¿Quién se han creído que somos?
Joven: dícese de la persona despreocupada y egoísta que en una parte de su vida, clínicamente conocida como adolescencia, sólo piensa en su propio interés y beneficio.
Este es el tópico que circula sobre nosotros, y así es como muchos nos ven. Sirva de ejemplo para ilustrar este fenómeno injusto el reportaje titulado Los Reyes de la casa , que María José Grande publicaba en El País Semanal el 13 de febrero de este año.
En el texto, que intenta demostrar el reinado de los más jóvenes dentro de sus casas, se exponen los casos de tres familias. En principio parecen normales y corrientes: clase media, hijos adolescentes y padres trabajadores que han superado la cuarentena. A simple vista tres de tantas...aunque basta leer una líneas del reportaje para darse cuenta de que los casos expuestos son dignos de museo. Por su excentricidad, por supuesto.
"Tenemos 2 baños, pero mi marido y yo nunca los podemos usar, siempre están ocupados. Así que no nos ha quedado más remedio. Tenemos que independizarnos de nuestros hijos. Estamos construyendo una habitación y un baño para nosotros dos solos en el sótano. Es la única manera de tener un poco de intimidad. Que se queden con toda la casa", afirma la madre de dos gemelas de 16 y un hijo de 18 años.
Me pregunto cuántos padres vivirán exiliados en el rincón más recóndito de lo que, algún día, fue su hogar, y ahora ocupan unos invasores tiranos que una vez fueron sus hijos. Dudo que existan datos sobre la evolución de este fenómeno en nuestro país. Me atrevo a predecir que no deben existir muchos matrimonios viviendo en calidad de refugiados dentro de sus propios hogares. Si los hubiera, y perdonen si les ofendo, la culpa no es nuestra (de los jóvenes, me refiero). Es de los padres.
María Luisa de la Peña, maestra, enviaba una carta al mismo número de El País Semanal al que me he referido antes. "Nos sentimos incomprendidos por una sociedad que sólo quiere tener a sus retoños resguardados y seguros mientras los adultos acuden al trabajo. A muy pocos les importa la calidad educativa..." Aquí radica el problema.
Según el estudio Hijos y padres: comunicación y conflictos, llevado a cabo por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, en el 49,2% de las familias domina la política del avestruz. Los padres esconden la cabeza para negar o ignorar las situaciones que puedan crear conflictos. Así, se mantiene una convivencia pacífica. Con esta actitud, es francamente difícil educar a los hijos y tremendamente sencillo potenciar sus facultades de invasores a domicilio.
Otro de los fragmentos del reportaje que me han sorprendido son las declaraciones de la madre de 2 chicos de 15 y 19 años. Éstos, por suerte o por desgracia, gozan de absoluta libertad para todo. Ante la confesión de los muchachos, que afirman haber probado drogas como las pastillas y los porros, su madre responde: " tengo muy claro que ellos son los que se tienen que equivocar. No puedes estar toda la vida detrás. Vienen sus amigos y se meten a la habitación a fumar un porro. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?" Lo mismo sucede con las películas X. "Mis hijos no tienen que esperar a que me vaya: saben dónde están guardadas, pueden ponerlas cuando quieran, solos o con sus amigos".
Me sorprenden las declaraciones, no por los actos de los chicos, sino por la despreocupación de la madre. No es malo ver una película porno ni fumarse un porro de vez en cuando. Sin embargo, tener una madre así debería de estar prohibido por las autoridades sanitarias.
Un último fragmento del texto que merece ser destacado es el siguiente: " Todos tienen televisión y equipo de música en su cuarto. Todos usan el coche familiar. Pero de limpiarlo ni se habla. Disfrutan del jardín, pero a ninguno se le ocurre cortar el césped. Según su madre, todo es : necesito ropa, no tengo dinero, recárgame el móvil, no quedan refrescos".
