Para que las cosas sucedan al revés, debe haber un orden en las cosas. Esto, pensado con otras palabras, era lo que tenía Miqui en la cabeza cuando subía al autobús. En las colas, por regla, siempre hay alguien que vuelve hacia atrás. Se frena, miras, y ahí está el individuo/a en cuestión saliendo de la fila. Ya puede ser la fila más recta, homogénea y ligera de todas, que habrá al menos una persona decidida a dar marcha atrás. Eso es la bilis negra. Un día la tristeza desayuna de lo más hipocondríaca y by default o por efecto, todas las medidas tienen un pellizco neurasténico que nos dice Atrás, atrás, vuelve atrás. Esos momentos tienen el aspecto condensado, rancio, de un VHS roto, mil veces regrabado.