logotipo

img_google
Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
En el sótano de Babel

Nacieron espigas dorsales en este campo santo,
y la libido que monto galopaba intravenosa
y tarde o temprano se hizo de día y fue más tarde que temprano
cuando llegó aquél taxi que no quiso llevarnos “tan lejos”.
Cruzaba la ciudad el pliego de tus piernas
directo al sótano de Babel.
Y entonces estuvimos caminando sin zapatos
temiendo en secreto de Estado nuestra dirección.
No sé si recuerdas aquella mañana a la inversa
en que dormimos en vez de almorzar
dejando un sudario regado de todos nuestros olores.
Resurrección fue la autopsia
y no volvieron a saber de nosotros hasta el lunes por la tarde
pero ya era tan viceversa lo que nos quisimos
que ninguno entendió de lo que hablábamos.
Y nos miraban atónitos lo que podrían ser todos
si nos hubiéramos contado nosotros,
que ya no estábamos porque habíamos resucitado.

 
Comentario:
De la muy envidiable belleza la muy serena mirada azul que iluminara la aquella noche aquella en la que la luna que de la aquella manera encharcara de por mi alma que de hasta ahogarla viva hasta ahogarla en mis penas en mis palabras de hasta ahogarla como quien ahoga la vida como quien ahoga cien cabras cocidas cien cabras cien vacas que hasta despellejarlas tira que tira que hasta de ahogarla como quien no quiere la cosa que hasta que me ahogaba yo mismo con una nube con una mariposa que alcancé del mismo cielo del mismísimo pecho de la aquella criatura envidiable que de tan serena belleza tan serena mirada que aún no sé cómo que de por mi alma cruzara de un lado a otro del mismísimo hasta el mismísimo odio un amor tan grande tan inmenso que tan hueco tan como el bicarbonato de sodio aquel que arremangara el cariño o arremangara el sexo lo arremangaba todo que hasta el mismo que en mitad del mismo cariño del amor y las lágrimas que cruzaran el charco que del alma de un niño se habían derramado de por entre la alfombrilla una ventana lluviosa que de un coche bajaba de por entre unos besos que nadie sabe esconder que nadie sabe diosmío diosmío diosmío acaso por qué acaso no estaba bien o estaba estuvo o estuviera en otra cosa acaso en Oporto acaso La Rioja acaso un vino raro en Burgos el Ocaso que quiso otras cosas que si acaso quiso el destino si quiso que sí si quiso que no qué no daría yo por volver a embelesarme de la aquella locura rubia qué no daría yo por volver a envolverme de la aquella su maldad hasta acariciar su la aquella alma arrugada de la que tanto. Llora... (suenen los tambores)
No