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Si molesto me voy
Y yo que pensaba que eras la Maga cuando, en realidad, eres una Bruja.
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Mira que es difícil, pero si tú quieres, creo que todavía podría irme más lejos. Aunque siempre me pondré en contacto contigo, para preguntarte si esta distancia es suficiente. y para irte contando todo lo que me pasa por estas tierras
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Yo también
Esta tarde Sayury se ha presentado en mi blog, que últimamente huele a barritas de incienso y optimismo, con su grabadora para hacerme unas preguntas. Como no sé decir que no a una mujer le he pedido que se siente, siempre que no intente fotografiarme ni describirme físicamente, porque soy muy celoso de mi intimidad. Mientras contestaba sus preguntas tenía un cigarrillo en la mano y no me he quitado las gafas de sol por si se le ocurría sacar una cámara cuando estuviera distraido.

Sayury: ¿Cuánto tiempo llevas blogueando?

Oren: Desde la tarde del domingo veintisiete de noviembre de dos mil cinco. Es una fecha que se puede comprobar en mi blog, así que no me voy a inventar un pasado legendario de blogs prehistóricos.

Sayury: ¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y empezaste a bloguear?

Oren: Antes me conectaba a internet con ya. com y siempre me salía como página de inicio. Una tarde en la que atravesaba una etapa de confusión y necesitaba aclarar mis ideas, leí un anuncio de los blog y me puse a escribir uno sin tener muy claro donde me metía. Reconozco que lo utilicé durante mucho tiempo también como arma de seducción de una mujer de la que por aquel entonces estaba muy enamorado y que hasta hace poco fue la destinataria de casi todos mis post. Ahora ya no me lee, pero continuo escribiendo el blog.

Sayury: Dime cinco blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia.

Oren: Siempre que puedo leo todos los blogs que tengo enlazados, uno a uno.

Sayury: ¿Eres lector anónimo de algún blog?

Oren: Claro. Entro en muchos blogs. Me encanta hacerlo al azar, cuando me encuentro su nombre en algún post y enlazar de blog en blog, pero sólo comento en los que leo algo que me llama la atención.

Sayury: ¿Algunos autores que te despierten especial simpatía?

Oren: Los primeros que leí, todos aquellos en los que me colaba cuando estaba empezando, aunque varios ya han desaparecido sin dejar huella. ¿Dónde están Bolitas de Alcanfor o Dorothy?

Sayury: ¿Qué blogs consideras de mayor calidad?

Para mí los mejores blogs son los que combinan la sinceridad con la calidad literaria. Hay muchos por la blogoesfera que son impresionantes desde el punto de vista literario, pero me parecen tan irreales, que me echan para atrás como el aliento de un quasimodo fumador. Muchos de éstos además son dinosaurios muy leídos. Que se va a hacer si uno ha nacido un poco disidente.

Sayury: ¿Con qué cinco blogueros te irías de borrachera?

Oren: Con cualquiera, no hago discriminación para tomar copas. Me gusta la sinceridad de los borrachos. Aprendes mucho de las personas cuando se toman una copa de más.

Sayury: ¿Con qué tres blogueros pasarías una noche de locura sexual?

Oren: Para que exista sexo necesito conocer a la persona físicamente, tenerla delante mío y sentir el big bang en mis hormonas.

Sayury: ¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero?

Oren: Tal vez me esté pasando. Ya lo comprobaré con el tiempo. De momento he llegado con una bloguera a un grado de complicidad y sinceridad inimaginable en mí. Soy una cebolla que se ha quitado la ropa interior delante suya. Pero esta historia nos pertenece sólo a los dos y no pienso desvelar su nombre.

Sayury: , ¿Has conocido a alguno más allá del teclado?

Oren: Sí y quizá por eso me pregunto si no me estaré enamorando.

Sayury: ¿Estás satisfecho con tu blog?

