(XVII) ¡CRUSTÁCEO, HOMBRE!(Segunda Parte-A Bonmatí)
No había pensamientos que trascendiesen a la hora de Latín. El día, los proyectos personales, el recreo, las chicas...no existía nada de eso hasta que pasaba la clase. Paras Bárcenas nada de eso existía ni después de la hora fatídica.
Pasaron días, y pasó Septiembre, ese mes tan dulce, en el que todos partíamos de cero, y enseguida se tomaron posiciones. Los estudiosos, eran la mayoría de las veces héroes, y los demás, íbamos adquiriendo el barniz de cafres que nos correspondía por derecho. Bárcenas era un paria, aun no era cafre. Por supuesto que había, en latín, la posibilidad de pasar del estado de cafre al de prohombre, en tan sólo un minuto afortunado. Yo mismo disfruté de esa oportunidad en una ocasión inolvidable: Fui requerido por el tirano para contestar a una pregunta. Mi corazón se aceleró ante la certeza de que me iba a convertir en un gusano. Pero yo no sé por que bendita casualidad, D Ignacio, eligió una pregunta que me supe.
- ¿Blá, blá blá?
- Idem eodem idem.
- Te estás haciendo un hombre, chaval, que te sea enhorabuena. Si alguno más le dedicase un poco de interés, como has hecho tú, tal vez mereciese la pena...(toneladas de azúcar)
Apenas transcurrido un cuarto de hora desde el fin del discurso laudatorio del dictador, éste se volvió e inquirió a la clase en general, con una provocadora cuestión:
- Porque ninguno de vosotros sabéis que caso está pidiendo una oración subordinada pasiva (¿lasciva? Preguntó Bárcenas) de objeto
directo. ¿eh?.
Y yo recuerdo que pensé, que casos había (¿seis?) pocos y que tenía una posibilidad de pasar a la cofradía de los sabios si aprovechaba el impulso recién adquirido, así que me lancé y levanté mi mano decidido:
- ¿Si?
Y me quedé en blanco. Pero escuché a Bonmatí que decia “Acusativo”. Y para no dar más tiempo a la especulación, me lancé en pos del triunfo, con un grito de libertad:
- ¡Acusativo!
Don Ignacio me miró con dolor, pero sé que el quería mostrar dolor para hacerme sentir mal. Y lo consiguió. Solo dijo:
- La acabas de cagar, chaval. Eres basura.
Fue entonces cuando fiché por el equipo de los basuras, ya para toda la temporada, y no en calidad de cedido como hasta entonces.
La cosa fue funcionando así. D. Ignacio empezaba la clase, e iba preguntando a los basuras, que uno tras otro la íbamos pifiando y sumergiéndonos cada vez más en toneladas de mierda, hasta confundirnos con ella. Entonces D. Ignacio, harto ya de echar broncas y de ponerse de mal humor, se tomaba un respiro y empezaba a preguntar a los que sabían. La cosa empezaba a compensarse, y se podía decir que la clase terminaba razonablemente bien.
Hasta la movida del cangrejo.
Que contaré en la tercera y última parte de este relato tan bonito.
Pasaron días, y pasó Septiembre, ese mes tan dulce, en el que todos partíamos de cero, y enseguida se tomaron posiciones. Los estudiosos, eran la mayoría de las veces héroes, y los demás, íbamos adquiriendo el barniz de cafres que nos correspondía por derecho. Bárcenas era un paria, aun no era cafre. Por supuesto que había, en latín, la posibilidad de pasar del estado de cafre al de prohombre, en tan sólo un minuto afortunado. Yo mismo disfruté de esa oportunidad en una ocasión inolvidable: Fui requerido por el tirano para contestar a una pregunta. Mi corazón se aceleró ante la certeza de que me iba a convertir en un gusano. Pero yo no sé por que bendita casualidad, D Ignacio, eligió una pregunta que me supe.
- ¿Blá, blá blá?
- Idem eodem idem.
- Te estás haciendo un hombre, chaval, que te sea enhorabuena. Si alguno más le dedicase un poco de interés, como has hecho tú, tal vez mereciese la pena...(toneladas de azúcar)
Apenas transcurrido un cuarto de hora desde el fin del discurso laudatorio del dictador, éste se volvió e inquirió a la clase en general, con una provocadora cuestión:
- Porque ninguno de vosotros sabéis que caso está pidiendo una oración subordinada pasiva (¿lasciva? Preguntó Bárcenas) de objeto
directo. ¿eh?.
Y yo recuerdo que pensé, que casos había (¿seis?) pocos y que tenía una posibilidad de pasar a la cofradía de los sabios si aprovechaba el impulso recién adquirido, así que me lancé y levanté mi mano decidido:
- ¿Si?
