«Y en el valle crecen higos, pringosos como el amor»*
Hitler plantó un vergel con rosas en el búnker; doce aviones le trajeron peonías, sauces y tréboles blancos. Eva, zarpada ya la barca de Carón, mirando plana, resoluta, meridiana, las pupilas huertas del Führer: - Si el mundo no acabara, ¿me dejas ser tu compañera universal? Y el mar se fue espesando, haciéndose abundante y oceánico, despigmentando peces amarillos, decolorando conchas betunadas. La camelia, la gerbera, la azalea, el enebro pardo, la acacia, voceros todos de la eufonía teutona, dieron la marcha; los niños primero, pronto los cuerpos rígidos, quemados, parcialmente, calientes en la inquina.
(*La entradilla es una frase del poema Desescamado como un pez de Bukowski)