Sirva para desmentir estas acusaciones lo que escribió alguien muy cercano a mí hace unas semanas, paseando por el centro de Madrid en uno de los días más gélidos que hemos vivido este invierno a causa de la ola de frío:
La otra Kale Boroka
Alrededor de las diez de la noche, aparecen por una de las bocas del metro, la situada frente a la estatua del oso y el madroño, en la Puerta del Sol de Madrid. Van en grupo, cargados de bolsas. Algunos llevan rastas, piercings y estoy seguro de que si no fuera por los abrigos, se verían sus brazos y sus ombligos llenos de tatuajes. Caminan con paso firme, seguros de si mismos, abriéndose paso entre la gente. Sobre la repisa del kiosko, con gestos estudiados, mil veces repetidos, extienden su munición.
Como en un ensayo de la coreografía de West Side Story, de la calle Mayor, Arenal, Preciados, del Carmen, Montera, con paso lento, arrastrando los pies, acuden hombres y mujeres. Todos se dirigen al kiosko. Y empieza la acción.
De los termos de café apoyados en la repisa, comienza a salir el café caliente, la sopa hirviendo.Un muchacho con rastas le entrega una madalena a un anciano con barba descuidada y dedos encorvados. Otro melenudo con un piercing en la ceja reparte vasos de sopa. Dos chicas con pañuelos palestinos y pelo de colores cortado a hachazos, reparten bocadillos. Otro impresentable, con los pantalones de tres colores arrastrando por los suelos y gorro ridículo, consuela a una joven negra que llora amargamente.
Y yo que creía que iban a pegarle fuego al garito y llenar la estatua del madroño con horribles pintadas. ¡Seré gilipollas!
Este es el tópico que circula sobre nosotros, y así es como muchos nos ven. Sirva de ejemplo para ilustrar este fenómeno injusto el reportaje titulado Los Reyes de la casa , que María José Grande publicaba en El País Semanal el 13 de febrero de este año.
En el texto, que intenta demostrar el reinado de los más jóvenes dentro de sus casas, se exponen los casos de tres familias. En principio parecen normales y corrientes: clase media, hijos adolescentes y padres trabajadores que han superado la cuarentena. A simple vista tres de tantas...aunque basta leer una líneas del reportaje para darse cuenta de que los casos expuestos son dignos de museo. Por su excentricidad, por supuesto.
"Tenemos 2 baños, pero mi marido y yo nunca los podemos usar, siempre están ocupados. Así que no nos ha quedado más remedio. Tenemos que independizarnos de nuestros hijos. Estamos construyendo una habitación y un baño para nosotros dos solos en el sótano. Es la única manera de tener un poco de intimidad. Que se queden con toda la casa", afirma la madre de dos gemelas de 16 y un hijo de 18 años.

Me pregunto cuántos padres vivirán exiliados en el rincón más recóndito de lo que, algún día, fue su hogar, y ahora ocupan unos invasores tiranos que una vez fueron sus hijos. Dudo que existan datos sobre la evolución de este fenómeno en nuestro país. Me atrevo a predecir que no deben existir muchos matrimonios viviendo en calidad de refugiados dentro de sus propios hogares. Si los hubiera, y perdonen si les ofendo, la culpa no es nuestra (de los jóvenes, me refiero). Es de los padres.
María Luisa de la Peña, maestra, enviaba una carta al mismo número de El País Semanal al que me he referido antes. "Nos sentimos incomprendidos por una sociedad que sólo quiere tener a sus retoños resguardados y seguros mientras los adultos acuden al trabajo. A muy pocos les importa la calidad educativa..." Aquí radica el problema.
Según el estudio Hijos y padres: comunicación y conflictos, llevado a cabo por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, en el 49,2% de las familias domina la política del avestruz. Los padres esconden la cabeza para negar o ignorar las situaciones que puedan crear conflictos. Así, se mantiene una convivencia pacífica. Con esta actitud, es francamente difícil educar a los hijos y tremendamente sencillo potenciar sus facultades de invasores a domicilio.
