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Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
Huesos

'Todo lo que diga está de más,
las luces siempre encienden en el alma'


Lo veía entrar crujida la mañana. Pedía un café y dejaba el libro marcado por la barra. La marca era un tique de metro un día, una factura otra, una postal de Delaroche el martes que llegó tan acelerado. Los libros eran frecuentemente médicos y ahora estaba leyendo El leng… los hu… Ahora: El lenguaje de los huesos. Reconozco que aquella mano estaba hecha para algo más que velar títulos. La lista de usos me la guardo para librarnos de un escandaloso inventario. Lo alcancé por el lado izquierdo:
- ¿Sabe usted? Tengo una costilla no sé si la quinta o la sexta que se me mete adentro justo cuando lo veo pasar la puerta. ¿Es grave esto?
Sonrió como si acabase de aprender a mover los labios y no supiese bien cómo colocarlos.
- ¿La conozco? Bueno, sé que viene usted por aquí pero…
Ahora casi sonrío yo: ¡no ser olvido es ya una cosa grande!
- Soy la gata maullando en el tejado. Usted es un turista con paraguas bajo el sol.
- De tú, por favor. Yo soy un edificio grande y espacioso. Tú ese color que siempre hay que reponer del lapicero.
- Huesos, ¿eh? – y ese fue el minuto elegido por los huesos de la tierra para declinar todo su peso en mis rodillas, tensarlas y besarlo. – Los míos hacen un triángulo: en un vértice los tengo, en otro los bato y en otro se parten. Este beso, ¿no crees sonó a fractura?
Me llevó a curarme por la cuesta del mercado. Todos los árboles se habían alzado para dejarnos asiento horizontal y las joyerías se fueron llenando de piezas inservibles.

(Fotografía: obra de Kiki Smith, fountainhead, 1991)
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