21 lunares

El autobús lloró al girar la esquina. Su chillido era igual a las lágrimas de un perro grande:
- Ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. ¡Ha vuelto el hijo pródigo!- dije mientras me levantaba del sillón.
Me miró con esa cara de intratable del lunes por la mañana, me dio un beso judaico en la mejilla y Carlitos la hizo rotar para tirarse a mis brazos.
- Ya se ha terminado todos los libros que le compraste. Quiere que le expliques qué es una fresquera. Se va a quedar tres días.
Dejó las llaves en la mesita haciendo un clin en la bandeja. Llevaba puesta esa pulsera que le compré por nuestro día. A mí me regaló una de esas camisas con botones cosidos a la etiqueta por si se pierden los originales. Seguía emanando sensualidad en botellas grandes y aquellos tacones tan altos me hacían temer que se hubiese vuelto una Magdalena no tan penitente.
Una vez leí que un adulto tiene un promedio de entre 15 y 20 lunares en el cuerpo. A ella le recordaba veintiuno. Mi plan era llegar a ocasionar un nuevo recuento (por si los años). Era mi maniobra más inútil: esperar el invierno para luego… esperar el verano. Y que nunca pasase nada. En el reparto me quedé con las noches que albeaban con sus pies a mi vera. Ella se quedó con Carlitos.
El estado de jamás

« - ¿Cuándo volveremos a casa?- le preguntaba a menudo a mi padre […]
- Jamás.
El diccionario me confirmaba que aquella respuesta era terrible.
Jamás era el país en el que vivía. Era un país sin retorno. No me gustaba. Japón era mi país, el que yo había elegido, pero él no me había elegido a mí. Jamás me había designado: era súbdito del estado de jamás.
Los habitantes de jamás no tienen esperanza. El idioma que hablan es la nostalgia. Su moneda es el tiempo que transcurre: son incapaces de ahorrar y su vida se dilapida hacia un abismo llamado muerte y que es la capital de su país.
Los jamasianos son grandes constructores de amores, de amistades, de escritura y otros desgarradores edificios que contienen su propia ruina, pero son incapaces de construir una casa, una mirada, ni siquiera algo que se parezca a un hogar estable y habitable. Sin embargo, nada les parece tan digno de codicia como un montón de piedras convertidas en su domicilio.»
(Fragmento del libro Biografía de hambre de Amélie Nothomb.)
Huesos

'Todo lo que diga está de más,
las luces siempre encienden en el alma'
Lo veía entrar crujida la mañana. Pedía un café y dejaba el libro marcado por la barra. La marca era un tique de metro un día, una factura otra, una postal de Delaroche el martes que llegó tan acelerado. Los libros eran frecuentemente médicos y ahora estaba leyendo El leng… los hu… Ahora: El lenguaje de los huesos. Reconozco que aquella mano estaba hecha para algo más que velar títulos. La lista de usos me la guardo para librarnos de un escandaloso inventario. Lo alcancé por el lado izquierdo:
- ¿Sabe usted? Tengo una costilla no sé si la quinta o la sexta que se me mete adentro justo cuando lo veo pasar la puerta. ¿Es grave esto?
Sonrió como si acabase de aprender a mover los labios y no supiese bien cómo colocarlos.
- ¿La conozco? Bueno, sé que viene usted por aquí pero…
Ahora casi sonrío yo: ¡no ser olvido es ya una cosa grande!
- Soy la gata maullando en el tejado. Usted es un turista con paraguas bajo el sol.
- De tú, por favor. Yo soy un edificio grande y espacioso. Tú ese color que siempre hay que reponer del lapicero.
- Huesos, ¿eh? – y ese fue el minuto elegido por los huesos de la tierra para declinar todo su peso en mis rodillas, tensarlas y besarlo. – Los míos hacen un triángulo: en un vértice los tengo, en otro los bato y en otro se parten. Este beso, ¿no crees sonó a fractura?
Me llevó a curarme por la cuesta del mercado. Todos los árboles se habían alzado para dejarnos asiento horizontal y las joyerías se fueron llenando de piezas inservibles.
(Fotografía: obra de Kiki Smith, fountainhead, 1991)
¡¡Promesa a mis acreedores!!

