(XIII) FUI CÓMPLICE DE UN CRIMEN Y NO ME IMPORTA DECIRLO.
Pascual, cabo primero, no sabía jugar al ajedrez ni al mus ni al parchís, no tenía conocimientos de física, ni de filosofía, no leía los periódicos, y no veía programas de la tele en los que saliera gente sentada.
Y sin embargo tenía una apasionante profesión: “Amaestrador de perros antidroga”. En el cuartel, esto de los perros antidroga estaba organizado así; Pascual recibía un perro, lo entrenaba, y...hasta que durase. Cuando el perro faltaba (que en gloria esté...) se volvía a empezar y listo.
Estos perros sólo obedecían a Pascual, caminaban junto a él, ladraban junto a él, de manera que el perro de turno y Pascual formaban un equipo indivisible. Y aunque tú le chasqueases los dedos con toda simpatía, no hacía ni puto caso.
El perro de esta historia, que luego sirvió a la patria por largos años se llamaba Tristán.
Por otro lado estaba el taimado Subteniente Yan. Era, claro, de origen asiático, y cada uno tenía su versión de por qué un chino estaba en el ejército español.
- Se metió en la legión y como era muy valiente ascendió rápido
- Es de inteligencia, por eso está en el ejército.
- No es chino, es que estaba en un atasco y se cabreó, entonces cambió el viento y se le quedó toda chiná la cara.
- ¿Quién tiene un cigarro?
Lo cierto es que Yan era español, solo que de origen y aspecto filipino. Pero ya sabemos que lo oriental tiene leyenda, y en este caso la leyenda le servía para tener asegurado el respeto y temor de sus subordinados (Como Pascual y yo), y ciertos privilegios ante sus superiores. Sobre todo en lo que respeta a los animales de compañía. El Subteniente Yan tenía el cuartel sembrado con sus animales de compañía. En primer lugar una banda de gatos; sólo tenía nombre uno Matilde “Mitxi” La Tuerta, que era tuerta. Los demás eran gatos anónimos y no se sabía su número exacto, aunque se dice que Yan los tenía bautizados con nombres asiáticos y los conocía a todos. También estaban los pavos. Seguramente eran siete u ocho. Tampoco tenían nombre que supiéramos, y, aunque eran comestibles con toda probabilidad, nadie que se sepa, había osado robar uno. Los pavos al igual que los gatos correteaban en total libertad, y tenían preferencia de paso. Y después, se decía que Yan tenía en su casa una colección de reptiles, quelonios y arácnidos, de lo más siniestra.
El pobre Tristán, por otro lado, tenía un hobby de lo más insano. Cuando los muchachos estaban jugando al baloncesto, Pascual se ponía a mirar el partido, y el pobre Tristán se ponía debajo de la canasta, que carecía de red, es decir que el balón, cuando entraba, gracias a Dios no muchas veces, caía a plomo sobre la nariz del desgraciado perro, que siempre estornudaba tras el impacto, pero que se quedaba allí, a la espera de otro pelotazo.
Esta costumbre tan tonta e incomprensible desde el punto de vista de el ser humano, y también desde el punto de vista de la tropa, acabó por estropear el olfato del noble animal, que empezó a no detectar sustancias prohibidas y cigarros de la alegría, lo que le valió un plus de cariño, si es que era posible, de parte de la clase de tropa.
Como el animal no era ya muy efectivo, Pascual le daba largos paseos, para que al menos no engordase, como los gatos de Yan, que eran gordos, gordos.
A Pascual no le queríamos, ni le odiábamos. Aunque era un sacrificio, la verdad, cuando te pedía que le acompañases en el paseo diario con Tristán. Resultó que aquel día yo estaba libre de servicio, y no se me ocurrió a tiempo ninguna excusa creíble. Resignado, y con esa suave satisfacción que da la seguridad de que en algún lugar alguien te está anotando los puntos que marcas al no ser mezquino, comenzamos a pasear cruzando el patio. Yan estaba en su casa, y seguramente celebrando extrañas ceremonias con sus reptiles, con sus quelonios, con sus arácnidos.
Nada había que inquietase el paseo, ni siquiera el dulzón y orondo gato, perteneciente a la colección de Yan, que se nos cruzaba en aquel instante.
