(XIV) YO HE PASTOREADO VACAS Y SÉ DE LO QUE HABLO, EN CIERTO MODO (FIN)
Dejé de llorar cuando alcancé el fondo del pozo anímico. Pero, aunque tras el llanto reparador me sentí mejor, no se me escapaba que los problemas seguían en el mismo estado que antes de llorar. Vaca Dos seguía tranquilamente tumbada, y seguía lloviendo. Y además yo tenía un pie mojado.
Me puse a horcajadas sobre ella, con la esperanza lejana de que recordase a sus ancestros salvajes, se encabritase e intentara arrojarme de su grupa, así al menos tendría que levantarse. En realidad lo que hizo fue morder un poco de hierba. La espoleé, aunque sin espuelas. Y no hubo manera. No respondía a los estímulos caballares.
- ¿Qué te pasa, muchacho?
Quien así me habló no era precisamente un hada madrina, era un noble campesino con su bigote y su colilla reglamentaria apagada de papel amarillento. Llevaba un largo impermeable a modo de poncho, pero la cara la tenía mojada. Yo ansiaba tanto una buena ayuda, que no hice preguntas.
- La vaca se ha escapado.
- ¿La vaca se ha escapado?
- Es del señor José
- ¿Es del señor José?
- Si. La tengo que llevar arriba (En ese momento desmonté)
- ¿Arriba?
- Si, arriba, allí está Paquito, esperándola.
- ¿Está esperándola Paquito?
- ¿Cómo puedo levantarla?
- ¿Levantarla?.....
En ese momento el noble campesino (aunque algo sordo), miró al cielo y me contestó desde la honda sabiduría de su oficio.
-.....y yo que sé. No tengo ni idea.
- Pero usted ¿no es ganadero?
- Yo soy mecánico, chaval. Pero dale una patada...
Y se dio media vuelta y se fue. Vi su figura alejarse, no ya entre la niebla, que no había, sino carretera abajo, y confundiéndose, quizá, con el paisaje mojado.
Y no me dio tiempo a pensar nada más, antes de que el paisano, volviese corriendo...
- ¿Te da igual una vaca que otra?
- ¿Eh?
- Es que por allí suben siete vacas. Vienen caminando, así que ya están todas de pie. Pasa de esa.
Miré por encima de su hombro, y me di cuenta, de que eran Tres, Cuatro, Cinco, Seis, Siete, Ocho y Nueve. Como no era yo muy expresivo no salté de gozo, pero a cambio salí corriendo, creo que a abrazarlas. Pero cuando llegué a la carretera, donde todas seguían a Tres, que llevaba el cencerro, no sé, me dio corte empezar a repartir abrazos. Y sólo las saludé:
- ¿Qué pasa, chicas? ¿Dónde os habíais metido?
- Bueno, que yo me voy-dijo el mecánico.
- Menudo susto me habíais dado, majas.
- ..en fin que yo me voy a ir yendo, si no me necesitas..-insistió el mecánico
- Vámonos hacia arriba, chicas, nos están esperando.
- ...tengo la partida además....
El milagro se iba completando, Dos se puso en pie y se unió rápidamente a nosotros. Éramos un alegre rebaño, caminando al son de la música del mecánico, al que dejamos atrás diciendo:
- De modo, que señores, voy a ir bajando, je, je....
En la subida, el grave cencerro marcaba paradójicamente nuestro alegre caminar al encuentro de mi íntimo Paquito, que sí, que tenía sus cosas, pero era noble. Pero yo tenía la sensación de que todo iba a ir yendo bien, y la única cosa que me inquietaba era el paradero de Uno, a la que verdaderamente yo había abandonado, aunque eso sí, en la dirección correcta. Casi no me lo creía cuando divisé su trasero en la lejanía. Que el pelotón la atrapase era cuestión de tiempo.
Reconozco que ella se esforzaba en la escapada, pero la verdad, es que Tres, cencerro en ristre tiraba del grupo, como si le fuese la vida en ello. Uno no tenía ninguna posibilidad, y tras una estéril agonía, Uno cayó en las redes del grupo. Y, a la vez, para, rematar el día de los milagros, salió el Sol.
