Gris vulgar

También esta mañana volvería a hacerse la dormida con esa estudiada cara en reposo que había visto en las películas y cabecearía de vez en vez cuando él intentara despertarla para darle un toque de credibilidad. Lo hacía esperando que él trajese el desayuno a la cama. Pero no lo hizo, de hecho, en once años de matrimonio nunca lo había hecho, aunque eso no la hacía desistir en el intento. No estaba mal del todo, desayunar cuando él se iba le daba derecho a poner la radio muy alta y cantar somewhere over the rainbow… entre tostada y café. Levantada de la mesa veía aquél recorte de ciudad, un rectángulo con alféizar que apenas si dejaba ver un trozo de cielo, de un tono gris vulgar, como casi todo centro de ciudad. Presentó medio cuerpo por la ventana y miró a la calle recién amanecida. Repelentes niños ralflaurenados iban de la mano de una madre con perrito. –Pero qué preciosidad, te pareces mucho a tu madre, esa carita pequeña…- evidentemente aquello era un cumplido con mucho hollín por encima, la carita no era pequeña sino más bien rolliza como el alfiletero del cajón de costura. Los niños y sobre todo el afectado en cuestión giraron la cara hacia el perrito y dejando atrás a la abuela siguieron calle arriba. Sacando un poco más el cuerpo podía ver al vecino entrando al edificio. Era tan cicatero que de no haber vivido en un quinto no usaría el portal ni las escaleras ni mucho menos el ascensor y entraría por sus ventanas para ahorrarse al pago de la comunidad.
Oposiciones

Suspendí las oposiciones
a la mujer de tu vida.
Dicen que se aprueba por enchufe
y ni durmiendo en tu cama
conseguí la plaza fija
entre tus brazos de azufre
y tu concejo teatral.
Hoy ya no gasto la fama
de ser señora de Adán.
Oposiciones a vedette,
a gata callejera,
a amor de garrafón
a pendenciero perro,
a hierba, ajonjolí,
oposiciones a crucero.
Oposición a barra libre,
a golpe de mortero,
a prohibición, a enfermedad,
a lagrimero.
Oposición a túnel largo,
a piedra en el camino
a Trinidad, a santa,
a eco mañanero o vespertino.
Oposiciones a cobista,
a una panza con ranas,
a clarinete, a retratista,
oposiciones a mentira,
a un split sin banana
a calor, a sabor, a fornarina.
Suspendí las oposiciones
a la mujer de tu vida.
Dicen que se aprueba por enchufe
y ni durmiendo en tu cama
conseguí la plaza fija
entre tus brazos de azufre
y tu concejo teatral.
Hoy ya no gasto la fama
de ser señora de Adán.
(Fotografía de Robert Longo)
Abril o eso dicen

«-¿Qué día es hoy?
-Domingo- dijo él, metiéndose bajo el edredón y colocando la bandeja sobre sus piernas.
-Pues no se oyen campanas de iglesia -dijo ella-. Y está lloviendo.
Vincent partió una tostada en dos.
-¿Te importa eso? ¿Sí? La lluvia tiene un sonido tan pacífico... -Sirvió el té-. ¿Azúcar? ¿Leche?
No hizo caso:
- ¿Domingo y qué más? De qué mes, quiero decir.
- ¿Dónde has estado viviendo, en el metro? -dijo él, sonriendo, y se sintió incómodo al ver que ella hablaba en serio-. Ah, de abril..., abril o eso dicen.
- Abril -repitió ella-. ¿Llevo mucho tiempo aquí?
- Sólo desde anoche.
- Ah.»
(Fragmento de 'El halcón decapitado', 1946 de Truman Capote. Fotografía: work nº 287 'Feelings', 2003, Martin Creed)
'Waiting'

