logotipo

img_google
Secretos de un Idiota
... o cómo andar por el alma de puntillas
Acerca de
Silencio, pensamientos, palabras sin sentido agrupadas al azar, sentimientos dislocados, conversaciones de almohada... Secretos de un Idiota
Sindicación
 
5-2-79
Parece mentira y ya han pasado 27 años... Felicidades.

No sé cómo empezar a decirte todo lo que has significado en mi vida, cómo la has transformado, cómo me has transformado...

Siempre te tomé como un ejemplo, siempre sentí una extraña admiración por todo lo que tocabas, todo lo que te rodeaba... Despertabas en mí el sentimiento de apetencia, de querer ser tú en todo lo que hacías desde la mirada de un niño. Siempre quise seguir tus pasos, te admiraba. Mis primeras canciones eran las tuyas, me metiste en una melodía de protesta, de querer cambiar el mundo, de poetas y gentes a la izquierda de ideales de una época de cambios. En qué momento cambiamos...??

A los trece años empecé a vivir en un mundo que no me pertenecía, quería abandonar, dejarlo todo, desaparecer... Me sentía sólo, como si hubieran arrancado de mí todo lo que antes me dieron, todo lo que mi felicidad había construido. Tú estabas allí, necesité tenerte al lado, no pude gritarlo - nunca supe pedir ayuda - y cada vez te alejabas más, cada vez me sentía más distanciado de lo que pareció ser mi mundo desde mi nacimiento, todo se rompía y mi camino se nublaba. Tú estabas allí sin saber qué papel era el tuyo, yo no le quería a Él, no en ese momento, sólo quise que mi mundo recuperase la cordura que se me escapaba de las manos, tener lo que siempre había tenido, pero ya era tarde y tú cambiabas, todo cambiaba... Tus palabras, tus ideas, tu mundo, parecían estar lejos de lo que creí años atrás, parecías tan mayor y yo seguía siendo un niño... Quise volver a la época de los buenos y los malos, de las bicis, de los veranos en el pueblo, de la inocencia... Pero también era tarde y estaba cansado.

Desde entonces mi corazón no ha vuelto a latir con esa fuerza, me convertí en ese muchacho de ojos tristes, que sólo llora cuando no queda más salida y se pueden contar los momentos con los dedos de una mano... y tú protagonizas un par de esos momentos... Una de las pocas veces que mis ojos se agrietaron no por estar en contra del mundo si no por profundo orgullo fue el día de tu graduación, estabas allí abajo, rodeado de todo aquél mundo del que nunca supe nada, estabas allí, tan grande, tan brillante y yo te miraba con la misma admiración que sentí de niño, mis ojos se agrietaban por momentos y supe que estaba orgulloso de que lo hubieras conseguido. De una manera extraña ese día comprendí que te seguía sintiendo. Ahora no sé dónde estamos, sólo me queda la idea de que un día necesité un confidente, un amigo, un compañero, un hermano... y sólo siento las sombras que siempre me han rodeado... y lo siento.
No