Y me quedé en blanco. Pero escuché a Bonmatí que decia “Acusativo”. Y para no dar más tiempo a la especulación, me lancé en pos del triunfo, con un grito de libertad:
- ¡Acusativo!
Don Ignacio me miró con dolor, pero sé que el quería mostrar dolor para hacerme sentir mal. Y lo consiguió. Solo dijo:
- La acabas de cagar, chaval. Eres basura.
Fue entonces cuando fiché por el equipo de los basuras, ya para toda la temporada, y no en calidad de cedido como hasta entonces.
La cosa fue funcionando así. D. Ignacio empezaba la clase, e iba preguntando a los basuras, que uno tras otro la íbamos pifiando y sumergiéndonos cada vez más en toneladas de mierda, hasta confundirnos con ella. Entonces D. Ignacio, harto ya de echar broncas y de ponerse de mal humor, se tomaba un respiro y empezaba a preguntar a los que sabían. La cosa empezaba a compensarse, y se podía decir que la clase terminaba razonablemente bien.
Hasta la movida del cangrejo.
Que contaré en la tercera y última parte de este relato tan bonito.
(XVII) ¡CRUSTÁCEO! (Primera Parte-A Bárcenas)
No éramos tontos, ni con esa edad . Tal vez alguno sí,(Como por ejemplo Bárcenas) pero el conjunto de la clase de 8ºC, se había dado cuenta perfectamente de la situación. Aquello era Latín, y aquel profesor, a pesar del dulce calor y holganza del Septiembre de principio de curso, nos provocaba cierta tensión. Sobre todo cuando dijo la famosa frase, el día de su primera clase:
“A mi me gusta el cachondeo como al que más, pero cada cosa tiene su momento y su lugar”
Ahí los listos nos miramos, mientras Bárcenas comía cacahuetes, ajeno a la situación, y nos pusimos en el peor escenario posible. Ya sabíamos que esa frase era indicio seguro de profesor seriote y cateante.
Si, hubiera dicho:
“Me llamo Ignacio y creo en el amor” o “Soy un profesor de Latín para todos, no solo para los empollones” o “Por las buenas yo voy adonde sea” o , incluso un buen “¡Que os calléis, coño!”. Eso hubiera sido mejor señal. ¿Cómo nos iba a sorprender por tanto que organizase exámenes orales diarios a bocajarro.
-¡Tu, vocativo de tercera declinación!
Y Bárcenas...
- ¿Acusativo de la primera declinacion? Industria turística y cabaña ganadera.
O, a Shengerneittner
- ¡Tu, qué caso es Quosque tantum....!
- ¿Qué...? ¿Toste Quenquem?
Y entonces sucedía que si no habías estudiado, o si habías estudiado pero no dominabas la tensión, o ni habías estudiado ni nada, y además te ponías nervioso (Bárcenas), te convertías por boca de D.Ignacio en la mayor escoria que hubiera pisado jamás el colegio:
- Muy bien, chaval. Menuda decepción. Seguramente tus padres no imaginaban que iban a tener un..hijo, por llamarte algo que les hiciera pasar tanta vergüenza. ¿Tu sabes lo que eres? Tu eres un cabrón con todas las letras. Tú les robas a tus padres. Eres un estafador, tendrías que estar picando piedra, suplicando a tus compañeros picadores un poco de respeto, porque tu ni te mereces respeto ni nada, porque al final solo eres...un mierda. ¿entiendes lo que te digo? Eres un mierda. ¿te jode? Pues eres un mierda.
Por el contrario, si tenías la inmensa suerte de acertar por casualidad, o por alguna extraña razón sabías de toda la vida que “Equus era de la 4ª, entonces te convertías en un hombre hecho y derecho, en poco menos que un superhombre, y te podías subir en el mismo autobús que Eloy Gonzalo, el héroe de cascorro, y obligarle a que te cediera su asiento:
- ¡Fuera de aquí, Cascorro de los cojones!
Esta idas y venidas del olimpo a la cloaca, y de la cloaca al olimpo habían terminado por descolocar psicológicamente a la clase (excepto a Bárcenas , quizá) . De hecho la tensión del examen diario provocaba tal estado de nerviosismo, que todos desviábamos la mirada o tosiamos cuando le veíamos avanzar por el pasillo en plan depredador.
“Me espanta un tanto
no saber esta cosa
¿Quien seré hoy, Dios Santo,
Neil Armstrong o Cardeñosa?”
(Continuará)
“A mi me gusta el cachondeo como al que más, pero cada cosa tiene su momento y su lugar”
Ahí los listos nos miramos, mientras Bárcenas comía cacahuetes, ajeno a la situación, y nos pusimos en el peor escenario posible. Ya sabíamos que esa frase era indicio seguro de profesor seriote y cateante.