Yo no conozco bien la definición exacta de instante. No puedo recordar exactamente como fue la secuencia de hechos. O todo fue muy rápido, o metí mi desgastada bota en un agujero blanco, y me vi trasladado repentinamente a otra dimensión, para luego volver en el instante crucial, yo que sé. Es más podría inventarme una buena secuencia de hechos lógicos, pero..¿Dónde dejaría eso el poder de la verdad?
¿dónde? ¿dónde? ¿dónde?
(Continúa pronto)
Y sin embargo tenía una apasionante profesión: “Amaestrador de perros antidroga”. En el cuartel, esto de los perros antidroga estaba organizado así; Pascual recibía un perro, lo entrenaba, y...hasta que durase. Cuando el perro faltaba (que en gloria esté...) se volvía a empezar y listo.
Estos perros sólo obedecían a Pascual, caminaban junto a él, ladraban junto a él, de manera que el perro de turno y Pascual formaban un equipo indivisible. Y aunque tú le chasqueases los dedos con toda simpatía, no hacía ni puto caso.
El perro de esta historia, que luego sirvió a la patria por largos años se llamaba Tristán.
Por otro lado estaba el taimado Subteniente Yan. Era, claro, de origen asiático, y cada uno tenía su versión de por qué un chino estaba en el ejército español.
- Se metió en la legión y como era muy valiente ascendió rápido
- Es de inteligencia, por eso está en el ejército.
- No es chino, es que estaba en un atasco y se cabreó, entonces cambió el viento y se le quedó toda chiná la cara.
- ¿Quién tiene un cigarro?
Lo cierto es que Yan era español, solo que de origen y aspecto filipino. Pero ya sabemos que lo oriental tiene leyenda, y en este caso la leyenda le servía para tener asegurado el respeto y temor de sus subordinados (Como Pascual y yo), y ciertos privilegios ante sus superiores. Sobre todo en lo que respeta a los animales de compañía. El Subteniente Yan tenía el cuartel sembrado con sus animales de compañía. En primer lugar una banda de gatos; sólo tenía nombre uno Matilde “Mitxi” La Tuerta, que era tuerta. Los demás eran gatos anónimos y no se sabía su número exacto, aunque se dice que Yan los tenía bautizados con nombres asiáticos y los conocía a todos. También estaban los pavos. Seguramente eran siete u ocho. Tampoco tenían nombre que supiéramos, y, aunque eran comestibles con toda probabilidad, nadie que se sepa, había osado robar uno. Los pavos al igual que los gatos correteaban en total libertad, y tenían preferencia de paso. Y después, se decía que Yan tenía en su casa una colección de reptiles, quelonios y arácnidos, de lo más siniestra.
El pobre Tristán, por otro lado, tenía un hobby de lo más insano. Cuando los muchachos estaban jugando al baloncesto, Pascual se ponía a mirar el partido, y el pobre Tristán se ponía debajo de la canasta, que carecía de red, es decir que el balón, cuando entraba, gracias a Dios no muchas veces, caía a plomo sobre la nariz del desgraciado perro, que siempre estornudaba tras el impacto, pero que se quedaba allí, a la espera de otro pelotazo.
Esta costumbre tan tonta e incomprensible desde el punto de vista de el ser humano, y también desde el punto de vista de la tropa, acabó por estropear el olfato del noble animal, que empezó a no detectar sustancias prohibidas y cigarros de la alegría, lo que le valió un plus de cariño, si es que era posible, de parte de la clase de tropa.
Como el animal no era ya muy efectivo, Pascual le daba largos paseos, para que al menos no engordase, como los gatos de Yan, que eran gordos, gordos.
A Pascual no le queríamos, ni le odiábamos. Aunque era un sacrificio, la verdad, cuando te pedía que le acompañases en el paseo diario con Tristán. Resultó que aquel día yo estaba libre de servicio, y no se me ocurrió a tiempo ninguna excusa creíble. Resignado, y con esa suave satisfacción que da la seguridad de que en algún lugar alguien te está anotando los puntos que marcas al no ser mezquino, comenzamos a pasear cruzando el patio. Yan estaba en su casa, y seguramente celebrando extrañas ceremonias con sus reptiles, con sus quelonios, con sus arácnidos.