Todos juntos caminando bajo el Sol. Y yo casi cantaba. Misión cumplida. En la euforia me vino a la mente (no se por qué) la famosa frase:
-¡Fuuuuriaaaa! Es la voz de Joe, el único que sabe montarlo.
Paquito estaba sentado, apoyado, masticando un tallo. No se volvió con el sonido del cencerro, ni cuando yo empecé a gritar
- ¡Paquito, Paquito! ¡Vengo con todas!
Y esperé que se levantara para darme un abrazo. No lo hizo. Lo que hizo fue quedarse sentado y mirarme durante un rato...y decirme:
- No veas si has tardado.¿no?
- ¿Qué? Encima....
- Son vacas, tío, no gacelas, He estado aquí media tarde aburrido, joder.
- Oye, que no es tan fácil.
- Paquito, vete a la mierda.
- Oye no te mosquees, a ver si no se van a poder decir las cosas.
- Bueno, me tengo que ir.
- Espera, que ya nos vamos juntos.¡kuok, kuok!
Empezamos a caminar, y nos seguían las vacas, y Paquito seguía dándome la paliza:
- Se llama crítica constructiva, y es para que mejores. Si no sabes hacer bien algo pues hay que decírtelo. Y así mejoras, tontito.
Yo estaba rabioso, y el hecho de no haberle podido decir lo que se merecía, no sé bien por qué, si por pena , si por amistad, si porque yo era tonto perdido,..la acidez me quemaba por dentro y sólo quería vomitarla. Si seguía acumulando rabia, lo iba a tener que matar, quizá clavándole su propia muleta en el esternón.
Perro Paquito.
Paquito llevaba un jersey
- ¿Sabes cuánto me costo?
- No, ni idea.
- Adivina
- Ni idea
- Pero di un número
- Que no, que da igual.
- No tengo ni idea
- ¡Que lo digas!
- Es que no entiendo de eso
- ¡Pero dilo!
- Seiscientas mil pesetas
- ¡Hala seiscientas mil pesetas! ¿Cómo va a costar eso un jersey?
- Ya te digo que ni idea
- Cuatro mil pesetas, me costo.
- Ah. Que bárbaro.
La amistad, ese bonito sentimiento, había caducado entre nosotros.
Pero, posiblemente a Paquito le daba algo de pena, porque me agarró por el pescuezo y me quiso girar la cabeza, hacia un prado cercano.
- ¡Mira, fresas silvestres!
Yo no ví nada.
- Ah sí.
- Vamos. Que nos las hemos ganado.
- Si es que yo tengo prisa...
Nos acercamos allí, sin miedo de que se escapasen las vacas, porque el tiempo se había estabilizado, y nos sentamos a comer fresas. Y echamos un buen rato comiendo sin hablar. Hasta que escuchamos una voz a nuestra espalda.
- Qué..¿Están buenas las fresas?
Le miramos, y vimos que era el clásico paisano de campo, sin nada que hacer, que buscaba charla desesperadamente.
- Sí señor, si. –Contestó Paquito.
Yo me callé. Y seguí zampando.
- ¿Y que va a decir el dueño?
- ¿Qué dueño, si son silvestres?
- ¿Silvestres? ¡¡Hijos de puta!! ¡¡Son mías!!
Y el paisano, una vez dijo esto, se arrancó blandiendo un bastón de nudos que no habíamos visto ni nada. Quería arremeter contra nosotros. Y lo hizo.
Mientras yo huía, vi como el sujeto atizaba un estacazo en el lomo de Paquito. Y luego otro. Y Paquito no podía ni levantarse y seguía recibiendo y el otro le decía:
- ¡Cabrón te voy a partir por la mitad!- Y luego mirándome a mí continuó:
- ¡Y tu, espérate, que ahora voy contigo!
Que fué la consigna que yo necesitaba, para salir corriendo carretera abajo. Me acordé de lanzar un besito a las vacas al pasar por su lado, y abandoné a Paquito para siempre, bajo el rítmico golpear del paisano.
Nunca volví a ver a ninguno de los dos.
