Capitales pecados

No tengo el gusto de conocer los pecados capitales.
Sólo algunas tardes en que sigues deambulando carne
y distrayendo ascensores
me planteo la posibilidad de pronunciar en vano.
Y en vano pronuncio llamadas a la temperatura,
en vano pronuncio vocales para tu nombre.
También algunas noches miento por el octavo
y digo tantos embustes que me entra sueño
y digo, me miento, me hago creer que esta mano es tuya.
Y las mañanas pares deseo lo que es del prójimo
queriendo tu cama, queriendo tu cuchara, queriendo tu ropa.
Sobre la hora de comer cometo el hurto
de quitarte esta boca que es tan tuya,
de robarte mi tiempo que es tan tuyo...
Y(esto lo diré bajito): a diario te amo sobre todas las cosas
y sí,
yo sé que no eres Dios.
Pero de pecados capitales, no he oído hablar más que en boca
de quien no puede traerte y
de ellos no quiero saber nada.
Comentario:
¡Plas plas plas plas! Me quito el sombrero, la melena y el cráneo. Maravilloso.