«Esperando... esperando... esperando/ Esperando a que alguien venga/ Esperando a que alguien me tome en brazos/ Esperando a que alguien me alimente/ Esperando a que alguien me cambie los pañales... Esperando/... Esperando a ser una niña grande/... Esperando a llevar sujetador/ Esperando a que me venga la menstruación/ Esperando a leer libros prohibidos/ .../ Esperando a tener novio/ Esperando a ir a una fiesta, a que me saquen a bailar, una balada/ Esperando a ser bonita/ Esperando el gran secreto/ Esperando a que empiece la vida... Esperando...
»Esperando a ser alguien/... Esperando a que me desaparezcan los granos/ Esperando a llevar pintalabios, tacones y medias/ Esperando a ponerme guapa, a depilarme las piernas/ Esperando a ser guapa... Esperando... /Esperando a que se dé cuenta de que existo, a que me llame/ Esperando a que me pida una cita.../ Esperando a que se enamore de mí...
»Esperando a casarme/... Esperando a la noche de bodas/... Esperando a que llegue a casa para llenar mi tiempo.../Esperando a quedarme embarazada/ Esperando a engordar la barriga/ Esperando a que se me llenen los pechos de leche/ Esperando a notar cómo se mueve mi bebé/ Esperando a que se me dejen de hinchar las piernas/ Esperando a las primeras contracciones/ Esperando a que las contracciones terminen/ Esperando a que saque la cabeza/ Esperando su primer grito, tras nacer/... Esperando a amamantar a mi bebé/ Esperando a que mi bebé deje de llorar.../Esperando a que él me diga algo interesante, a que me pregunte cómo estoy/ Esperando a que deje de refunfuñar, a que me busque la mano y me dé un beso de buenos días /Esperando la realización...
»Esperando a que mi cuerpo se vuelva feo/ Esperando a que se me caigan las carnes/... Esperando a que me visiten mis hijos/ Esperando a que mueran mis amigos.../ Esperando a que desaparezca el dolor/ Esperando a que acabe la lucha.../ Esperando...»
(De la performance 'Waiting', 1970 donde la autora, Faith Wilding se sienta con las manos sobre el regazo y comienza a recitar todas las esperas de la mujer mientras se balancea. Fotografía: ‘Reheated’ de Patricia Piccinini, 2002)
Canto de grillos

'Perros, oigo ladrar a los perros,
oigo ladrar a los niños-perro y
a sus dioses que sin voces me
hacen huir más allá
pero mucho más allá
de mi lugar de entierro'.
Voy a escondidas a la farmacia, avergonzado de estar enfermo. Cualquier día alguien conocerá al farmacéutico o, mucho peor, me verán entrar y salir cargado de munición fungicida. Siento que la gente me mira doblemente por andar precisamente atormentado.
Todas-las-monedas-han-caído-en-la-acera. Hasta llevar dinero encima me hace sentir culpable. Es un suelto de veinte y de cincuenta. Meto los medicamentos en la mochila e intento contar los pasos con tranquilidad para que mi dirección no se acelere de manera sospechosa. Joder, ¿por qué no tengo una farmacia más cerca? Todas las madrugadas salgo a tirar los comprimidos usados envueltos en papel de plata y luego metidos en una bolsa, como cuando era pequeño y envolvía la comida que no me gustaba en una servilleta, iba a la cocina en un descuido a por otra servilleta y mi plato había disminuido graciosamente hasta la mitad. De noche se oye todo en esta casa y se oye discutir a los grillos, cantando a voz en grito cuál de ellos está más solo. El que suena ahora soy yo, cantando mi desierto en una pastilla efervescente.
(Cabecero, canción Hummo de Joaquín Calderón. Fotografía: obra de Santiago Ydáñez, sin título, 2005, 70x70)
Capote y todo lo rechazado

