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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
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No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
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(XXVII) ASCENSO AL MONTE NITAKKA (Parte IV-Akee saito nikkata ¿saito?)
Durante un tiempo Akee y Sato Grün caminaron juntos. Comían basura, pero no cosas asquerosas, sino manjares abandonados. Y dormían por aquí y por allá. Cambiando de lugar de residencia, y con la vida organizada por estaciones.

- ¿En serio te llamas De Acuerdo? Es un nombre estúpido e indigno, es mejor llamarte perro, por las buenas.

Si venía el Monzón, iban a la parte sur de la ciudad, que tenía un montón de recovecos cubiertos, donde ponerse a pasar la noche, si quien se aparecía era la primavera, entonces en el este tenían unos jardines medio silvestres que les ofrecían fresco y fragancias, aunque las ruedecitas del carrito rodaban como el culo por la hierba fresca. No tenían nada previsto para los Alisios, pero hacían bien, los Alisios eran propios del Sáhara, que estaba a tomar por culo de Japón.

No se esperaba a los Alisios.

Aquella húmeda primavera, avanzaban los dos por un jardincillo silvestre del este de la ciudad. Sato Grün caminaba cómodamente, y Akee, arrastraba el carro lanzando constantes maldiciones y cagamentos. Akee se paró jadeante, y Sato Grün, para no parecer el clásico rebelde inadaptado, se paró también y se hizo un ¡sit!.

Akee sacó unas galletas María de lo más simples y se las untó de foie grass. Daba a Sato Grün una de cada dos. Y los dos, como camaradas estuvieron merendando, en silencio. Por supuesto, como era de suponer, no se trataba de silencio absoluto. Tanto el masticar de Sato Grün, como el rechupetear de la veterana mendiga eran incompatibles con lo que en los barrios residenciales de Oslo conocen como silencio, pero, desde luego, hubiera sido considerado como tal en un concierto del grupo japonés de Manga Metal de moda: Iskkrit.

Sato Grün se tumbó. Akee roncaba. El Sol, les hubiera acariciado un poco, pero en Japón es el Sol Naciente, que es un poco escrupuloso, y ni siquiera les tocó. Pero los desheredados es lo que tienen, que no le echan cuentas. También quiero que se sepa que Sato Grün se estaba durmiendo dejando caer poco a poco los párpados, y cuando estos llegaban al punto de cierre, dejaba caer también la cabeza sobre sus patas delanteras, y del golpe se despertaba y vuelta a empezar.

O sea que no se dormía.

Y se levantó. Y al compás de los espeluznantes ronquidos de Akee, se dio cuenta de que el jardín era precioso, y que había una hondonada a lo lejos, que terminaba en un lago azulito. Y, bueno, también se dio cuenta de que había un montón de flores amarillas, naranjas y verdes. Aquello era un paraíso. Seguro que había hasta gatos para perseguir.

- ¡Guof! (Adiós vieja cutre del demonio, a ti y a tu mierda de foie grass)

Y salió corriendo hacia la hondonada. Empequeñeciendo su figura mientras se alejaba, y, a la vez, engordando su historial de traiciones e infidelidades.

Aquella misma noche se ocultó de Akee, la vieja borracha, que le anduvo buscando, mientras le llamaba a voces. También a la noche siguiente Akee le anduvo buscando a gritos, arrastrando su incómodo carrito con una sola mano, mientras en la otra exhibía un hermoso solomillo de carne de buey de Kobe, que le habría costado poco menos que la vida. Ahí no se pudo resistir Sato Grün, y salió al encuentro de la anciana. La anciana se agachó, dejó el filete en el suelo y abrió los brazos.

- ¡Perro! ¿Dónde te habías metido?

Sato Grün esquivó los brazos abiertos de Akee, cogió el filete delicadamente, y sin parar un momento en su carrera, siguió a ritmo alocado hasta un seto próximo donde desapareció.


Sato Grün aun aguantó un par de noches más por si Akee se estiraba y aun le traía un entrecotte, o asado o algo. Pero, por lo visto la vieja era rencorosa o tenía problemas de afecto o estaba loca o era tacaña. Así que una semana después de deambular por el jardín sin ton ni son, El perro se hartó y salió corriendo en dirección norte o algo así.

Buscando, una vez más la libertad. Pero ya os contaré, vais a flipar..
 
Comentario:
Mari: Mola que flipes. No te creas, yo tambíén.
Wolffo: Si, el perro es hijoputa. te lo confirmo. Y no es algo circunstancial. Es su naturaleza. Con Vila habré cruzado yo tres palabras en toda mi vida
 
Comentario:
Ya te digo, colega, un hijoputa el chucho, un hijotputa de primera.
Me recuerda, es otro momento, otra vivencia, a Tito Vila, del que nunca pude fiarme del todo.
Siempre me pareció un tipo excesivamente interesado, como Sato.
Me está tocando los pies este perraco. Que lo sepas.
 
Comentario:
Yo flipo hace rato.
Por eso vuelvo a leerte.
=)
No