¡He vuelto! No porque septiembre haya traído lluvias sino por el maldito Hockney. Estuve en Madrid y luego en Sevilla, compré algunos discos, algunos libros, algunas postales. Y de los libros no me trajo aquí 'El guardían entre el centeno', ni 'Crónica del pájaro que da cuerda al mundo', ni el 'Beauty in Vogue', ni nada, me trajo 'El conocimiento secreto' de David Hockney, una tesis para la que dejó de trabajar en su obra durante dos años (y yo que creía que estaba viviendo de las rentas). Su trabajo consiste en desmontar el mito del pintor de mano divina como Ingres, Hals, Van Eyck, Caravaggio o Velázquez y demostrar que ya por entonces usaron proyectores, aunque claro, no eran LG, ni Sony, sino cámaras oscuras y claras, espejos cóncavos y demás lentes facilitadoras de trabajo y que permitían un encaje perfecto. Hockney, eres un maldito asqueroso amo de la tierra, ¿cuándo nos vas a dejar vivir a los demás? Puto genio...