logotipo

img_google
GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
Acerca de
No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
Sindicación
 
(V) EL CANARIO ARDIENTE
La señora Moore es el primer personaje de esta historia. Tenía una habitación para alquilar a un estudiante, y en el momento de los hechos la ocupaba uno de ingeniería apodado el Zurdo, despistadísimo, y una nulidad en la cocina, por lo que jamás se acercaba a ella, y comía y cenaba de menú en un pequeño restaurante cercano al piso, regentado por una encantadora pareja que no pintaba nada en esta historia.

El tercer personaje en aparecer es el verdadero protagonista de este documental. Aítor, un canario de plumaje amarillo sólido, y con un canto agudo y frecuente, que constituía la felicidad de la señora Moore. El cien por cien de su felicidad. El Zurdo no representaba nada en la vida de la señora Moore, ni la señora Moore en la del Zurdo, es decir ni se querían, ni se tenían un ligero cariño, ni asco, ni nada.

Pero aún no está todo, existía un tercer elemento que lo complicó todo. La cocina. No la habitación “cocina” sino el electrodoméstico. Tenía un grave problema. Al encender el horno, la encimera metálica se ponía al rojo vivo. Pero este problema estaba dormido, porque ya se ha dicho que el Zurdo no utilizaba la cocina para nada, y la señora Moore sólo utilizaba la encimera y allí hacía sus guisos de patatas y sus sopas de inviernos y calentaba la leche donde echaba pan (por dios que asco) para su ruidoso desayuno. Pero el horno jamás.

Aítor vivía en una preciosa jaula de plástico rígido verde y amarillo, colgado por la parte de dentro del coqueto ventanal del salón, donde le daba el débil sol del Norte, y podía cantar a gusto. Y ya lo creo que cantaba. Cantaba, cantaba y cantaba.

Un día, (y este es el principio de un montón de desgraciadas coincidencias), la señora Moore le comunicó a el Zurdo que se pensaba ausentar todo el día, porque le habían comentado que en una población cercana se inauguraba un mercadillo la mar de interesante, y que pensaba quedarse a comer por allí, con una especie de amiga de la infancia. La enigmática repuesta del zurdo fue:

- Ah, vale.

Tras la marcha de la señora Moore, el Zurdo se sentó en el salón a leer un periódico viejo, y una novela de naufragios. Sin embargo era la hora de que Aítor ensayase, y lo comenzó a hacer. Cinco minutos después la jaula de aítor, colgaba del gancho de la manija de la puerta de la nevera , en la cocina. La jaula no estaba vertical del todo, porque chocaba con la puerta de la nevera. Seguramente Aítor se cagó en la madre de el Zurdo, pero como el Zurdo había cerrado la puerta de la cocina para poder leer a gusto en el salón, comprendió que la queja era inútil, y persistió en su canto puramente artístico.

No todo es lectura en la vida del ser humano, y tampoco lo era en la del zurdo. Las penurias del náufrago le habían abierto el apetito, así que recordó que había guardado una pizza cuatro quesos en la nevera, y decidió zampársela, era un día de pereza y no le apetecía ir al restaurante de menú de la pareja intrascendente. Fue a la cocina, apartó la jaula del canario y la dejó sobre la encimera, abrió la nevera, cogió la pizza leyó las instrucciones, abrió el horno , metió la pizza, lo encendió, cerró el horno, y se fue a seguir leyendo. Entre 15 y 20 minutos de cocción daban para un capítulo y medio. Fueron los últimos minutos de paz de aquella mañana.

Cuando el zurdo presintió que la pizza estaba lista, se levantó, entró en la cocina y vio algo que no olvidaría jamás:

La encimera estaba al rojo, como era su costumbre cuando se encendía el horno. Sobre ella una mancha viscosa de plástico fundido, del color que resulta al mezclar el verde y el amarillo. Emergiendo de la mancha, la parte de arriba de la jaula, unos treinta centímetros, que aun no se habían fundido, y dentro de esta minúscula guarida, el pobre Aítor, revoloteando, pegado a la parte superior, y a punto de abrasarse la pancita amarilla con la encimera asesina.

Todo resultaba espectacular, pero el revoloteo frenético de Aítor, más propio de un colibrí que de un canario, se grabó en la mente del zurdo para siempre.

El zurdo apartó lo que quedaba de la jaula de un manotazo, se quemó con los hilos de plástico, se le quemó la pizza, se acojonó. Pero no era estúpido, consiguió serenarse, limpió algunas plumas chamuscadas de las tripas del canario, acomodó al pájaro en una caja de zapatos, con agujeritos, eso sí. Bajó a la calle, compró una jaula del mismo modelo que la ya extinguida, aunque naranja y verde, en vez de amarilla y verde, limpió la cocina, ensució un poco la jaula por dentro y metió al canario dentro.

