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Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
Gris vulgar

También esta mañana volvería a hacerse la dormida con esa estudiada cara en reposo que había visto en las películas y cabecearía de vez en vez cuando él intentara despertarla para darle un toque de credibilidad. Lo hacía esperando que él trajese el desayuno a la cama. Pero no lo hizo, de hecho, en once años de matrimonio nunca lo había hecho, aunque eso no la hacía desistir en el intento. No estaba mal del todo, desayunar cuando él se iba le daba derecho a poner la radio muy alta y cantar somewhere over the rainbow… entre tostada y café. Levantada de la mesa veía aquél recorte de ciudad, un rectángulo con alféizar que apenas si dejaba ver un trozo de cielo, de un tono gris vulgar, como casi todo centro de ciudad. Presentó medio cuerpo por la ventana y miró a la calle recién amanecida. Repelentes niños ralflaurenados iban de la mano de una madre con perrito. –Pero qué preciosidad, te pareces mucho a tu madre, esa carita pequeña…- evidentemente aquello era un cumplido con mucho hollín por encima, la carita no era pequeña sino más bien rolliza como el alfiletero del cajón de costura. Los niños y sobre todo el afectado en cuestión giraron la cara hacia el perrito y dejando atrás a la abuela siguieron calle arriba. Sacando un poco más el cuerpo podía ver al vecino entrando al edificio. Era tan cicatero que de no haber vivido en un quinto no usaría el portal ni las escaleras ni mucho menos el ascensor y entraría por sus ventanas para ahorrarse al pago de la comunidad.
No