logotipo

img_google
Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
Canto de grillos

'Perros, oigo ladrar a los perros,
oigo ladrar a los niños-perro y
a sus dioses que sin voces me
hacen huir más allá
pero mucho más allá
de mi lugar de entierro'.


Voy a escondidas a la farmacia, avergonzado de estar enfermo. Cualquier día alguien conocerá al farmacéutico o, mucho peor, me verán entrar y salir cargado de munición fungicida. Siento que la gente me mira doblemente por andar precisamente atormentado.
Todas-las-monedas-han-caído-en-la-acera. Hasta llevar dinero encima me hace sentir culpable. Es un suelto de veinte y de cincuenta. Meto los medicamentos en la mochila e intento contar los pasos con tranquilidad para que mi dirección no se acelere de manera sospechosa. Joder, ¿por qué no tengo una farmacia más cerca? Todas las madrugadas salgo a tirar los comprimidos usados envueltos en papel de plata y luego metidos en una bolsa, como cuando era pequeño y envolvía la comida que no me gustaba en una servilleta, iba a la cocina en un descuido a por otra servilleta y mi plato había disminuido graciosamente hasta la mitad. De noche se oye todo en esta casa y se oye discutir a los grillos, cantando a voz en grito cuál de ellos está más solo. El que suena ahora soy yo, cantando mi desierto en una pastilla efervescente.

(Cabecero, canción Hummo de Joaquín Calderón. Fotografía: obra de Santiago Ydáñez, sin título, 2005, 70x70)
No