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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
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No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
Sindicación
 
(XIX) ALIMAÑAS, ALIMAÑAS, ALIMAÑAS (Final)
Mi cabeza había funcionado a pleno rendimiento, quemando adenosín trifosfato, y había llegado a una decisión inapelable: Mapache a Bosque del Noroeste, y después, yo a Madrid. En mi cabeza empezó a sonar una mezcla de “Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací...”, “Llevo Nardos caballero...” y el estribillo de “¿Dónde vas con mantón de Manila?, y , no sé por qué, fuera de argumento también sonaron un par de acordes de “¿Cuándo va a acabar esta maldita guerra?”. Seguramente el hecho de vislumbrar el final del problema me había causado un ataque de euforia musical, un poco heterodoxo, eso sí.

Pero paré enseguida ese abandono alegre que trae la euforia, porque, claro, el trabajo aun no se había acabado, no bastaba con pensar, como haría un estratega nato, también había que actuar, como haría un ..¿pringao?

Sin querer dulcificar mi condición dándome más pena, me fui directo a los servicios, donde abrí la jaula, y me metí al Mapache en el abrigo, con peligro de que me mordiera el cuello y produjera una hemorragia masiva o un moratoncillo. Después abandondé la jaula dentro de una de las cabinas, ejem, de cagar, y me di cuenta de que dentro de la jaula había una carpeta azul que no tenía relación con esta historia yo creo. De todas formas, ahí se quedó todo. Porque como decía el general Della Rovere: “Abandónalo ahí todo”.

Ya con el plan bien pergeñado, y en plena ejecución, me dirigí con el mapache bajo el abrigo hacia la zona Bosque Noroeste, donde pretendía soltarlo, o sea que en realidad, más que un abandono, se trataba de facilitarle a la bestezuela su encuentro con la libertad. ¿qué sabía el si aquello era la Zona Bosque Noroeste del Biodôme, o era el Bosque Noroeste al natural?

Del mismo modo que la foto que quieres ver es la última del montón, o que el cuaderno de geografía es el que está al fondo del pupitre, la zona Bosque Noroeste era la más lejana a mi situación. ¡Que incómoda situación cuando el mapache me estaba arañando mi jersey, agitando sus patas de forma frenética, y tratando de asomar su cabeza entre las solapas de mi abrigo.

- ¡Quieto, amigo!

La Zona Ártica era básicamente un grupo de pingüinos en formación sobre un cacho de hielo, que se iban lanzando al agua uno tras otro, y que después salían por el lado contrario, volviendo a su lugar en la cola para lanzarse otra vez.

Como una rueda de calentamiento de baloncesto, vamos.

Costa Noroeste. Muy curiosa. Una especie de laguna poco profunda, con algas, rocas, algún cangrejo, y unos peces gordos y con muchos dientes, a los que casi no les cubría el agua.

Jungla tropical. Todavía más original. Enormes guacamayos, loros, cacatúas, sobre los árboles. Pero abajo había algo. Como un río que murmuraba solo que si no te asomabas no lo podías ver. Y un nuevo gol para la curiosidad , que ganaba quince a cero.

Mi vida empeoró algo como consecuencia de aquella inclinación, puesto que al asomarme para ver a los gordos capibaras bañándose en el río, el mapache se liberó de su prisión y pudo asomarse y ver también a los capibaras, tan amarillos y tan orondos. Tanto le gustaron, que me mordió la mano con la que trataba de volver a meter su cabeza dentro de mi abrigo. La funesta consecuencia fue inmediata: El brazo me dio un espasmo. Y el mapache salió volando agarrado por su boca a mi brazo. Se soltó cuando la inercia fue suficiente para hacerlo volar sobre la barandilla de protección y caer tras unas piruetas Louganis, en el río de la Jungla Tropical.

Silencio dramático y expectativas. Los capibaras ni se dieron por aludidos. Probablemente jamás habían visto un mapache, y menos un mapache bañista. Yo miré alrededor y nada había cambiado notablemente. Nadie parecía haberme visto, a no ser que en Canadá estuviesen aburridos de ver campeones de Castilla arrojando mapaches sin querer a la Zona Jungla Tropical del Biôdome de Montreal.. (¡Otro turista español tirando mapaches a los capibaras!)

La parálisis causada por el salto del mapache a la Zona Jungla Tropical, hizo que fuese testigo de lo que ocurrió a continuación; yo esperaba que el mapache estuviese muerto, o que lo matasen a pisotones los gordinflones capibaras, pero que vá. El mapache salió del río corriendo por el fondo, porque yo ya no lo vi hasta que apareció en una de las orillas, se encaramó a un árbol, y capturó por el cuello a un enorme pajarraco (loro, guacamayo o cacatúa) de colores azul y amarillo. El cuello del ave sonó rotundamente al ceder bajo la presión de la mandíbula de mi bestia. Y era imposible no ver al mapache gris y pequeño, llevando en su boca un inmenso pájaro todo coloreado en plan chillón y hortera. Después, quizá sin darse cuenta de que me ponía en evidencia, se puso a devorarlo allí, delante del que lo quisiera mirar. Azul, amarillo, y rojo sangre. Imposible no distinguirlo.

- ¡Mamá, un bicho se está comiendo un guacamayo!
- Ja, ja, já..qué niño este..señora, si es un pollo....
- ¿Un pollo azul y amarillo?
- ¡Huy, y rosas los he visto yo en España!


Salir corriendo.


No vi clara mi posible aportación al asunto, así que me fui, antes de que aquello se convirtiera en un grave problema.

No leí periódicos en los seis meses posteriores al suceso. Y, después, tampoco.

No he vuelto al Canadá.

No he vuelto a jugar al...¿Cómo se llamaba?

No he vuelto a ser el mismo.

No he vuelto.

No.
No