Sí, ya sé, debo notables tantos por ciento a cada uno de mis fiadores. Serenidad, que hoy prometo. Corresponde, por ejemplo, al bienestar, una manía menos persecutoria y a mi impaciencia, un poco menos de presión. A mi curiosidad, un poco más de tino y a mi cuerpito, algo más que fálicas proposiciones. A mi lógica, comulgar más con mis ideas y a mi razón le debo sin duda, un poco más de caso. Cuando esta vida macha me ponga la alianza, o cuanto menos, me deje entrar en alguna de sus fiestas, prometo devolver con creces lo debido para comenzar otras deudas. Para entonces deberé en los antros y en la zona azul, pero ya sólo será dinero. ¡Créanme!
(Fotografía: collage de Beatriz Milhazes, Ouro Branco)
Vergüenzas y virtudes

‘Fue como morder una uva sin piel’.
Nada más habíamos dejado las cucharitas por la mesa y ya empezaba a adivinar un futuro inmediato de hiperventilación, una tarde desprovista de vergüenzas y virtudes. Le olía la piel a quemazón de playa, a la cerca de brezo de debajo de la iglesia o casi más al cajón en que mi madre guardaba todos los encajes claros. Me quedé hecho miseria cuando con toda la calma se bajó las medias y las hizo de patria tiradas en pleno comedor. De pura cobardía levanté la mirada cruzándome con esos ojos que emponzoñaban lo que me quedaba de humano. Con todo el veneno de un adelfal me acercó su pecho, lo dejó frotado en mi camisa y me deshizo el oído:
- Ya no podemos jugar como el resto. Hemos crecido Alvarito, ven que te enseñe.
¡Felicitadme!
A un día de mis veinte

MIENTE en blanco
y nos dribla el corazón
haciéndonos creer que
sigue bravos caminos de despecho.
Bombardero de Santiago
se las da de asambleísta
en fines de semana
y atranca la cancela
cuando nada le concierne.
Tan peregrino como embustero,
pintado siempre de rojo,
(acicalado y con remiendos)
es, a un día de mis veinte,
un núcleo atómico en dos mitades.
Eduardo Mazo

De chiquitita, y paseando por Ramblas, nos encontramos con un argentino moreno, cuarentón para entonces, 1.76m, 68 kilos y ojos marrones. De tanto que hablaba le compramos un libro de epigramas y, por lo que por entonces me dejaron ojear, deduje que estaba bien loco. Se llama Eduardo Mazo y hoy descubro que aún vive y colea, que además está informatizado y que sigue diciéndo cosas como esta:
He aprendido a construir formas chinescas:
una mano eres tú,
con la otra
te hago de todo.
(Fotografía: obra de Assume Vivid Astro Focus, Edar and Gerard, 2003)
Lost Girls

He said: "At the end of Peter Pan, Wendy is a grown-up woman, with her own children. Therefore, if this has happened in the normal way, she has presumably had a sexual relationship. It struck me that this seemed like fair game.
Anoche entro en la web del Independent para leer la última columna de Tracey Emin y termino por visitar las novedades de libros. Mi sorpresa, la versión erótica de Peter Pan: Lost Girls. Alan Moore (guionista de La liga de los hombres extraordinarios, igual a mala, pésima o peor) ayudado en la ilustración por Melinda Gebbie, ha dedicado 16 años de trabajo a estas 400 páginas con explícitas confesiones de Wendy, Dorothy Gale, del Mago de Oz, y Alicia, de Wonderland. Hay una escena de sexo en casi cada página, por lo que el autor admite la obra como pura pornografía. ¿A que no imaginabais a estas dulzuras hablando de sexo en grupo? Increíble.
(fotografía de Judy Garland, actriz que interpretó a Dorothy en el cine)
(fotografía de Judy Garland, actriz que interpretó a Dorothy en el cine)
Con orillas de llorar

- Sos uña encarnada, uña doliente. Te volaría en trocitos cuando te la pasás tirado en la calle, con la mano expuesta pidiendo penas diciéndote cansado. Siempre cansado.¡Hay tantas muertecitas pequeñas! Y vos me las trajiste todas en una bolsa. Yo era más feliz cuando te echaba de menos... Pero despreocupate, cientos de palos también traen besos.
En Buenos Aires no hacía mejor tiempo por ser verano y aquél día todos los cuellos llevaban indefectiblemente un pañuelo.
'Mi novia me dio un pañuelo
con orillas de llorar…'
diores y diorísimos

