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Dime Oliverio, ¿encontraste ya a la que vuela?
Acerca de
“(…) lo que me hizo avanzar es que no podían calmarme. Ya sabéis que a ciertos niños tranquilos les dan bombones y están contentos. Sin embargo, algunos de nosotros, incluso durante la infancia, siempre quisimos otra cosa: lo que la vida ofrece realmente.” Louise Nevelson
Sindicación
 
Telegrama

¡El timbre! Me igualo los hombros de la blusa y abro en un golpe seco que deja entrar el aire del rellano. Huele a sello lamido, es el cartero y esa tez marrón de huevo de alondra que me habla en una sola clave:
- Telegrama para la señorita.
Las primaveras se habían ido llamando unas a otras en el tiempo: por fin había respuesta. El latido de mi corazón era tan intenso que pensé que sacudiría todo el edificio. Me pulsaba las mejillas, golpeaba rítmico mis extremidades cilíndricas, presionaba mi cabeza como un compás violento, como alguien que estuviera siendo perseguido y llamase a la puerta insistentemente: pom pom pom. Toda la espera se desparramaba en mi mano derecha, temblando vibrato, cada dedo por un lado para agarrar el papelito.

Olvídalo todo STOP no quiero verte más STOP.

El cartero se fue y el mundo le siguió escaleras abajo. Yo ya no poblaba nada. Minutos después cayó mi cuerpo, quebrado como una caña.

No