Si, hubiera dicho:
“Me llamo Ignacio y creo en el amor” o “Soy un profesor de Latín para todos, no solo para los empollones” o “Por las buenas yo voy adonde sea” o , incluso un buen “¡Que os calléis, coño!”. Eso hubiera sido mejor señal. ¿Cómo nos iba a sorprender por tanto que organizase exámenes orales diarios a bocajarro.
-¡Tu, vocativo de tercera declinación!
Y Bárcenas...
- ¿Acusativo de la primera declinacion? Industria turística y cabaña ganadera.
O, a Shengerneittner
- ¡Tu, qué caso es Quosque tantum....!
- ¿Qué...? ¿Toste Quenquem?
Y entonces sucedía que si no habías estudiado, o si habías estudiado pero no dominabas la tensión, o ni habías estudiado ni nada, y además te ponías nervioso (Bárcenas), te convertías por boca de D.Ignacio en la mayor escoria que hubiera pisado jamás el colegio:
- Muy bien, chaval. Menuda decepción. Seguramente tus padres no imaginaban que iban a tener un..hijo, por llamarte algo que les hiciera pasar tanta vergüenza. ¿Tu sabes lo que eres? Tu eres un cabrón con todas las letras. Tú les robas a tus padres. Eres un estafador, tendrías que estar picando piedra, suplicando a tus compañeros picadores un poco de respeto, porque tu ni te mereces respeto ni nada, porque al final solo eres...un mierda. ¿entiendes lo que te digo? Eres un mierda. ¿te jode? Pues eres un mierda.
Por el contrario, si tenías la inmensa suerte de acertar por casualidad, o por alguna extraña razón sabías de toda la vida que “Equus era de la 4ª, entonces te convertías en un hombre hecho y derecho, en poco menos que un superhombre, y te podías subir en el mismo autobús que Eloy Gonzalo, el héroe de cascorro, y obligarle a que te cediera su asiento:
- ¡Fuera de aquí, Cascorro de los cojones!
Esta idas y venidas del olimpo a la cloaca, y de la cloaca al olimpo habían terminado por descolocar psicológicamente a la clase (excepto a Bárcenas , quizá) . De hecho la tensión del examen diario provocaba tal estado de nerviosismo, que todos desviábamos la mirada o tosiamos cuando le veíamos avanzar por el pasillo en plan depredador.
“Me espanta un tanto
no saber esta cosa
¿Quien seré hoy, Dios Santo,
Neil Armstrong o Cardeñosa?”
(Continuará)
(XVI) POLLITO MURIÓ
Un niño de cuatro años, moreno y malo (Esteban, con extraño corte de pelo), habla con su amigo (Raul), la chica de Esteban (22 años de fulgor latino) habla con la de Raúl (23 años, polaca y rubia)
- ¿Pollito?-pregunta Raúl.
- Pollito murió....-responde Esteban.
- ¿Por qué?
- No sé. Pollito murió.
- ¿Pollito?
- ¡Murió!
- Saca Pollito
- ¡Murió, gilipollas!
Tronó la voz de la chica de Esteban con su acento dulce del sur de América:
- ¡Esteban! ¡Esteban! ¿Qué no se dice?
- Gilipollas
- Pues no lo digas más. Ya has sido hoy bastante malo. Lo que te decía chica, me lo encuentro, según llego, con el flequillo cortado de raíz, y las tijeras todavía en la mano, como si dijéramos, humeantes....
Raúl ya se da por enterado:
- Pollito murió....¿Por qué?
- No sé.
- Saca pelota.
- No, pelota no.
Raúl hace como si corriera, pero sin moverse del sitio, se pone todo rojo, y llora, al mismo tiempo.
- ¡Iiiiiiiihhhh! Pelota....
- Esteban , dale la pelota, hombre..Y, pues lo que te digo, me lo encuentro con el pelo, pues, ¿cómo lo dicen? Trasquiloso, y la madre me empieza a gritar y yo ahí, parada. ¡¡¡Esteban no le pegues!!..
Esteban ha recogido una pala de plástico rígido, y está agrediendo, por así decirlo a Raúl, en toda la cocorota. La polaca se levanta preocupada, no quiere llevarle a la madre de Raúl un niño estropeado, y se dirige a Esteban:
- ¡Basta, basta! ¡Schnwievicz Graspoda! ¡Imws Raúl novada!(Basta pequeño bastardo cabrón, pégale a tu puta madre!)
Esteban la mira de arriba abajo, con un leve movimiento de cabeza y responde, con la voz temblorosa por el miedo, (no era resistente a los gritos en polaco)
- Pollito murió.
Latina todo fulgor sigue con su charla animada, sin preocuparse por si la ahora encarnada polaca, pierde los estribos y machaca a Esteban.