Me puse a horcajadas sobre ella, con la esperanza lejana de que recordase a sus ancestros salvajes, se encabritase e intentara arrojarme de su grupa, así al menos tendría que levantarse. En realidad lo que hizo fue morder un poco de hierba. La espoleé, aunque sin espuelas. Y no hubo manera. No respondía a los estímulos caballares.
- ¿Qué te pasa, muchacho?
Quien así me habló no era precisamente un hada madrina, era un noble campesino con su bigote y su colilla reglamentaria apagada de papel amarillento. Llevaba un largo impermeable a modo de poncho, pero la cara la tenía mojada. Yo ansiaba tanto una buena ayuda, que no hice preguntas.
- La vaca se ha escapado.
- ¿La vaca se ha escapado?
- Es del señor José
- ¿Es del señor José?
- Si. La tengo que llevar arriba (En ese momento desmonté)
- ¿Arriba?
- Si, arriba, allí está Paquito, esperándola.
- ¿Está esperándola Paquito?
- ¿Cómo puedo levantarla?
- ¿Levantarla?.....
En ese momento el noble campesino (aunque algo sordo), miró al cielo y me contestó desde la honda sabiduría de su oficio.
-.....y yo que sé. No tengo ni idea.
- Pero usted ¿no es ganadero?
- Yo soy mecánico, chaval. Pero dale una patada...
Y se dio media vuelta y se fue. Vi su figura alejarse, no ya entre la niebla, que no había, sino carretera abajo, y confundiéndose, quizá, con el paisaje mojado.
Y no me dio tiempo a pensar nada más, antes de que el paisano, volviese corriendo...
- ¿Te da igual una vaca que otra?
- ¿Eh?
- Es que por allí suben siete vacas. Vienen caminando, así que ya están todas de pie. Pasa de esa.
Miré por encima de su hombro, y me di cuenta, de que eran Tres, Cuatro, Cinco, Seis, Siete, Ocho y Nueve. Como no era yo muy expresivo no salté de gozo, pero a cambio salí corriendo, creo que a abrazarlas. Pero cuando llegué a la carretera, donde todas seguían a Tres, que llevaba el cencerro, no sé, me dio corte empezar a repartir abrazos. Y sólo las saludé:
- ¿Qué pasa, chicas? ¿Dónde os habíais metido?
- Bueno, que yo me voy-dijo el mecánico.
- Menudo susto me habíais dado, majas.
- ..en fin que yo me voy a ir yendo, si no me necesitas..-insistió el mecánico
- Vámonos hacia arriba, chicas, nos están esperando.
- ...tengo la partida además....
El milagro se iba completando, Dos se puso en pie y se unió rápidamente a nosotros. Éramos un alegre rebaño, caminando al son de la música del mecánico, al que dejamos atrás diciendo:
- De modo, que señores, voy a ir bajando, je, je....
En la subida, el grave cencerro marcaba paradójicamente nuestro alegre caminar al encuentro de mi íntimo Paquito, que sí, que tenía sus cosas, pero era noble. Pero yo tenía la sensación de que todo iba a ir yendo bien, y la única cosa que me inquietaba era el paradero de Uno, a la que verdaderamente yo había abandonado, aunque eso sí, en la dirección correcta. Casi no me lo creía cuando divisé su trasero en la lejanía. Que el pelotón la atrapase era cuestión de tiempo.
Reconozco que ella se esforzaba en la escapada, pero la verdad, es que Tres, cencerro en ristre tiraba del grupo, como si le fuese la vida en ello. Uno no tenía ninguna posibilidad, y tras una estéril agonía, Uno cayó en las redes del grupo. Y, a la vez, para, rematar el día de los milagros, salió el Sol.
Todos juntos caminando bajo el Sol. Y yo casi cantaba. Misión cumplida. En la euforia me vino a la mente (no se por qué) la famosa frase:
-¡Fuuuuriaaaa! Es la voz de Joe, el único que sabe montarlo.
Paquito estaba sentado, apoyado, masticando un tallo. No se volvió con el sonido del cencerro, ni cuando yo empecé a gritar
- ¡Paquito, Paquito! ¡Vengo con todas!