'En la ribera opuesta, un colibrí agitaba sus alas invisibles y se comía el corazón de un lirio tigrado gigante.'
Cuando yo como, también intervienen en el acto todos los alimentos que no toco y cuando me siento, funcionan además los lados en círculo sobre los que no me asiento. Todo lo rechazado tiene función en lo escogido y forma parte de mis actos. Todo lo que no uso actúa sobre lo que hago. Así se sucede una lista garrafal de omisiones que repercuten en mis circunstancias, que inciden de alguna manera en la razón de todas mis elecciones. Si digo negro, el blanco tiene un papel. Si digo él, tú tienes otro sitio no menos importante. Si el colibrí escoge lirio, mi corazón no es por eso menos significativo, ni, por supuesto deja por ello de conmoverse. ¡Capote me ha emocionado!
(El cabecero es una frase extraída de La leyenda de Preacher, 1945, cuento de Truman Capote)
Etiquetas: capote
Herzensschatzi komm
Emma Hauck (1878-1928), paciente esquizofrénica de Hans Prinzhorn escribía cartas como esta a su marido. En todo este sinsentido, la intensidad no era tanto caligráfica como afectiva:
«En estas cartas a su esposo descubrimos las repeticiones obsesivas de un simple imperativo: komm (‘ven’), Herzensschatzi komm (‘mi vida, ven’), etc.»
(Fotografía: Carta al marido, Emma Hauck, 1909. Cita del libro ‘Outsider Art. Alternativas espontáneas’ de Colin Rhodes)
Pongo mi confianza en ti
Porque estas cosas son así y uno decide en quién volcar su confianza y porque además, creo que el video es genial.
Bas Jan Ader

«Ader envió esta fotografía en formato postal a sus amigos y conocidos. En el reverso sólo aparecía la fecha y el mensaje ‘Estoy demasiado triste para explicártelo’. Algunas otras frases que escribió en esa misma época fueron ‘El espacio que nos separa aflige intolerablemente mi corazón’ y ‘Los pensamientos de nuestras muertes inevitables y separadas afligen intolerablemente mi corazón’. […] ¿cómo logra Ader convencernos de su sinceridad? A través de la negación de información (‘Estoy demasiado triste para explicártelo’). Ader crea una sensación de falta de límites en el extremo y el origen de la aflicción, un espacio imaginativo que nos vemos obligados a llenar con nuestra propia experiencia de la tristeza.»
(Del libro ‘El cuerpo del artista’ acerca de Bas Jan Ader y la fotografía mostrada: I’m Too Sad to Tell You, 1970)
Mi infinita multitud

'Nadie me puede salvar.
Nadie me escucha gritar'
Mi infinita multitud ha poblado habitaciones de invitados, ha llenado mesas con el nombre de comensal, ha echado de menos hasta enemistades y se ha sentado en lugares que para entonces fueron su sitio. Mi infinita multitud ha hecho de mi cabeza una pareja de esclavos, dos caras embrutecidas que se contradicen en su mayoría. El esclavo uno dice 'quiero', el esclavo dos dice 'aborrezco'. El esclavo dos dice ‘me apetece’ y el esclavo uno sabe que me aburre... Mi infinita multitud ha contado con un surtido de sombras y un variado almacén de compañías. Era yo a veces bella, era a veces detestable, casi siempre multitud. Un montón de yoes se despabila a mi vera cada mañana, me marean las direcciones y argumentan con toda la seguridad que están en su juicio. Sé que he digerido con un solo estómago lo que entraba por un público de bocas (en esos momentos más me hubiera valido ser vaca) y sé que, cuando beso, empiezan las disputas y las broncas, los a favor y en contra que hacen periódicos y conversaciones en mi infinita, mi titánica y chillona multitud.
(Cabecero, canción de Elena Bugedo 'Eléctrica'. Fotografía de David LaChapelle)
Basta con un verano