Para cuando la señora Moore regresó de su cita, todo estaba igual que al principio. Tan sólo la jaula era un poco diferente, y Aítor no volvió a cantar jamás. Pero la señora Moore nunca sospechó lo que había ocurrido. El zurdo, que tenía conciencia, lo compensó ofreciendo un ligerísimo cariño a la señora Moore en el futuro. (De todas formas no había matado al canario, solo lo había enmudecido, ¿no te jode?)
 
Comentario:
Buch, eres gilipollas, la PdelG tiene toda la razón.
PdelG: ¿Que puedo decir? Yo tampoco lo entiendo, era para el implacable Wolffo.
Wolffo: Que venga CSI y te ponga en tu sitio....
 
Comentario:
jjajajajajajaja
Buch, colega, tas que lo tiras.
 
Comentario:
A ver, yo he estado sonrojantemente torpe en lo de los diez tíos acorralados, glups, pero ahora hay algo que no entiendo: ¿por qué Buch contesta a Buch? :P
 
Comentario:
PdelGuisante: Si, a lo que me refiero es que ¿Como van a estar acorralados 10 tíos a la vez? Lo del acoso se refiere por definición a un tio aislado, todo encogido y tal. Pero no a 10.
Buch: Ya, tío, es lo que hice, incluso te dejé un comentario algo inteligente. Pero no se grabó. Me encantó Ruk, y aprovecho para recomendarlo, coño.
 
Comentario:
Buch: a mí las estadísticas me rompen. Suelo decir que porque soy de letras, pero es por no reconocer que soy bruta. Lo del acoso o la violencia escolar sí me parece exagerado, pero es que yo pertenezco a otra generación, donde me parece a mí que eso no estaba nada extendido, y además lo de que hubiese algún cabrón en clase era más de cole de chicos. Ahora, si fuese cierto, un 25% es tal exageración que no sé si yo dejaría a un hijo mío ir a esos antros.

Wolffo, decía Antena 3 porque siempre incluyen teatrillos en sus informativos. Por ejemplo este verano, cada principio y fin de quincena salía un paisano (o paisana) escenificando lo de hacer las maletas para irse a la playa o para volver a su casa. Es verdad que hay tendencia a mostrarse entrañables con los malos, pero es que en esta historia no hay malos ¿no?
 
Comentario:
Buch,
vives en babia.
El Johnny Ruk ya fue publicado aprovechando tu ausencia.

Si visitaras los sitios interesantes... por ejemplo, debajo de este comentario, junto a mi nombre y la fecha y hora, verás que pone, entre paréntesis, (Web), pues pincha ahí y te verás trasladado a un mundo de stupidez total.

Joer...
 
Comentario:
PrincesadelGuisante: A mi también me machaca lo de las estadísticas. Sobre todo una que comentaron el otro día. Resulta que dicen que uno de cada cuatro niños sufre violencia escolar. ¿Uno de cada cuatro? Eso es que una clase de cuarenta hay diez que lo sufen....¿No te parece exagerado?

Wolffo: Con repecto al epílogo de la historia, parece ser (parece) que aquello fué solo cariño obligatorio por culpa de la mala conciencia del amigo....¿Para cuando el Johnny Ruk? Lo estoy esperando.
 
Comentario:
Estoy con Guisantilla en la primera parte de su aserto: deberían utilizarse relatos como este (este, de hecho, no otros) para aleccionar; ahora bien, creo que la dramatización por parte de Antena tres resultaría calamitosa, pues tienen esa tendencia tan española a mostrarse entrañables con os malos...

A mí me parece que el protoingeniero hizo mucho más de lo que corresponde a un ciudadano recto; se estiró, podríamos decir. Me gustaría saber si el ardor presidió, en cierto modo, las relaciones del ingeniero en ciernes y la señora Moore, a la que, no sé por qué, me la imagino un poco putilla. Dicho sea con reverencial respeto a las señoras, a las Moores y las meretrices.

Me se olvidaba: felicidades, Buch, este relato es cojonudo.
 
Comentario:
Este aleccionador relato tendrían que ponerlo como ejemplo para concienciar a la gente de los accidentes domésticos, y no las frías estadísticas que se empeñan en recitar cuando intentan aleccionar a la masa. Es que a veces las circunstancias se encadenan fatalmente y termina el pobre pajarito asado. Creo que el equipo de "A fondo" de los telediarios de antena 3 podría dramatizarlo y emitirlo, estaría bien.
No