Oren: No, nunca estoy conforme con nada. Soy muy exigente conmigo mismo y cada vez pretendo escribir mejor sin alejarme demasiado de la sinceridad. No me gustaría acabar escribiendo historias inventadas porque no me ocurre nada en la vida. Hasta los cuartos de escobas son un motivo literario y escribiría sobre ellos si no tuviera otra cosa de que hablar.

Sayury: Y, por último, elige entre 3 y 5 blogueros para que contesten a estas preguntas en sus blogs.

Oren: Esta sí que no la voy a contestar. Me niego a apuntar a nadie con el dedo. Quien quiera que saque su katana y se haga su popio harakiri.
 
Una canción
Desde que esta mañana me he levantado no he parado de escuchar esta canción de los Planetas:

¿Qué puedo hacer
si después de tanto tiempo
no te dejo de querer?

Y si después
de todo el tiempo que ha pasado,
si nos vemos no sé lo que hacer.

He pasado por tu casa veinte veces,
y siempre voy al Amador por si apareces,
pero nunca vas,
pero nunca nunca vas.
Estoy harto de esperar,
esto es más de lo que puedo soportar.

Y una vez más,
he intentado convencerte,
pero todo sigue igual
que todos estos años.
Y una vez más
de qué me sirve intentarlo
si ni siquiera me vas a escuchar.
¿Estoy equivocado?

He pasado por tu casa veinte veces,
y siempre voy al Amador por si apareces,
pero nunca vas,
pero nunca nunca vas.
Estoy harto de esperar.

Estoy harto de intentarlo,
estoy cansado de seguir igual.
Tiene que cambiar.

Voy a dejar este sitio,
para no encontrarme contigo.

He pasado por tu casa veinte veces,
siempre voy al Amador por si apareces,
pero nunca vas
pero nunca nunca vas
estoy harto de esperar.
 
Vida nueva
Después de mi viaje a la Isla, siento como si mi vida comenzara de nuevo, no sólo por todo lo que han visto mis ojos de replicante (cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión, rayos X brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhaüsser, todos esos momentos que se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia)



si no porque entre otros me he encontrado en mi movil con este sms, como otros se encuentran botellas de naúfrago en la arena:

"Jano es el dios de las puertas, de los comienzos y de los finales, de los cambios y las transacciones, de los momentos en los que se traspasa, en los que se separa pasado y futuro. Su protección se extiende hacia aquellos que desean variar el orden de las cosas. Se le honraba cada vez que se iniciaba un proyecto nuevo, nacía un bebe o se contraía matrimonio".

No importa quien me lo ha mandado, no importa quien ha sido el naúfrago que lo ha abandonado, pero gracias a ese y a otros sms y a su voz susurrándome al oido, siento que he vuelto a nacer y que he abandonado la placenta negra del pasado.

Soy un niño de nuevo, un niño juguetón que de mayor quiere ser un duende y enamorarse de un hada a la que colmar de besos, un niño que no entiende de reglas, un niño que a estas horas de la noche camina desnudo por la calle, un niño que mientras aprende a hablar se deja llevar por su instinto y disfruta del silencio de unos ojos que le miran desde lejos.

Antes de dormir voy a encender una vela y una barrita de incienso para convocar a Jano, y así cuando despierte ya sólo me importe el mañana.

Buenas noches a todos los que aún creeis en los dioses, en los duendes y en las hadas.
 
ARAYA CWAYT CWAYT
Después de escribir el post anterior y de sentarme a meditar en mi jardín japonés, me he dado cuenta de que me estaba dejando llevar por la impaciencia.

Iba en uno de los vagones de metro recorriendo los túneles subterráneos de la ciudad desconocida que es la vida y tenía miedo de pasarme de parada, así que he decidido bajarme del vagón, olvidarme de los subterráneos, subir las escaleras mecánicas que me llevan a la superficie y continuar callejeando el presente a pie.

Soy yo quien debe marcar mis exigencias, y ahora mismo necesito relajarme.