Otro de los fragmentos del reportaje que me han sorprendido son las declaraciones de la madre de 2 chicos de 15 y 19 años. Éstos, por suerte o por desgracia, gozan de absoluta libertad para todo. Ante la confesión de los muchachos, que afirman haber probado drogas como las pastillas y los porros, su madre responde: " tengo muy claro que ellos son los que se tienen que equivocar. No puedes estar toda la vida detrás. Vienen sus amigos y se meten a la habitación a fumar un porro. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?" Lo mismo sucede con las películas X. "Mis hijos no tienen que esperar a que me vaya: saben dónde están guardadas, pueden ponerlas cuando quieran, solos o con sus amigos".

Me sorprenden las declaraciones, no por los actos de los chicos, sino por la despreocupación de la madre. No es malo ver una película porno ni fumarse un porro de vez en cuando. Sin embargo, tener una madre así debería de estar prohibido por las autoridades sanitarias.
Un último fragmento del texto que merece ser destacado es el siguiente: " Todos tienen televisión y equipo de música en su cuarto. Todos usan el coche familiar. Pero de limpiarlo ni se habla. Disfrutan del jardín, pero a ninguno se le ocurre cortar el césped. Según su madre, todo es : necesito ropa, no tengo dinero, recárgame el móvil, no quedan refrescos".
Sirva para desmentir estas acusaciones lo que escribió alguien muy cercano a mí hace unas semanas, paseando por el centro de Madrid en uno de los días más gélidos que hemos vivido este invierno a causa de la ola de frío:
La otra Kale Boroka
Alrededor de las diez de la noche, aparecen por una de las bocas del metro, la situada frente a la estatua del oso y el madroño, en la Puerta del Sol de Madrid. Van en grupo, cargados de bolsas. Algunos llevan rastas, piercings y estoy seguro de que si no fuera por los abrigos, se verían sus brazos y sus ombligos llenos de tatuajes. Caminan con paso firme, seguros de si mismos, abriéndose paso entre la gente. Sobre la repisa del kiosko, con gestos estudiados, mil veces repetidos, extienden su munición.
Como en un ensayo de la coreografía de West Side Story, de la calle Mayor, Arenal, Preciados, del Carmen, Montera, con paso lento, arrastrando los pies, acuden hombres y mujeres. Todos se dirigen al kiosko. Y empieza la acción.
De los termos de café apoyados en la repisa, comienza a salir el café caliente, la sopa hirviendo.Un muchacho con rastas le entrega una madalena a un anciano con barba descuidada y dedos encorvados. Otro melenudo con un piercing en la ceja reparte vasos de sopa. Dos chicas con pañuelos palestinos y pelo de colores cortado a hachazos, reparten bocadillos. Otro impresentable, con los pantalones de tres colores arrastrando por los suelos y gorro ridículo, consuela a una joven negra que llora amargamente.
Y yo que creía que iban a pegarle fuego al garito y llenar la estatua del madroño con horribles pintadas. ¡Seré gilipollas!
Comentario:
Por fin alguien que diga las cosas claras!Uno se harta de que por el hecho de tener una cierta edad se te meta en un saco al que estas condenado y del que es prácticamente imposible salir hasta los 30.
Dejemos de generalizar sobre los jóvenes; ni todo esta bien ni todo esta mal. O acaso el jefe del pobre immigrante explotado tiene 18 años?
Me parece muy interesante también todo lo que dices sobre la educación. Pienso que es verdad, que llevamos ya un tiempo en el que parece que los padres sólo sirven para dar cosas, pero ¿no son los propios padres los que cogen ese rol desde que sus hijos son pequeños? quién no ha vivido la situación en la que un padre o una madre compra lo que el niño/a le pide para no escucharlo llorar, para no tener que explicarle nada ¿no es posible que a los 20 ya sea demasiado tarde?
Creo que nosotros, los jóvenes de hoy, conscientes de esta injusta generalización de "nuestro" comportamiento, somos los que algún día tendremos la posibilidad de acabar con típica e injusta frase de "es que los jóvenes de hoy..."
