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Secretos de un Idiota
... o cómo andar por el alma de puntillas
Acerca de
Silencio, pensamientos, palabras sin sentido agrupadas al azar, sentimientos dislocados, conversaciones de almohada... Secretos de un Idiota
Sindicación
 
Eternamente culpable...
A veces te escupiría a la cara. No te puedes imaginar lo que pesa una vida llena de lamentaciones, de cargas que no me pertenecen, de frustraciones heredadas, de culpabilidades impuestas...

Creo que en tu mundo no sólo he dejado Sombras, creo que soy más de lo que me haces ver, más que un montón de mierda que no vale para nada cuando se cierran las ventanas...

Maldigo cada noche las decisiones que por cobardía soy incapaz de tomar. Los pasos que no se dan no existen, pero me van destruyendo y creando por dentro en latidos. Y mis latidos entre estas cuatro paredes son cada vez más fuertes, y cada vez más invisibles...

Te escupiría a la cara, no sólo por lo que me haces sentir, si no por ser capaz de transformarme en este ogro que detesto. Y me faltan fuerzas para reventarte el alma y salir corriendo, porque sólo tengo aire para incriminarme y odiarme por tanto dolor que dejo.

Tendría que estar agradecido por tenerte en mi vida... Agradecido?? Maldigo el día en que no tomé la decisión que da forma a mi cabeza. Siempre arrodillado, siempre andando de puntillas para no hacer ruido, siempre...

Si como crees, soy tan independiente, déjame libre entonces, deja que haga mi vida como quiero hacerla sin sentir esta culpabilidad que no me pertenece, que me viene en el agua que bebo de tus manos... y deja que me vaya sin hacer ruido...





 
y los cuerpos celestes...
" ... Y es que del amor, como de la vida, siempre se espera más y nunca se está satisfecho. Y mi contento se limita a momentos puntuales, probablemente amplificados en la memoria, y casi siempre, en el recuerdo, transcurridos a oscuras. Avanzarán los días y yo seguiré hundiéndome poco a poco en esta ansia de infinito, en esta inapagable sed de absoluto en la que nada es suficiente. Si por mí fuera, me pasaría el día haciendo el amor, y no sólo porque me guste sino porque es entonces cuando parece que las cosas llegan al límite; cuando, aunque sólo sea por tres segundos, huyo, salgo de mí, me hincho de luz y me aclaro, feliz y sin memoria. Prendida en labios inventores de espléndidos engaños. Y entonces me digo que sí, que tiene sentido seguir adelante, a pesar de esta certeza de estar siempre sola. "

Lucía Etxebarria
 
Buscando una Luna XI
Habían pasado un par de años desde aquél día. A menudo se despertaba de un salto en mitad de la noche soñando con Él, volvían a pasear por el centro de Madrid y seguía odiándole por ser como era, amándole por no cambiar... Ya había acabado la carrera, y estaba trabajando en un centro comercial, haciendo cualquier tipo de cosa menos para lo que se había preparado durante 5 años.

Definitivamente su vida era todo lo contrario a lo que había imaginado. Un trabajo que limitaba al alquiler de su habitación en el centro, a comer, a vestirse... No era esa la idea que tenía de disfrutar un empleo, pero el destino no le había dejado otra salida.

Alberto seguía dando clases de teatro. Se veían de vez en cuando, pero desde que dejó el grupo, dejó también de lado parte de esa vida en común. De vez en cuando se llenaba de pájaros de nuevo, y recordaba aquella obra con la que llegaron lejos, con la que Alberto formó su propia compañía junto a Laura: "Hades en el Averno". Laura siempre les decía tomando café que le encantaría repetirla como entonces, el mismo reparto, las mismas ganas, el mismo guión...

Un buen día mientras se recuperaba en el sillón de lo que creyó, como siempre, ser el mejor polvo de su vida, sonó el teléfono - Hola, soy Laura, te llamo para darte una buena noticia... Sigues queriendo repetir la obra??? - Después de un par de explicaciones, risas nerviosas, felicitaciones y demás, colgó y removió todo su cuarto hasta dar con el guión. Aún conservaba los post-it de entonces, las correcciones a lapiz, la primera hoja colgando casi arrancada... No pudo evitar pasarse toda la noche repitiendo cada escena encima de la cama, y se sorprendió al descubrir que no había olvidado una sola palabra en estos años.