- ¡Julián, vuelve hijo, que está refrescando!... Está bien triste. La niña esa se ha vuelto para el pueblo. No me come nada ¡ni haciéndole las migas con chícharos! que mira que le gustan. Yo no sé que tenía la cría que me lo ha dejado a mitad, se ha llevado un trozo de mi hijo, el trozo alegre entiéndeme y mira lo que ha quedado, un despojito, un niño flaco y mudo que eso es otra, a ver quién le saca palabra. Bendito amor el de los críos que se quieren morir a los trece detrás de una falda con arena.
- ¿Qué ha sido sólo el verano?
- Pues ya ves, un verano basta para matarlo. ¿Quieres llevarte tomates?
- No, aún me quedan. ¿Y dices que no habla?
- Bueno, para pedirme dinero. Se va a la tienda y se compra los crucigramas esos que vienen con el periódico. Y mira, todos los huecos los llena con el nombre de la niña.
El amor loco

«¡Maldito sea todo cautiverio, sea en nombre del dios universal, o aun en los jardines de piedras preciosas de Montezuma! Hoy aún sólo espero lo que viene de mi propia disponibilidad, mi sed de pulular al encuentro de todo, confiado en que me mantenga en comunicación mística con los otros seres disponibles, como si fuéramos llamados súbitamente a reunirnos. Desearía que mi vida me dejara sólo después de escuchar el rumor de una tonada de centinela, de una canción para engañar la espera. Independiente de cuanto se logre y malogre, lo magnífico es la espera misma».
André Breton, ensayo lírico L’Amour fou , 1937 (‘El amor loco’). Fotografía: Champion, 2005 de Charlie White.
La guerra sin Mambrú

De tener la pasión nada a la vista, escondida como las botellas de lejía bajo el fregadero, a tenerla expuesta, digna mujer del césar. Voy del dicho al hecho en menos tiempo al que acostumbraba y hago de Jauja mi ciudad natal y… de trabajo. Otro gallo canta en las mañanas que me atienden desde que me visto con estas camisas de once varas, estas camisas estampadas de temporales vínculos.
De tener una pasión unidireccional… a hacer la guerra sin Mambrú.
(fotografía: Rage, Adam Bartas)
Lo último

“Nuestra estirpe siente una extraña atracción por “lo último” o “lo perdido”. El valor que se otorga a vivir algo que podrá ser aprovechado por generaciones venideras, no es nada en comparación con el valor de haber visto algo que más tarde se derrumbará. El que mira el último, mira mejor. De la misma manera, es bastante común que entre los familiares se disputen el honor de haber sido el último en hablar con el fallecido”.
Maya, Jostein Gaarder.
Etiquetas: maya
Ay, Sandunga

Te estoy escuchando como el león que eres, no sabría de otra manera. Me vas aliñando los silencios con alguna sonrisa muda y me dejas el iris en continua evolución, aullando por un choque macilento, un semicasual cruce de miradas.
Ay Sandunga, Sandunga mamá por Dios, Sandunga no seas ingrata, mamá de mi corazón… Suena en tarareo La Sandunga y voy, como los cuervos, picoteándote palabras, haciendo accesoria hasta la amistad, cosechando la infección que acabará por afectarnos. Y luego tú, completamente enfermo de mí, haces creerme que podría ser otra, que tu elección es fortuita y baladí. Pero tú ni siquiera me elegiste: nuestros encuentros son un contagio, una lesión cardiaca, una debilidad entre dos, tan compartida como el aceite de los bares.
Etiquetas: sandunga
No agradamos

'Señora Barry, debéis adquirir la habilidad de ignorar a quienes no agradáis. En mi experiencia aquellos a quienes no agradamos se dividen en dos categorías: los estúpidos y los envidiosos. A los estúpidos gustaréis dentro de poco; a los envidiosos, jamás.'
(Diálogo de la película The libertine, 2004. Fotografía: obra de Jacqueline Fraser, exposición The Ventriloquist, 2005)
Desde Barba Azul