Y esperé que se levantara para darme un abrazo. No lo hizo. Lo que hizo fue quedarse sentado y mirarme durante un rato...y decirme:
- No veas si has tardado.¿no?
- ¿Qué? Encima....
- Son vacas, tío, no gacelas, He estado aquí media tarde aburrido, joder.
- Oye, que no es tan fácil.
- Paquito, vete a la mierda.
- Oye no te mosquees, a ver si no se van a poder decir las cosas.
- Bueno, me tengo que ir.
- Espera, que ya nos vamos juntos.¡kuok, kuok!
Empezamos a caminar, y nos seguían las vacas, y Paquito seguía dándome la paliza:
- Se llama crítica constructiva, y es para que mejores. Si no sabes hacer bien algo pues hay que decírtelo. Y así mejoras, tontito.
Yo estaba rabioso, y el hecho de no haberle podido decir lo que se merecía, no sé bien por qué, si por pena , si por amistad, si porque yo era tonto perdido,..la acidez me quemaba por dentro y sólo quería vomitarla. Si seguía acumulando rabia, lo iba a tener que matar, quizá clavándole su propia muleta en el esternón.
Perro Paquito.
Paquito llevaba un jersey
- ¿Sabes cuánto me costo?
- No, ni idea.
- Adivina
- Ni idea
- Pero di un número
- Que no, que da igual.
- No tengo ni idea
- ¡Que lo digas!
- Es que no entiendo de eso
- ¡Pero dilo!
- Seiscientas mil pesetas
- ¡Hala seiscientas mil pesetas! ¿Cómo va a costar eso un jersey?
- Ya te digo que ni idea
- Cuatro mil pesetas, me costo.
- Ah. Que bárbaro.
La amistad, ese bonito sentimiento, había caducado entre nosotros.
Pero, posiblemente a Paquito le daba algo de pena, porque me agarró por el pescuezo y me quiso girar la cabeza, hacia un prado cercano.
- ¡Mira, fresas silvestres!
Yo no ví nada.
- Ah sí.
- Vamos. Que nos las hemos ganado.
- Si es que yo tengo prisa...
Nos acercamos allí, sin miedo de que se escapasen las vacas, porque el tiempo se había estabilizado, y nos sentamos a comer fresas. Y echamos un buen rato comiendo sin hablar. Hasta que escuchamos una voz a nuestra espalda.
- Qué..¿Están buenas las fresas?
Le miramos, y vimos que era el clásico paisano de campo, sin nada que hacer, que buscaba charla desesperadamente.
- Sí señor, si. –Contestó Paquito.
Yo me callé. Y seguí zampando.
- ¿Y que va a decir el dueño?
- ¿Qué dueño, si son silvestres?
- ¿Silvestres? ¡¡Hijos de puta!! ¡¡Son mías!!
Y el paisano, una vez dijo esto, se arrancó blandiendo un bastón de nudos que no habíamos visto ni nada. Quería arremeter contra nosotros. Y lo hizo.
Mientras yo huía, vi como el sujeto atizaba un estacazo en el lomo de Paquito. Y luego otro. Y Paquito no podía ni levantarse y seguía recibiendo y el otro le decía:
- ¡Cabrón te voy a partir por la mitad!- Y luego mirándome a mí continuó:
- ¡Y tu, espérate, que ahora voy contigo!
Que fué la consigna que yo necesitaba, para salir corriendo carretera abajo. Me acordé de lanzar un besito a las vacas al pasar por su lado, y abandoné a Paquito para siempre, bajo el rítmico golpear del paisano.
Nunca volví a ver a ninguno de los dos.
Comentario:
Azzu: Pues muchas gracias, ojalá vuelvas.
Comentario:
Muy bueno.. estoy pasando un buen rato por aquÃ, te lo aseguro ;;)
Me alegra que te gustara el post de la leche de burra ;) jejje te agradezco la visita.. asà te he conocido,
Como mil besos para tÃ
Me alegra que te gustara el post de la leche de burra ;) jejje te agradezco la visita.. asà te he conocido,
Como mil besos para tÃ
Comentario:
Caramba, qué amargo final, Buchito, hijo...