Cuando se despertó tenía la última escena pegada a la cara, escena en que Perséfone se despedía de Hades con un beso como señal de su vuelta, escena que cerró el telón con una lluvia de aplausos en un teatro volcado sobre sus pies, de ojos fragmentados.

قَمَر
 
Minutos de silencio
Nos creemos inmortales, invencibles, casi intocables... Sentimos que el mundo es nuestro sólo porque nuestros pies lo pisan. Nos creemos dueños de todo cuanto nos rodea, de lo que tenemos propio, de lo que nos pertenece, simplemente por el hecho de estar viviendo aquí, allá...

Hace algo más de dos hora nos han llamado. Acababa de pasar, en frente de mi ventana, al otro lado del patio... he estado toda la tarde pegado a la pantalla, maldiciendo mi vida, compadeciéndome de todo lo que pasaba por mi cabeza... He estado escuchándolo toda la tarde, en la ventana de en frente, discutían, lloraban... una de tantas veces, siempre están discutiéndo, madre e hija, haz esto, haz lo otro... siempre discutiendo. Incluso me he planteado llamar a su puerta a ver si podía echar una mano en algo... Pero estaba demasiado ocupado compadeciéndome de mí mismo.

Ahora nada importa, siento un calor que desconozco, sentado frente a la pantalla, y al otro lado su habitación, la de Lala. Desde que nací siguió mis pasos allá donde fueran, quiso a mi familia como parte de la suya, me quiso como su propio nieto... Aún pienso que puedo estirar la mano y tocarla, la oigo lamentarse de sus dolores por el patio, saludándome cuando me ve aquí sentado en mi mesa tras la ventana, y preguntarme qué tal me va y el mal cuerpo que tiene ella...

Hoy ha muerto una gran mujer. Justo en frente de mi ventana. Y yo compadediéndome... A estado su nieto aquí. Tiene 12 años. Él ha sido quien nos ha avisado, venía a quedarse hasta que todo pasara - se acaba de morir mi abuela - Así, tan frío, tan pequeño, nuestra abuela... Me asusta lo frío que estaba al decirlo, como si no le preocupara, ese gesto tan familiar... He sentido que en ese momento eramos uno, he vuelto a mis 15 años, he sentido... Espero que para él no sea tarde...
 
Y...
Y una noche como esta desnudas tu alma. El asfalto empapado, mirando la vida desde el coche, parado, viendo otros coches pasando por tu lado y enfocado por sus luces. Y descubres que la verdad no es más que un puñado de tu esencia y que no era tan difícil dejarla salir, que no la pierdes, que la compartes...

Y piensas que te libera, que todo cambiará cuando arranques el motor, que las pupilas se llenan de sentimientos rotos y se vacían en el camino de vuelta a casa. Te crees puro, te sientes entero de nuevo, lleno de cosas que dar, que compartir, con las partes que faltaban por llenar repletas de alguna sustancia que soportas...

Y llegas a casa, aparcas, sientes la lluvia caer en la cabeza, una gota deslizándose por la cara y por un momento quieres empaparte de tus lágrimas, pero no eres capaz si quiera de dejar que se caiga un suspiro.

Y entras en casa y sólo quieres meterte en la cama, respirar mientras duermes el mismo aire lleno de humo de tantos cigarros que has apagado creyendo que aún te puede el sueño. Intentas apretar los ojos para caer en sus redes y sólo sientes tristeza pensando en la misma mierda, en que el mundo sigue y tú hace tiempo que dejaste de creer en tu mundo. Y te sientes perdido y no sabes en qué momento todo ha cambiado, cómo has vuelto a esto, cómo sin saber por qué tiraste de nuevo la toalla de las riendas del destino...

Y el sonido de la alarma te despierta de un sobresalto, pero no te atreves a saltar de la cama por no volver a caminar sobre el mismo suelo sucio que llena de fango tus huellas, te entorpece, te frena los pasos...

