Nunca serás mía
Nunca serás mía
Aunque cada mañana amanecieras desnuda a mi lado,
seguirías siendo tú,
la suma de interrogantes
con dos decimales
que intento descifrar
buceando en tu mirada,
excavando en tus palabras,
recorriendo tu cuerpo, lengua, cuello, espalda, pulmones, muslos, literatura, sangre de espadas, un océano de manos, un grito en la noche, una catedral donde se coronaron emperadores, un sendero de trompetas, unas escaleras que nunca acaban, un palacio sin dueño.
Tú
Tan cerca, tan lejana y ajena.
Nunca serán míos
tu nombre abierto
de eco sin fondo,
el alfanje otomano de tus caderas,
la marejada de tus pechos como olas que vienen,
tu risa, tus palabras, el aire mustio de tus cajones, el perfume de tus sueños, la canción que compones con tu sombra, la infancia de tus recuerdos, el naufragio húmedo de tus dedos, el espejo donde quiero reflejarme de nuevo intentando responderme, encontrando en ti las preguntas.
Eres mi derrota,
los cristales rotos
que piso cuando no te tengo cerca
y me siento descalzo y ciego,
peregrino del recuerdo
y del sonido metálico del tiempo,
el viaje aritmético
hacia el infinito suave
de tu piel de peces gigantes,
mocasines indios y muñecos de trapo,
que me reconoce
cuando mi dedo por fin
encuentra tu dedo
y recuerda las palabras y los días
y los días llenos de palabras y de días
y de novelas que vivimos para no leer,
de lenguajes inventados
y de sueños confusos
que tan sólo necesitan de los ojos cerrados
Te beso, te siento, te toco, te muerdo
pero nunca serás mía
Siempre serás tú,
tan sólo y sobre todo tú,
la canción que compongo
con las notas de tu silencio,
ignorando que los demás
también existen
y que no desaparecen
cuando estamos uno frente al otro,
arrancándonos la máscara y las pestañas
e inventándonos a cada momento,
ahuyentando el fantasma del vacío,
de la huida hacia delante,
hacia la ciudad donde soñaba conocerte,
una tarde de maletas
y trenes de invierno,
en la que florecen
en todas las alcobas
los racimos, los labios,
la sal, los huesos,
y el eco de los tambores
que anuncian la batalla
de los estandartes
que buscan ser el otro.
Nunca serás mía.
No te pido tanto.
Me basta con que me abras la puerta y me dejes mirar.
Aunque cada mañana amanecieras desnuda a mi lado,
seguirías siendo tú,
la suma de interrogantes
con dos decimales
que intento descifrar
buceando en tu mirada,
excavando en tus palabras,
recorriendo tu cuerpo, lengua, cuello, espalda, pulmones, muslos, literatura, sangre de espadas, un océano de manos, un grito en la noche, una catedral donde se coronaron emperadores, un sendero de trompetas, unas escaleras que nunca acaban, un palacio sin dueño.
Tú
Tan cerca, tan lejana y ajena.
Nunca serán míos
tu nombre abierto
de eco sin fondo,
el alfanje otomano de tus caderas,
la marejada de tus pechos como olas que vienen,
tu risa, tus palabras, el aire mustio de tus cajones, el perfume de tus sueños, la canción que compones con tu sombra, la infancia de tus recuerdos, el naufragio húmedo de tus dedos, el espejo donde quiero reflejarme de nuevo intentando responderme, encontrando en ti las preguntas.
Eres mi derrota,
los cristales rotos
que piso cuando no te tengo cerca
y me siento descalzo y ciego,
peregrino del recuerdo
y del sonido metálico del tiempo,
el viaje aritmético
hacia el infinito suave
de tu piel de peces gigantes,
mocasines indios y muñecos de trapo,
que me reconoce
cuando mi dedo por fin
encuentra tu dedo
y recuerda las palabras y los días
y los días llenos de palabras y de días
y de novelas que vivimos para no leer,
de lenguajes inventados
y de sueños confusos
que tan sólo necesitan de los ojos cerrados
Te beso, te siento, te toco, te muerdo
pero nunca serás mía
Siempre serás tú,
tan sólo y sobre todo tú,
la canción que compongo
con las notas de tu silencio,
ignorando que los demás
también existen
y que no desaparecen
cuando estamos uno frente al otro,
arrancándonos la máscara y las pestañas
e inventándonos a cada momento,
ahuyentando el fantasma del vacío,
de la huida hacia delante,
hacia la ciudad donde soñaba conocerte,
una tarde de maletas
y trenes de invierno,
en la que florecen
en todas las alcobas
los racimos, los labios,
la sal, los huesos,
y el eco de los tambores
que anuncian la batalla
de los estandartes
que buscan ser el otro.
Nunca serás mía.
No te pido tanto.
Me basta con que me abras la puerta y me dejes mirar.
Comentario:
Es precioso, pero es doloroso al tiempo, pues sabes q nunca será tuya. Quizá sea mejor saber q nunca será tuya a pensar q alguna vez podrá serlo y esperar lo q nunca sucederá.
Saludos desde el Inframundo.
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
sublime... debe de ser para ella, para la que an no tienenombre para no hacerla mas presente de lo que ya está!
Hermosamente sublime!
Hermosamente sublime!
Comentario:
No, no es para K.
Comentario:
libre te quiero...
(es para k?)
(es para k?)
Comentario:
El regalo era una demostracion de amor, ahora llamame ñoña.:-)