Ahora bien, el No sé si me creerás, pero yo hubiera arriesgado mi pellejo por defender a Paquito (mi historial me avala ¿quiés que te la hinque?, por poner un ejemplo), y no por nobleza, que carezco de ella, sino por demostrarle a ese cojo de mierda mi superioridad no sólo física, sino moral.
Hecha esta salvedad, que tiene que ver más con el espíritu que con la poética, aplaudo a rabiar tu relato, me ha parecido cojonudo (bueno para los cojos) y aleccionador (fuera de cualquier lección, como alegal es fuera de la ley).
¡Bravo, amigo, mil veces bravo!
Ahora bien, el
Hecha esta salvedad, que tiene que ver más con el espíritu que con la poética, aplaudo a rabiar tu relato, me ha parecido cojonudo (bueno para los cojos) y aleccionador (fuera de cualquier lección, como alegal es fuera de la ley).
¡Bravo, amigo, mil veces bravo!
Comentario:
Guau!, digo Muuu!, pedazo de comentario. Y fíjate que queda en evidencia que no se coje antes a un mentiroso que a un cojo, porque el fresero tacaño consiguió cazar a Paquito, pero no a mí. Con respecto a las vacas, créeme, no lo digo por hacerles la pelota, pero son listísimas. Los caballos no resisten la comparación, nadie ha conseguido montar a una vaca. Y, si, seguro que batí un record, pero lo que me quedó es el gusto de ser malote de vez en cuando. COnfiesa que es estupendo...
Comentario:
Tienes que reconocer, Buch, que verse espoleada por un talón desnudo no es exactamente, digo yo, como verse estimulada por una espuela (porque me lo imagino, no porque yo haya tenido el dis/gusto). No digo yo que lo del talón no tenga su encanto, pero me parece que las vacas no llegan a apreciarlo. O quizá sí, tampoco es que sean el colmo de la expresividad.
Después de pensarlo un par de instantes, creo que el noble y sordo campesino falso te hizo perder el tiempo, pero tras darme un instante más he llegado a la conclusión de que serenó tu ánimo la pausa involuntaria que te obligó a hacer. Fue una causalidad que estuviera allí, bajo la lluvia, y que te detuviese lo suficiente como para que no siguieses buscando las vacas en cualquier dirección, incluso la contraria. Esos pequeños hilos tejen el destino, que diría el cursi.
En cuanto a Paquito, creo que pese a su mala leche, lo de las fresas no lo hizo por mala fe sino por verdadero desconocimiento de que tenían dueño. O eso, o era muy tonto para ponerse a comerlas tranquilamente sabiendo que si tenía que correr lo de la muleta no da ventaja nunca.
No sé si ese día perderías la inocencia, pero fijo que batiste un récord de atletismo ;))
Después de pensarlo un par de instantes, creo que el noble y sordo campesino falso te hizo perder el tiempo, pero tras darme un instante más he llegado a la conclusión de que serenó tu ánimo la pausa involuntaria que te obligó a hacer. Fue una causalidad que estuviera allí, bajo la lluvia, y que te detuviese lo suficiente como para que no siguieses buscando las vacas en cualquier dirección, incluso la contraria. Esos pequeños hilos tejen el destino, que diría el cursi.
En cuanto a Paquito, creo que pese a su mala leche, lo de las fresas no lo hizo por mala fe sino por verdadero desconocimiento de que tenían dueño. O eso, o era muy tonto para ponerse a comerlas tranquilamente sabiendo que si tenía que correr lo de la muleta no da ventaja nunca.
No sé si ese día perderías la inocencia, pero fijo que batiste un récord de atletismo ;))
Comentario:
Era inútil defenderse, el campesino estaba invadido por el odio irracional y chungo.
Comentario:
Vaya con Paquito, era un cojo amargado y un mentiroso, una mala amistad. Menos mal que dejaste de ser amigo suyo.
Jeje, ves, tenías que haber llevado una fusta, así te podrías haber defendido contra el campesino.
Besos
Jeje, ves, tenías que haber llevado una fusta, así te podrías haber defendido contra el campesino.
Besos





