Estoy descalza del todo. Descalzos los muslos, descalzos los hombros, descalza la cabeza, la piel descalza. Las manos me van de un extremo a otro del universo y permito que todos mueran. Tengo otro Mozart, otro Freud, otro Piaget que son míos propios y me están bien empleados. Ni frío, ni calor, ni un cuarteto de elementos naturales. Ni dolor, ni placer, ni auto-, ni intra-. Soy la inmarcesible.