Y sólo quieres volver a sentir que estás vivo, y que no arrastras a nadie más a esa locura demente de creer que una vez tuviste alas.

قَمَر

 
Buscanco una Luna X
Amante. De pronto se había convertido en su amante, algo que sentía como una liberación. Hasta ahora cada persona que pasó por su vida, en algún momento había pretendido quedarse en su cama, dejando el cepillo de dientes en el baño y el pijama en el armario. De repente llegó Él, dependiente solo de su pareja, y todo tenía sentido.

Amante. La única forma de sentir sin obligarse a nada. - Tú tienes tu vida, eres libre, no te pido nada... Me basta con que el tiempo que estas conmigo sea para mí, el resto... No te pido nada.

Amante. Y por momentos le iba amando, queriendo entrar en Él y quedarse a hacerle el desayuno. Queriendo desaparecer de una vida estructurada para vivir junto a Él lo que su pareja dejara... Pero jamás sintió recibir las sobras, disfrutó de la soledad de la espera como nunca había sentido, se comía por dentro, su sangre ardía por volver a verle, le dolía el alma, crecía y encogía de impulsos, su estómago se doblaba, su mente se llenaba cuando sentía acercarse el momento, sus pies volaban, su cuerpo se partía... el teléfono, quedaban, caía en sus brazos, en sus labios y... Todo volvía a dar vueltas...

Amante... Él no podía seguir con esa farsa. Tener un sentimiento dividido, tener dos personas con quien compartir su tiempo... Amaba a su pareja, pero su amante... tuvo que retomar el rumbo de su vida, tomar decisiones - Sé que me odiarás por esto, que no querrás volver a saber nada de mí, me siento sucio, perdido, vacío, pero creo que mi historia de amor merece una segunda parte, merece ser integra...

Y se quedó con los ojos cansados, con la soledad que acompañaba su vida, con esa sonrisa de bufón que taladraba el pecho sintiendo que latía con más fuerza que el primer día... Ese día paró su vida, en ese momento heló su aliento y sintió frío... Jamás pidió nada, y ahora nada tenía, sólo ese sentimiento guardado en el registro de recuerdos, dejando constancia de lo único que fue: Amante.

قَمَر
 
Latidos
Iba despacio, como susurrado por el viento, en una mano una linterna y en la otra... A lo lejos estaba el mismo bosque que tantas noches había temido, ese al que nunca se atrevió a adentrarse, pero que siempre fue incapaz de olvidar. Esa noche todo fue distinto. Aquél músculo se había oxidado por completo y tenía que deshacerse de él. Siguió su camino...

Al traspasar la oscuridad de los árboles tembló como hacía años no sentía. Empezó a correr en medio de la oscuridad chocando con cada árbol que le cerraba el paso y el músculo empezó a sangrar. Por un momento se sintió aliviado, hacía tanto tiempo que no veía correr sangre en ese trozo de carne muerta... Siguió corriendo con la esperanza de que el viento le limpiara los escombros, de que las ramas de los árboles limasen su piel para arrancar las escamas. Se había caído la linterna, pero ya no importaba, sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, se habían apagado como su entorno...

Entonces a lo lejos lo vió. Había un claro y en el claro un banco. Empezó a avanzar cada vez más despacio, sabía que ese era el lugar. Cada vez se acercaba más y más al banco, todo parecía recuperar el color del día que había abandonado antes de entrar al bosque. Cuando llegó se paró delante del banco. Se quedó todo lo quieto que pudo y esperó que saliera de entre las Sombras... Pasaron horas, y seguía sangrando. Le sorprendía la cantidad de sangre que podía almacenar algo tan pequeño, por un momento le pareció un manantial expulsando sentimientos. Con el paso del tiempo se fue sintiendo vacío, cada vez más pequeño y el momento no llegaba. Se pensó invisible, creyó que nadie podría verle, que le habían olvidado... De repente su mano lo soltó, había dejado de sangrar, sentía frío, una lágrima resvaló por su cara, sentía frío, había dejado de latir, sentía...

قَمَر