«Pero a esa mezcla se superponía aún más el efecto aromático de la cosmética aplicada con generosidad a las decenas de cuellos y escotes de las invitadas a la boda. Chaneles, diores y diorísimos, joys, victorios y luchinos, loewes y armanis flotaban pastosos y acalorados a la altura de nuestras cabezas, embriagando el ambiente, casi mareándonos a los presentes con sus efluvios a rosa y a especias de Oriente, a zajarí y a mandarina, a azahar y a nardos.»
'La venganza', Fernando Schwartz.
(Fotografía obra de Daniele Buetti, Looking for Love-Good Fellows)
Tanto geranio

'como a un freezbe que vuela
y nunca vuelve.'
(Nicolás da Rocha)
Con la misma maestría con que Vivant Denon dibujaba sus columnas, me fui poco a poco aficionando a mi conciencia. No había geranio que saliese del tiesto y con el tiempo no hubo tiesto donde meter tanto geranio.
Abierta, como una sandía

Está su vida abierta, como una sandía.
Rellena de crema y en flor como un almendro
con una edad de bollería recién hecha
y las piernas tibias hasta la rodilla.
Sólo parece carne cuando está vestida
y se queda quieta de agua de pecera.
Mineralísima y con vitaminas
es una hélice de triunfo
con el vientre tierno lleno de ranas.
Le fríe el sol como un pescaito
sus extremidades pares
y ese cuerpo duro,
cogollo y leche,
ese cuerpo de buhardilla iluminada.
Está brotada… corazón de manzana.
Un don
' No hay una línea muy fina entre el amor y el odio. Está la gran muralla china con centinelas armados cada cinco metros entre el amor y el odio.'
Dr. Gregory House en el tercer capítulo.
La cara de muerto del perro esquinero

-Bendito s'al señor!- dijo Picarolas- ¿quién querría recordarlo con cara de muerto? Con ese tizne azul, ¡todo perfil de la morgue en esa boca abierta de crustáceo fláccido!. ¿Quién le iba a hacer memoria a ese mentón flaco? Yo, lo tapo.
- ¡Quita! ¿Le vas a dar sábana a este perro esquinero y meón de pierna? Su mejor cara es la de extinto, la de días saldados, la de en paz descansen los demás. Yo no me lo pierdo cuajado, que lo que fue vicio mejor recordarlo desierto.
Faropleitos se acordaba de otra cara: - ¿Qué te pasó que te quedaste tan vieja? ¿Es para ponerme fácil el olvido?
Por eso lo bonito, que se marche bien feo… y aquél muerto, que se marche destapado y sin compaña. Ninguna marcha va dejando recompensas por la casa.
- Yo, lo tapo.
(Fotografía de Bruce LaBruce, 2002)
(Fotografía de Bruce LaBruce, 2002)
Me importa un pito
Pero nunca con ellos

Cuando Oliverio te tira de la cama, comienzas a tenerle miedo. Tanto más si no eres primeriza y te habla de sus dudas cuatrimestrales de incógnita procedencia. Si Oliverio te da miedo ¡puedes reirte de tantos hombres! Pero nunca con ellos. Puedes pensar en salvarte con sexo. Pero nunca con ellos. Un cuerpo ajeno es entonces más reconocible que el tuyo propio. ¡Qué tetas más calladas! ¡Qué nalgas más baratas! Ya comprendo los cajones de esta estampa, y los santos cojones de lidiar conmigo.
(Fotografía de Bill Henson)
(Fotografía de Bill Henson)
Soledad no son cien años

Soledad no son cien años,
ni nombre de mujer.
Soledad es cuentita,
Soledad es famosa,
es de puerto y de montaña,
es correcta y es patraña.
Es la copa de aquél hombre
y el hielo de la mía.
Es versión, es capaz,
es buganvilla.
Soledad tiene una secta
y es un dios que me perdone.
Soledad es mejor sola,
es dinero que me sobra.
Soledad me da la mano,
es pedrea, es fulano…
Soledad se ocupa mi lugar,
es puta y siempre viste de mujer fatal.
(fotografía: fragments de fouille - instalación de 1998, Anne&Patrick Poirier)
(fotografía: fragments de fouille - instalación de 1998, Anne&Patrick Poirier)
Palomita
