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Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
Discordias


La más firme dirección de mi resuello,
la discordia de querernos los contrarios:
de yo querer lo tuyo, de buscarte,
de consumirme tú, de arrodillarte.

 
Comentario:
"... Deje que le cuente el argumento. A lo mejor lo ha leído y puede decirme el título. Es sobre un chico y una chica que habían sido compañeros constantes desde la infancia. Querían estar juntos siempre. Pero el chico era judío y la chica era gentil. Y el padre del chico se oponía tajantemente a que su hijo se casara con alguien que no fuera de su propia raza. Mandó al chico a la universidad. Pero al poco tiempo, el padre murió y el chico volvió y se casó con la chica. Vivían juntos en unas habitaciones encima de una pequeña librería que el padre le había dejado al chico. Habrían seguido juntos perfectamente felices a no ser por una cosa: la librería proporcionaba poco más de lo escaso para vivir, y la chica era ambiciosa. Ella adoraba al chico, pero su descontento aumentó y continuamente metía prisa a su marido para que se dedicara a algún negocio más rentable. Pero el chico era muy diferente a la chica. La quería tanto que haría lo que fuese por ella, pero era incapaz, por lo que fuera, a renunciar a la librería que había pertenecido a sus padres."
No