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Sinceramente Yo
sentimientos, pensamientos... mi vida, un desahogo...Un diario
Acerca de
Recuerdame aunque sea, en un rincón y a escondidas.********** **************************************** Murmuran que hablo poco, alma, los que nada saben de nuestros largos coloquios ********************************* Valgo mi peso en galletas!!!
Sindicación
 
EL CRUCE DEL RIO

- ¡Tengo un cabreo ...!

- Qué te pasa?

- Pues mira: que de aqui tengo que ir a casa de un compañero a llevarle unos apuntes que necesita... y vive muy lejos.

- Mira, Demián ...

- Sí, y alo sé - lo interrumpí-, me vas a decir que yo no "tengo que" nada, que lo hago porque yo quiero, que yo lo elijo y todo eso ... ya lo sé.

- Claro, tú lo eliges.

- Sí, lo elijo. Pero siento que es mi oblligación.

- Muy bien. Yo no cuestiono que tú te sientas obligado, ni cuestiono por qué te sientes obligado. Lo que cuestiono, en todo caso, es que ni ú sepas por qué te sientes obligado.

- Yo sé por qué me siento obligado: Juan es un tó fenomenal y cada vez que yo necesito algo, él está ahí para ayudarme. A mí me parece que no me puedo negar.

- Mira, poder, puedes. En todo caso, lo que sucede es que ...
- ... que me preocupa qué pensaría Juan de mí.

- No, aún peor. Te preocupa qué pensarías tú de ti.

-¿Yo? Me sentiría un indeseable.

- Independientemente de lo que fueras o no si no lo llevaras los apuntes, ¿no te estás sintiendo ya un indeseable por el sólo hecho de tener pereza de ir?

- Sí, supongo que sí.

- Aquí está el problema de los sentimientos de culpabilidad. ¿Ves? La humanidad sufre y se fastidia la vida porque durante doce horas diarias se siente culpable de ser como es ... Y las otras doce horas le fastidia la vida a otro diciéndole lo que tiene ue hacer

- ¡Ah! Ahora sí que ya no sé nada.

- Quizá sea lo mejor. Quizá sin saber nada haya más para aprender.

...

Este cuento me lo contó aquel día, pero en cada uno de esos momentos venía a mi memoria, para recordarme la importancia de no dejar las cosas a medias y de los peligros de ocupar la mente con cosas no resueltas.


"Había una vez dos monjes zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río, vieron a una mujer que lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva.

- ¿Qué te sucede? - le preguntó el más anciano

- Mi madre se muere. Está sola en casa, al otro lado del río, y yo no puedo cruzar. Lo intenté, pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda ... Pensé que no volvería a ver con vida. Pero ahora ... Ahora que habéis apareceido vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar ...

- Ojalá pudiéramos - se lamentó el más joven- pero la única manera de ayudarte sería cargarte a través del río y nuestros vosots de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto. Lo tenemos prohibido ... Lo siento.

- Yo también lo siento - dijo la mujer. Y siguió llorando.

El monje más viejo se arrodilló, bajó la cabeza y dijo "Sube".

La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su hatillo de ropa y subió a horcajadas sobre el monje.

Con bastante dificultad, el monje cruzó el río, seguido por el joven.

Al legar al otro lado, la mujer descendió y se acercó al anciano monje con intención de besar sus manos.

-Está bien, está bien. dijo el viejo retirando sus manos-, sigue tu camino.

La mujer se inclinó con gratitud y humildad, recogió sus ropas y corrió por el camino hacia el pueblo.

Los monjes , sin decir palabra, retomaron su marcha al monasterio. Aún les quedaban diez horas de caminata ...

Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano: "Maestro, vos sabéis mejor que yo de nuestro voto de abstinencia. No obstante cargásteis sobre vuestros hombros a aquella mujer a través de todo lo ancho del río".

- Yo la llevé a través del río, es cierto. Pero, ¿qué te pasa a ti que todavía la cargas sobre tus hombros?".



...


- Cada vez que recibas algo, puede estar en tu ánimo o en el del otro tranasformar ese dar en una deuda. Si fuera así, sería mejor no recibir nada.

Pero si eres capaz de dar sin esperar pagos y de recibir sin sentir obligaciones, entonces puedes dar o no, recibir o no, pero jamás quedarás endeudado. Y, lo más importante: nunca más nadie dejará de pagarte lo que debe, porque jamás nadie te deberá nada.




Cuando hago "cosas" por los demás, me salen de dos manera. O bien de corazón por ayudar, o bien porque una vez esa persona me ayudó y me siento "obligado". Y es lo que dice Bucay "lo transformo en una deuda". Y creo que no es bueno. Porque si no lo hago, me siento mal.

 
Comentario:
Muy bonito el cuento si...y tiene toda la razón, aunque a veces es muy difícil no sentirnos endeudados, o obligados a hacer algo, pero casi siempre, como dice, es porque nos sentiriamos mal nosotros mismos. En fin, el acto altruista debería ser eso, altruista...
Besos!
Pasea por mi isla
 
Comentario:
Me ha encantado el pequeño cuento....un beso gordo....y eso de la barca con agua...sentimientos hundidos?
No