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Secretos de un Idiota
... o cómo andar por el alma de puntillas
Acerca de
Silencio, pensamientos, palabras sin sentido agrupadas al azar, sentimientos dislocados, conversaciones de almohada... Secretos de un Idiota
Sindicación
 
Buscando una Luna IX
Esa tarde había quedado en la Autónoma con la gente de la playa. Antes, todos los años se pasaba un par de semanas de agosto y algún que otro puente, en el piso que tenían sus padres en una urbanización de Santa Pola, pero hacía una par de años que a penas iba. Aquél día habían quedado los de Madrid para comer y masticar los mismos recuerdos de siempre y las nuevas vidas de ahora. Se metieron en la facultad de psicología y pasaron 2 horas escasas, hasta que todo el mundo se fue. Todos menos Esther, que tenía clase esa tarde y decidió acompañarla… Mientras andaban bajo la lluvia hablando de nada y con las mismas bromas que les habían hecho cómplices tanto tiempo, se acordó de aquella noche en el banco del Ayuntamiento, en que sus cuerpos chocaron por sorpresa y su noche hizo el resto. Aún podía percibir el olor de esos labios a vaselina de melocotón, aún se helaba su aliento…

Entraron en clase y se sentaron por el final entre los compañeros más cercanos de Esther. Tras media hora escuchando al Señor Catedrático hablando de algo relacionado con la cartografía, empezó a inspeccionar el entorno. Dos filas por detrás de su asiento, estaba Él, cruzando su mirada, sonriendo y con un gesto de – Sácame de aquí…!!!.

Cuando terminó la clase se quedó con Esther y unos cuantos en el césped del campus. Todos tan simpáticos, tan divertidos, tan atentos… y Él ignorando por completo su existencia. Pasaron las horas y todo acabó, ya sólo quedaban 4 y decidieron irse a casa. El camino de vuelta se convirtió, como tantas veces antes, en un camino de confidencias: hablaron del novio de Esther, de su vida loca (o eso decía la gente), de sus familias, de sus tristezas, de Él… De Él!!??!!?! Tan pasota, tan brillante, tan alocado, tan seguro, tan ennoviado!!! El interés se desmontó de un latido. Siguieron todo el camino hablando de lo que habían sido sus vidas desde la última vez. Sonó el móvil de Esther – Mensaje… Jaajaja!!! Vaya, me sorprende… de repente dos personas tan distintas pensando lo mismo una de la otra… quiere tu dirección de Messenger… tú dirás… Y con un guiño le dio su teléfono y le invitó a escribirle.

Los días pasaban y nunca coincidían. Superó el mandarle un mensaje preguntándole qué era de su vida, para seguir con su ritmo entre sábanas descubriendo el pecado. Uno tras otra, abrían sus puertas a sus labios envenenados y sus manos sedientas, y una tras otro volvía cada viernes a reclamar lo que creían suyo… pero nadie había desaparecido sin a penas encontrarse.

Por fin una tarde le vio conectado. De nuevo aquél latido volvió. Se pasaron 2 horas hablando a través de una ventana de sus relaciones, de lo mal ennoviado que estaba, de lo que compartían, de… acabaron quedando ese fin de semana para cenar por el centro y vivir esa conversación cara a cara. Para mirarse, para sentir sus palabras, para estar cerca… La vida empieza.

قَمَر
 
Buscando una Luna VIII
Habían pasado un par de años desde aquél día. Se sentó sobre su cama con un álbum de fotos entre las manos, viviendo de nuevo cada momento que aún atesoraba entre sus recuerdos, de cuando todo estaba aún presente, de cuando todo era real y vivía más allá del silencio... Tenía 22 años.

Su rumbo había cambiado radicalmente en este tiempo, pasó de sentir la soledad a apoderarse de ella, de buscar quien viviera en su vida, a vivir en la vida de otr@s. Y todo era fácil, había aprendido a ser sutil, superficial, compañía, amante, confidente, fantasía... y siempre tenía una cama abierta a su cuerpo y unos brazos ardiendo en deseos de cubrir la piel que en algún momento dejó ese olor entre sus sábanas... Veía el amor de su vida en cada esquina que cruzaba. Cada mirada que intercambiaba sin esperarlo en el metro con cualquier desconocido, hacía que algo dentro se encenciera, como una especie de radar magnético que apuntaba al paraíso. Normalmente todo se quedaba en esos encuentros, pero en algunos casos la magia pasaba a ser real, y como siempre, se perdía. Al final el resultado siempre era el mismo: corazones en pedazos tirados en mitad de la calzada, y sus pies sobre ellos deseando recomponer una vida que no era suya, y un corazón capaz de sentir lo que el suyo ni entendía...

Pero ese día era distinto. Hacía una par de años que Él murió y su vida se detuvo como en stand by con la última lágrima que derramó aquella tarde. Ahora sus latidos traían imágenes en blanco y negro, de una vida que le parecía tan ajena como propia, pero siempre tan lejana... Cerró el álbum de fotos, se despidió con un sueño hasta el año que viene y apagó sus lágrimas. Salió por la puerta a una nueva noche en la que perderse y perder el poco dinero que tenía para pasar el mes, porque total, estamos a 13, quedan 17 días para cobrar, me deben algunos favores... si lo necesito sé donde pedirlo.

قَمَر


 
No queda nada...
Las mismas manos que vieron romper viejas cadenas,
revosan de nostalgia ante el presente.
Los mismos ojos que nadaron en la niebla,
se ciegan con el Sol de medio día.
No queda nada más allá del horizonte,
más allá de los árboles que dieron sombra a esos días.

La plaza está vacía de recuerdos
que sólos vivirán entre antiguallas.
Las sombras de la noche del silencio
caminan de la mano hacia otra noche.
Y nada queda para los que aman la vida,
para aquellos que pensaron otro mundo,
para los inaprendices de lo escrito
que formaron su visión entre candados,
para los inconformistas de las calles
que cerraban a la hora de la cena...

Acaso es suficiente la rutina??
Acaso el ritmo de vivir es mudo??

Si cada nota dió nueva esperanza,
ya sólo quedan las canciones tristes.
Escribiré mi pecho en el vacío
veloz de cada curva en el camino,
responderé palabras como alas
que pierdan el temor de la derrota,
porque es liso el camino de la nada
y nadan en el todo las gaviotas.


"Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
que a veces retumbaran las montañas,
y escuchara la mente social adormecida
las palabras de amor de mi garganta"

- Extremoduro -


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