- Así que le arrincono al niño, y me lo llevo para que juegue. Y el niño jugando, y la rato me viene la madre, ¿Dónde está el pollito?, y yo le contesté no sé señora, y ella me dijo, no está en la caja, y yo respondí que yo no sabía señora.(sorda). Que me dejara en paz. Y ella que pues ahora donde está el pollito....Yo cogí al niño aparte y le pregunte: ¿dónde está el pollito? ¿No lo quieres bajar hoy para enseñárselo a Raúl? Y el niño me decía. “Dame coche rojo”. Y yo se lo daba, y él se lo metió en el bolsillo, como todo lo que encontraba. Luego me pidió la llave del mecano, y se la metió en el bolsillo. Cuando le miré, pues me di cuenta de que seguramente se había pasado la mañana metiéndose cosas en los bolsillos. Vente para acá-le dije. Te voy a vaciar los bolsillos de una vez por todas. Adán, que eres un Adán. Y empecé a vaciarle los bolsillos..Unas llaves de su madre, dos monedas de dos euros, una peonza solidaria, el coche rojo, la llave del mecano, un cromo de Van Impe, coronando el Peyresourde,....y debajo de todo, el maldito pollito hecho un amasijo de plumas amarillas y sangre. ¡Que asco! Y ¿Sabes lo que me dijo el niño? ¿sabes? Se me encaró, me cogió el pollito de la mano y dijo: Pollito murió.
- ¿Pollito?-pregunta Raúl.
- Pollito murió....-responde Esteban.
- ¿Por qué?
- No sé. Pollito murió.
- ¿Pollito?
- ¡Murió!
- Saca Pollito
- ¡Murió, gilipollas!
Tronó la voz de la chica de Esteban con su acento dulce del sur de América:
- ¡Esteban! ¡Esteban! ¿Qué no se dice?
- Gilipollas
- Pues no lo digas más. Ya has sido hoy bastante malo. Lo que te decía chica, me lo encuentro, según llego, con el flequillo cortado de raíz, y las tijeras todavía en la mano, como si dijéramos, humeantes....
Raúl ya se da por enterado:
- Pollito murió....¿Por qué?
- No sé.
- Saca pelota.
- No, pelota no.
Raúl hace como si corriera, pero sin moverse del sitio, se pone todo rojo, y llora, al mismo tiempo.
- ¡Iiiiiiiihhhh! Pelota....
- Esteban , dale la pelota, hombre..Y, pues lo que te digo, me lo encuentro con el pelo, pues, ¿cómo lo dicen? Trasquiloso, y la madre me empieza a gritar y yo ahí, parada. ¡¡¡Esteban no le pegues!!..
Esteban ha recogido una pala de plástico rígido, y está agrediendo, por así decirlo a Raúl, en toda la cocorota. La polaca se levanta preocupada, no quiere llevarle a la madre de Raúl un niño estropeado, y se dirige a Esteban:
- ¡Basta, basta! ¡Schnwievicz Graspoda! ¡Imws Raúl novada!(Basta pequeño bastardo cabrón, pégale a tu puta madre!)
Esteban la mira de arriba abajo, con un leve movimiento de cabeza y responde, con la voz temblorosa por el miedo, (no era resistente a los gritos en polaco)
- Pollito murió.
Latina todo fulgor sigue con su charla animada, sin preocuparse por si la ahora encarnada polaca, pierde los estribos y machaca a Esteban.
- Así que le arrincono al niño, y me lo llevo para que juegue. Y el niño jugando, y la rato me viene la madre, ¿Dónde está el pollito?, y yo le contesté no sé señora, y ella me dijo, no está en la caja, y yo respondí que yo no sabía señora.(sorda). Que me dejara en paz. Y ella que pues ahora donde está el pollito....Yo cogí al niño aparte y le pregunte: ¿dónde está el pollito? ¿No lo quieres bajar hoy para enseñárselo a Raúl? Y el niño me decía. “Dame coche rojo”. Y yo se lo daba, y él se lo metió en el bolsillo, como todo lo que encontraba. Luego me pidió la llave del mecano, y se la metió en el bolsillo. Cuando le miré, pues me di cuenta de que seguramente se había pasado la mañana metiéndose cosas en los bolsillos. Vente para acá-le dije. Te voy a vaciar los bolsillos de una vez por todas. Adán, que eres un Adán. Y empecé a vaciarle los bolsillos..Unas llaves de su madre, dos monedas de dos euros, una peonza solidaria, el coche rojo, la llave del mecano, un cromo de Van Impe, coronando el Peyresourde,....y debajo de todo, el maldito pollito hecho un amasijo de plumas amarillas y sangre. ¡Que asco! Y ¿Sabes lo que me dijo el niño? ¿sabes? Se me encaró, me cogió el pollito de la mano y dijo: Pollito murió.