Es verdad que no hay una verdad absoluta, pero alegro de que te hayas atrevido con un periodista ya hecho: a veces la experiencia no lo es todo.
Me alegra encontrar gente como tú que no se queda inmóvil ante lo que pasa ante nosotros! Un saludo!
Dejemos de generalizar sobre los jóvenes; ni todo esta bien ni todo esta mal. O acaso el jefe del pobre immigrante explotado tiene 18 años?
Me parece muy interesante también todo lo que dices sobre la educación. Pienso que es verdad, que llevamos ya un tiempo en el que parece que los padres sólo sirven para dar cosas, pero ¿no son los propios padres los que cogen ese rol desde que sus hijos son pequeños? quién no ha vivido la situación en la que un padre o una madre compra lo que el niño/a le pide para no escucharlo llorar, para no tener que explicarle nada ¿no es posible que a los 20 ya sea demasiado tarde?
Creo que nosotros, los jóvenes de hoy, conscientes de esta injusta generalización de "nuestro" comportamiento, somos los que algún día tendremos la posibilidad de acabar con típica e injusta frase de "es que los jóvenes de hoy..."
Es verdad que no hay una verdad absoluta, pero alegro de que te hayas atrevido con un periodista ya hecho: a veces la experiencia no lo es todo.
Me alegra encontrar gente como tú que no se queda inmóvil ante lo que pasa ante nosotros! Un saludo!
Comentario:
Me gustó mucho el comentario del artículo, la verdad es que en muchas ocasiones los medios intentan generalizar con casos muy poco significativos, y esto ocurre sobre todo cuando entramos por medio los jóvenes.
Me viene a la mente la manipulación informativa que se produjo en algunos medios cuando la Ley de Calidad en la Educación (LOCE) saltó a la arena pública, resultaba curioso observar como en determinadas cadenas las entrevistas "callejeras" se realizaban a aquellos jóvenes (que por la educación recibida) no tenian ni puta idea del tema.
No sé cual es el problema, quizas se piense que si se nos da la palabra algunas cosas cambien... y eso no debe de ser bueno.
Un saludo y enhorabuena por tus reflexiones
Me viene a la mente la manipulación informativa que se produjo en algunos medios cuando la Ley de Calidad en la Educación (LOCE) saltó a la arena pública, resultaba curioso observar como en determinadas cadenas las entrevistas "callejeras" se realizaban a aquellos jóvenes (que por la educación recibida) no tenian ni puta idea del tema.
No sé cual es el problema, quizas se piense que si se nos da la palabra algunas cosas cambien... y eso no debe de ser bueno.
Un saludo y enhorabuena por tus reflexiones
Comentario:
Hola! Es la primera vez que me paso por aquí, y creo que volveré, porque lo cierto es que me ha parecido muy interesante este artículo.
Estoy bastante de acuerdo con tu opinión, en esta sociedad se pretenden estigmatizarnos, acusándonos de no tener futuro y de no saber lo qué queremos, pero muchas veces la raiz del problema (de existirlo, porque también lo dudo) está precisamente en la gente que nos ha educado.
Con respecto a la segunda parte del artículo, resulta curioso el papel tan importante que pueden jugar a veces nuestros prejuicios. Si fuesemos un poco más abierto, seguro que el mundo sería bastante mejor de lo que es.
Un saludo! Gracias por artículos como éste. Se agradecen. :)
Estoy bastante de acuerdo con tu opinión, en esta sociedad se pretenden estigmatizarnos, acusándonos de no tener futuro y de no saber lo qué queremos, pero muchas veces la raiz del problema (de existirlo, porque también lo dudo) está precisamente en la gente que nos ha educado.
Con respecto a la segunda parte del artículo, resulta curioso el papel tan importante que pueden jugar a veces nuestros prejuicios. Si fuesemos un poco más abierto, seguro que el mundo sería bastante mejor de lo que es.
Un saludo! Gracias por artículos como éste. Se agradecen. :)





