Vergüenzas y virtudes

‘Fue como morder una uva sin piel’.
Nada más habíamos dejado las cucharitas por la mesa y ya empezaba a adivinar un futuro inmediato de hiperventilación, una tarde desprovista de vergüenzas y virtudes. Le olía la piel a quemazón de playa, a la cerca de brezo de debajo de la iglesia o casi más al cajón en que mi madre guardaba todos los encajes claros. Me quedé hecho miseria cuando con toda la calma se bajó las medias y las hizo de patria tiradas en pleno comedor. De pura cobardía levanté la mirada cruzándome con esos ojos que emponzoñaban lo que me quedaba de humano. Con todo el veneno de un adelfal me acercó su pecho, lo dejó frotado en mi camisa y me deshizo el oído:
- Ya no podemos jugar como el resto. Hemos crecido Alvarito, ven que te enseñe.
Comentario:
Recuerdo el disco de Mozart que me regalaron mis colegas del conservatorio cuando cumplí quince años, qué risa. Estoy bailando en mi cuarto con el Mambo Caliente de Sandoval. Estoy celebrando mis treinta. Sé que es estúpido pero me apetece celebrarlo siete meses después y a mi manera, sin nadie, es la única forma de celebrarlo de verdad, así que sigo con mi baile. Luego, vendrá el convite! Un beso donde más calor haga.





