario:
Mari: NO acercarme era para no envenenar tus mocos con mis miasmas. No al contrario.Faltaría más.
MOns: Yo también echo de menos a Lostie. ¿habrá encontrado un buen hombre, tipo, eh, Michel Landon, que la hace sueprfeliz y por eso no se acuerda de nosotros?
MOns: Yo también echo de menos a Lostie. ¿habrá encontrado un buen hombre, tipo, eh, Michel Landon, que la hace sueprfeliz y por eso no se acuerda de nosotros?
Comentario:
ainsss gracias por tu apoyo, yo tambien te apoyo, aunque me siento como coja sin el apoyo y el refaño de lostie. Un besazo!
Comentario:
En esencia lo que es es ser perro, creo yo.
Si yo fuera el perro, ¿me sentiría hijaputa por sacudirme las pulgas de encima? ¿Me pararía a pensar o saldría corriendo de un lugar donde no estoy bien?
Cuántas preguntas...
Y siguen los mocos... (hacés bien en no acercarte así no te apestás)
Si yo fuera el perro, ¿me sentiría hijaputa por sacudirme las pulgas de encima? ¿Me pararía a pensar o saldría corriendo de un lugar donde no estoy bien?
Cuántas preguntas...
Y siguen los mocos... (hacés bien en no acercarte así no te apestás)
Comentario:
MOOOONNNNNS!!!!: MOns, Mons. Cuanta crueldad estar de vacaciones tu, y los demás no. NO se como puedes, francamente. Pero no te refañaré más durante cinco minutos, ahora te apoyo.
MARI: Pero es, en esencia, hijoputa. Aunque su patria sea la libertad. Besos cuando te cures....
MARI: Pero es, en esencia, hijoputa. Aunque su patria sea la libertad. Besos cuando te cures....
Comentario:
No sé si el perro era un poco hijoputa. Es que es así, un perro que quiere andar sin dueño. Y me da pena, sí, pero le respeto que quiera pasarlo así (mal? no sé, él lo debe pasar bien, por eso hace lo suyo...)
Ay, toy con mocos así que estoy enredada... =D
Ay, toy con mocos así que estoy enredada... =D
Comentario:
Hola! sigo de vacaciones y aún me quedan dos semanas jejeje, pero no he podido resistirme a pasarme por aqui y decirte que, como siempre genial amigo.
Recibidos tus refaños en la pagina de la princesa, por las posibles cosas malas que haga en el futuro... Me estoy aplicando porque no quiero defraudar y hago alguna que otra maldad, pero de poca monta no creas ;-pp
Besos enormes wapo!
Recibidos tus refaños en la pagina de la princesa, por las posibles cosas malas que haga en el futuro... Me estoy aplicando porque no quiero defraudar y hago alguna que otra maldad, pero de poca monta no creas ;-pp
Besos enormes wapo!
Comentario:
Wolffo: Si. Es el puto final. Es más, es un final tan dejado que ni siquiera nos importa lo que sea de un perro tan hijoputa. Sólo en última instancia nos da un poco de pena. ¿no?
Mari: Está claro que te lo has leído. La calve está en no dramatizar, como bien dices. Me encanta pensar que estas historias dan juego. Si el perro era hijoouta, como dice Wolffo, pero tiene que darnos un poco de pena. ¿no?
Mari: Está claro que te lo has leído. La calve está en no dramatizar, como bien dices. Me encanta pensar que estas historias dan juego. Si el perro era hijoouta, como dice Wolffo, pero tiene que darnos un poco de pena. ¿no?
Comentario:
casualidades no, mierda, novedades.
... los cuales no son dos novedades.
Esa es la frase.
... los cuales no son dos novedades.
Esa es la frase.
Comentario:
Se me ocurren unas reflexiones que cagarían el escrito. "Lo que das te vuelve" y cosas así. Y digo que lo cagarían porque una cosa bellísima de estos escritos tuyos es que no dramatizan ningún hecho. ¿Se entiende?
El perro abandonó a dos dueños. Ahora lo dejan tirado a él. Y listo. Y no sé si hay más final o el final es ese.
Buch, que parece que esto lo hubiera escrito don dios, que siente cariño por el perro pero tampoco va a temblarle el pulso cuando tenga que poner las cosas en su lugar (y sí, me sale la veta mística, qué le voy a hacer...)
Che, está buenaza la historia esta. (gesto de que está buenaza la historia asintiendo con la cabeza bla bla bla)
El perro abandonó a dos dueños. Ahora lo dejan tirado a él. Y listo. Y no sé si hay más final o el final es ese.
Buch, que parece que esto lo hubiera escrito don dios, que siente cariño por el perro pero tampoco va a temblarle el pulso cuando tenga que poner las cosas en su lugar (y sí, me sale la veta mística, qué le voy a hacer...)
Che, está buenaza la historia esta. (gesto de que está buenaza la historia asintiendo con la cabeza bla bla bla)
Comentario:
Interesante final, Buch, pero, ¿es realmente el final?
Quiero decir, Sato, el perro hijoputa, ¿se quedó ya de jomles para toda su vida?
ojalá fuera así, porque me cae gordo de cojones.
me ha gustado este relato con moraleja, Buch, lo cual no es una novedad. Ni lo de la moraleja ni que me guste lo que escribes, así que tal vez debería decir los cuales no son dos casualidades.
Dicho queda, pues.
Quiero decir, Sato, el perro hijoputa, ¿se quedó ya de jomles para toda su vida?
ojalá fuera así, porque me cae gordo de cojones.
me ha gustado este relato con moraleja, Buch, lo cual no es una novedad. Ni lo de la moraleja ni que me guste lo que escribes, así que tal vez debería decir los cuales no son dos casualidades.
Dicho queda, pues.