Nada había que inquietase el paseo, ni siquiera el dulzón y orondo gato, perteneciente a la colección de Yan, que se nos cruzaba en aquel instante.
Yo no conozco bien la definición exacta de instante. No puedo recordar exactamente como fue la secuencia de hechos. O todo fue muy rápido, o metí mi desgastada bota en un agujero blanco, y me vi trasladado repentinamente a otra dimensión, para luego volver en el instante crucial, yo que sé. Es más podría inventarme una buena secuencia de hechos lógicos, pero..¿Dónde dejaría eso el poder de la verdad?
¿dónde? ¿dónde? ¿dónde?
(Continúa pronto)
Comentario:
Comentario:
En ascuas me tienes. Espero ansiosa la continuación de este emocionante relato! ;)
Besos
Besos
Comentario:
Binche: Pero la continuación no es sólo eso también contiene suspense y resolución detectivesca. Ya verás como te sorprende. No era de pelo corto, ni muy listo, amiga.
Comentario:
Me imagino por donde van los tiros, mis padres tenían un perro que mató al menos que sepamos 2 gatos que no escaparon a tiempo.
Oye, los perros de Pascual eran machos y de pelo corto??!!! Jajaja! :ppp
Oye, los perros de Pascual eran machos y de pelo corto??!!! Jajaja! :ppp
Comentario:
También es buena la de:
"Fulgencio... ¿2-0?"
"Fulgencio... ¿2-0?"
Comentario:
GUI: Tengo un compañero que cuando se está enfadando dice: "Se me está chinando toda la cara". Y, al mismo tiempo, en una ocasión iba con un amigo en coche y me dijo, ¿ves ese de ahí (era un chino) pues no es chino es que se ha cabreado por el atasco y se le ha quedado la cara así. Ya sé que desvelar estas cosas es como si un mago contara sus trucos, pero..entre profesionales... Y efectivamente, esto es la introducción de una historia asombrosa. Amiga. La próxima vez que vaya a Valladolid ya me encantará invitarte a unos tintos.
Wolffo: Efectivamnente, veo que has captado la sutileza del mensaje. Eso me llena de orgullo y satisfacción, por cierto, a mi la pregunta a pie de campo que me parece más chorra es; ¿A quien le dedicas el gol? ¿A ti?
Wolffo: Efectivamnente, veo que has captado la sutileza del mensaje. Eso me llena de orgullo y satisfacción, por cierto, a mi la pregunta a pie de campo que me parece más chorra es; ¿A quien le dedicas el gol? ¿A ti?
Comentario:
Es como lo que decían las mamás cuando poníamos alguna cara rara: como te de un aire...
A mí lo queme ha descoyuntado la mandíbula es lo de "Esta costumbre tan tonta e incomprensible desde el punto de vista de el ser humano, y también desde el punto de vista de la tropa,..." jajajajajaaa, es cojonudo.
A mí lo queme ha descoyuntado la mandíbula es lo de "Esta costumbre tan tonta e incomprensible desde el punto de vista de el ser humano, y también desde el punto de vista de la tropa,..." jajajajajaaa, es cojonudo.
Comentario:
Me encanta la tercera explicación de la cara del chino, jajjajaaaaaaaaa.
Veo que eres joven y cuando estabas en el ejército ya no se pasaba hambre, porque digo yo que en otras épocas (que yo no he conocido porque A) no he ido a la mili ni he hecho carrera militar y B) también soy joven, ejem) los gatos hubieran terminado en guisos de liebre, mucho más si encima estaban gorditos. A mí los gatos no me gustan, ya lo he dicho, pero menos aún los gatos gordos, que parecen castrati.
Espero ansiosa la secuencia de hechos, porque si esto es la introducción, me ha gustado mucho.
Veo que eres joven y cuando estabas en el ejército ya no se pasaba hambre, porque digo yo que en otras épocas (que yo no he conocido porque A) no he ido a la mili ni he hecho carrera militar y B) también soy joven, ejem) los gatos hubieran terminado en guisos de liebre, mucho más si encima estaban gorditos. A mí los gatos no me gustan, ya lo he dicho, pero menos aún los gatos gordos, que parecen castrati.
Espero ansiosa la secuencia de hechos, porque si esto es la introducción, me ha gustado mucho.





