Cavo y corro hacia el hoyo, el hoyo que es un hoyuelo de lo raso [que parece]. Y cuando me pongo a correr parezco un perrillo sin patas arrastrándose como un gusano cualquiera que no llega, que nunca llega. Visualizo poesías en las que uno NO se hace el fuerte, ni se vale de una gramática de granito porque eso va a ser la poesía para mí. Eso es. Para entonces estoy parada, hablándote ‘desde el polvo de la moqueta’ y me entregas tu palma, tan silente tan discreto, como ese par de plantas afásicas que ya no riego.