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En nuestro país no hay más que un día a la vez
Acerca de
'Como me hice no me volvería a hacer. Tal vez volvería a hacerme como me deshago'.
Sindicación
 
Ese barco portador de todas las desgracias


Sin llegar a los ochenta y siete, veía arrumbar ese barco portador de todas las desgracias. Rostros sifilíticos, cabos de muñones, mandíbulas destripadas de molares, pies hinchados apretando los zapatos, cataratas, perros que se comen la cabeza de sus dueños muertos y solos, alianzas de plata ennegrecida, porterillos que no se usaron jamás.
La muerte, en suma, es el momento en que uno es sustituido. Es volver diez años después a la casa de la abuela y comprender que la cocina no era tan grande ni los techos quedaban tan altos. Es releer los diarios en los que prometimos ser fieles a nuestras peculiaridades, alcanzar la cultura y defender con orgullo lo que hoy ni por asomo defendemos. Dijo Pérez Reverte que el tiempo cambia al corazón. Al corazón. Ese objetito carnoso, binómico, de potencial bonhomía, ese símbolo, esa bandera, ese interruptor que hoy se me apaga con un codo,
como quien tiene las manos ocupadas.

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