No sé a santo de qué iglesia ni a cuento de qué Perrault has dejado de escribirme. Tenías unas letras tan puntuales y deliciosas… que es una pena que las destierres a anotaciones esporádicas, alguna ocurrencia o a una falta en la despensa. Me asomo con ojos de buzón y me contesta Ana desde Barba Azul:
‘No veo más que el sol que resplandece y la hierba que reverdece’
Espero que tengas una explicación sostenible para tanto disparate y tanto apetito de parvulario, tanto negocio pueril, tanto insano trato con los relojes de mano (que, como ocurre siempre, van de otra mano). Multado por mi parte hoy salgo al encuentro de la misericordia, alargo el hocico, hurgo, remuevo la basura ortográfica que tengo por reino.
‘No veo más que el sol que resplandece y la hierba que reverdece’
Soy diosa de un país analfabeto al que ya no escribes. Al que no regresas.
(Fotografía: 'Corridor', 1995, video de 30 min. Craig Kalpakjian)
Suspiro de Alivio

Suspiro de Alivio era un tipo orondo y obediente, un cordero doméstico con voluntad balsámica demasiado ocupado en morirse. Cuando toda la tarde o al menos gran parte se travestía de ropa oscura y un maquillaje violento de estrella, sus perros (los de su talento), le mordisqueaban la entrepierna dándolo por perdido, dándolo por muerto.
Suspiro de Alivio vivía en la entreplanta de todo y era desde hacía años, miembro con honores de la brigada antiesfuerzos. Era un hombre nada común inserto en la comunidad y estaba, cada día, más y más ciego:
La estancia en prisión afianza al artista en su rol marginal. ‘Una naranja era la única luz’...
Cuento de amor del yo *

Mi cuerpo de llaga, avenida chica,
hipado de aire y preñado de carne,
vestida la columna de bastón
se estudia el final de todo
y no puede tocarse.
Mi cuerpo de promesa, de cielo rojo,
calco de cestera, peineta de alambre.
Como cigarra berreando se ahueca la panza
y tirado por remos, cinco en cada mano
se sirve a espuertas amor.
La prepena, la preausencia, el prelloro,
todos van de trenza
en comunión atados
profesando futuro,
heriendo de cruces
al cuerpo amado.
Y yo digo: ¡Enciéndete!
y se abre de luces
cuerpo de garabato,
y yo digo: ¡ahora!
y enrojece torpe
la culpa del calor...
(*El título está extraido de una frase de Vergine en Il corpo come linguaggio. Fotografía: Mayte Vieta, Silencio, 2005)
(*El título está extraido de una frase de Vergine en Il corpo come linguaggio. Fotografía: Mayte Vieta, Silencio, 2005)
Un ejemplo de ausencia

Vas de mi memoria
saliendo poco a poco.
Te empujo como puedo
acercándote cada vez más
a la religión que me enseñaron en el colegio:
Lejos...LEJOS.
Te abandono en la mísera casa de lo despojado, lo desquerido, lo deshecho ...el deshielo.
Todo esto es, sin discusión,
un ejemplo de ausencia.
(Fotografía: Untitled, (Madonna), 2006 de Andrew Mania.)
El telediario de las 21.00

Parecía que todas las naranjas de la calle vinieran a estrellarse a nuestra puerta: ¡apunten, FUEGO! Me imagino un complot de pulpas... O eso o éramos los únicos que no limpiábamos la entrada a la casa. Llego, como todos los días de trabajo con las manos lineadas de barra de labios: chocolate, rojo intenso, melocotón. Y huelo a batido de colonias.
Te veo desde anoche reiteradamente en mi cabeza, hormonalmente clonado y repartido, dilatado en mi camastro neuronal.
Voy tanteando sin luces el pasillo y busco la tele. La enciendo y aparece aquél hombre de chaqueta maestro en contar con esa boca historias de guerras y porcentajes, paro nacional, usos del móvil, inglés para estudiantes o incluso goles brasileños. Ese hombre sabe leer cosas fascinantes y contarlas de manera fascinante.
Otra vez tú, no tú, tu boca llena de pereza, intimando con todo lo que quise tapar con ropa. Y el noticiario hablando de treguas. Y yo recordando batallas: la campal entrega de tus extremidades, la extensa pausa de la tranquilidad.
(Fotografía: Sarah Lucas)
(Fotografía: Sarah Lucas)
Canción de invierno y de verano
