Tu mandíbula mastica en alemán y cuentas con cientos de palabras que no le suenan a nadie y cuentas unos, doses, puertos innumerables de verde pavimento. Te falto al respeto todo cuanto me dejas bruñéndote el labio de tanto frotar. Todo este pecho, -¡!- tuyo con cuchara, que no lo quiero yo ni me sirve de nada. Con la boca francesa te tallo en el extremo mis ganas de amar -le. Un violinito calvo, una cama vacante, un puesto inocupado el de un corazón gigante.