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Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
El pianista de Babel


«En las noticias sobre el Pianista se indica que sigue hospitalizado, “porque sería peligroso dejarle salir en su estado mental”. Efectivamente, nada podría desordenar más nuestro mundo plúmbeo que un artista frenético, capaz de entrar en cualquier espacio y atacar un piano.» Fernando Castro.

Sabemos de este hombre un 7 de abril, un pianista obsesivo de manos virtuosas que no entiende ninguno de los idiomas en que se le dirigen más que el idioma de la música. Ahora bien es cierto que las notas son un medio de comunicación… Dibuja con destreza un piano y una bandera parecida a la de Suecia. ¡Que le traigan un piano! Y la androfobia que desplegaba en esa ansiedad por arrinconarse lejos de cualquiera de “nosotros los amusicales” parece dar paso a una seguridad pasmosa, un desbloqueo libre de espanto ante las teclas blanquinegras del instrumento: Tchaikovsky, Chopin, Beethoven, Bach, son un repertorio echando de menos al Schumann de duchos dedos que enojó a tantas generaciones de pianistas con sus sufridas composiciones casi imposibles de ejecutar y que produjo esos tempranos dolores “psicofisiológicos” en su mano derecha (Schumann: The Inner Voices of a Musical Genios de Peter Ostwald). El hecho es que el reconocido maníaco-depresivo, alcohólico e hipocondríaco de Robert Schumann (que nombraba sus estados de ánimo con los pseudónimos de Florestán y Eusebio), buscaba en su dolor la aprobación de su maestro, Friedrich Wieck para casarse con su hija Clara. Este caso en la mano bien pudiera ser una dolencia real conocida como el síndrome del canal carpiano, bien pudiera ser un intento de grito por la compañía de la dama. El caso del Pianista bien pudiera ser una amnesia post-naufragio, bien una intrincada estrategia por obtener fama a costa de un drama propio del diario de Patricia o aquella película de Charles Dance, "La última primavera": un violinista víctima de un naufragio también aparecido como el Pianista en las costas de Cornualles y que supera con paciencia los problemas idiomáticos… Y si Schumann produjo dolores de cabeza en sus discípulos, este hombre da compromisos morales sobre el riesgo de dejarlo fuera del hospital. Un virtuoso es sin duda, un problema mundial, una traba social que acabaría con la estabilidad mentalmente mediocre de Europa. A este niño, que lo tachen de loco en vez de ponerle todas las estrellitas en la calificación general de las notas del colegio, que un piano… es una mala lengua.

Todo esto me recuerda que esta mañana vi una mujer en silla de ruedas con dos garfios en vez de manos. Pero la seguridad social tiene dinero para pagar una operación de transexualidad…
 
Comentario:
Te documentaste bien. El caso del pianista es un misterio de los muchos que existen y se producen en la vida. No es el único. Posiblemente sea una de esas "inteligencias sectoriales" de las que habla José Antonio Marina...sólo sabe tocar el piano en plan virtuoso, sólo alcanza la música, como el que sólo sabe jugar maravillosamente al ajedrez....y para el resto es una nulidad. Algún día entenderemos lo del joven pianista.
En cuanto a lo de las operaciones de transexuales....habría para otro post. ¿No te parece?
 
Comentario:
Hay cosas como esas que no se pueden entender, quizá poruqe no queremos entenderlas, pero de cualquier forma, es sólo uno de los muchos matices que tiene una sola historia.
No