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Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
Mi infinita multitud

'Nadie me puede salvar.
Nadie me escucha gritar'


Mi infinita multitud ha poblado habitaciones de invitados, ha llenado mesas con el nombre de comensal, ha echado de menos hasta enemistades y se ha sentado en lugares que para entonces fueron su sitio. Mi infinita multitud ha hecho de mi cabeza una pareja de esclavos, dos caras embrutecidas que se contradicen en su mayoría. El esclavo uno dice 'quiero', el esclavo dos dice 'aborrezco'. El esclavo dos dice ‘me apetece’ y el esclavo uno sabe que me aburre... Mi infinita multitud ha contado con un surtido de sombras y un variado almacén de compañías. Era yo a veces bella, era a veces detestable, casi siempre multitud. Un montón de yoes se despabila a mi vera cada mañana, me marean las direcciones y argumentan con toda la seguridad que están en su juicio. Sé que he digerido con un solo estómago lo que entraba por un público de bocas (en esos momentos más me hubiera valido ser vaca) y sé que, cuando beso, empiezan las disputas y las broncas, los a favor y en contra que hacen periódicos y conversaciones en mi infinita, mi titánica y chillona multitud.

(Cabecero, canción de Elena Bugedo 'Eléctrica'. Fotografía de David LaChapelle)
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