Ya se me ha puesto, como dice un colega mío, el culito peninsular, porque el miércoles empiezo las vacaciones y abandono en avión la Fortaleza.

Cuando vuelva ya veremos qué pasa con la chica de la otra noche. No sé si la veré este fin de semana porque me he enterado de que tiene un compromiso.

Ha llegado el momento de infectarme con el virus de la tranquilidad y pronunciar, como un mantra, en tamazight, el idioma materno bereber de la mitad de la población de la Fortaleza, araya cwait cwait (espera, poco a poco).
 
La chica de la otra noche
Necesito una camisa de fuerza.

Necesito que alguien desemrosque mis manos y que las guarden dos eunucos.

Necesito una tarjeta de embarque a un país donde mi móvil no tenga cobertura para evitar que marque el número de la chica que conocí la otra noche e intente quedar con ella, agobiándola, sin duda, con palabras que se me caen de la boca y dejan un rastro brillante por donde quiera que paso de babas de caracol enamorado.

Me temo, querida Rous, que yo tampoco sé controlar los tiempos y que cuando debería emperifollarme delante del espejo de la paciencia y desplegar poco a poco mi cola de pavo real, balbuceo las lecciones aprendidas de memoria en la escuela por correspondencia de un quasimodo de la seducción.

Y es que me gusta y no puedo evitarlo.

La realidad es un relato prosaico a ritmo de telegrama, sin metáforas ni signos de puntuación.

Chico conoce chica STOP Chico da móvil chica para que llame día siguiente STOP Chica no llama chico STOP Chico vuelve a ver a chica STOP Chico y chica se ven también el día siguiente STOP

No hace ni una semana que la conozco, he estado tres veces con ella y sin embargo, cojo mi paleta de palabras y pinto un óleo no figurativo en la espalda de los sueños.

Soy más irracional que la raiz cuadrada de dos.

No quiero que se haga de noche. No quiero que nadie apague la luz. No quiero que nadie sople las velas porque tengo miedo a la oscuridad de que me diga, como tantas otras antes, que NO, que soy un tío de puta madre, que la chica que dé conmigo será la más afortunada del mundo, pero que sólo me ve cómo a un amigo.

¿Dónde se sella el pasaporte para pasar de la amistad al amor?

Lo sé.

Las mujeres prefieren que el hombre sea un poco maldito, un ángel caido postmoderno, un centauro cibernético que desate sus instintos, y voy a intentarlo, voy a fingir, voy a ponerme una máscara y a fijarme en la velocidad que marque el cuentakilómetros de la realidad para intentar seducirla y arrancarle el corazón con mis manos.

Pero para eso, necesito una camisa de fuerza.

Necesito una novela, una receta de alta cocina, una película que ver en el cine, una lápiz al que sacar punta, un escupitajo de la vida que me haga pensar en otros temas y me saje con una cuchilla de afeitar el orzuelo que tengo en los ojos de su sonrisa y su mirada.

Mientras, supongo que puedo escribir los versos más cursis esta tarde.
 
Al Hoceima
Aunque no perdí la esperanza de que la chica a quien había dado el móvil la noche del viernes, me llamara el sábado para que salir con ella, al final acabé emborrachándome con un brindis de palabras.

El domingo la Fortaleza entra voluntariamente en un centro de cuidados intensivos, aquejada por un grave ataque de aburrimiento que le provoca un fuerte dolor en el pecho a la altura de la nostalgia. Cuando me desperté a las diez y media de la mañana, y como no tenía ganas de visitar a la ciudad en el hospital, llamé a la amiga que me contagió el virus de visitar Marruecos y le supliqué que nos fuéramos a Al Hoceima.

Al Hoceima (espliego) se encuentra a unos ciento veinte kilómetros de la Fortaleza, siguiendo la costa mediterránea. La situación actual proviene de un asentamiento español fundado durante la guerra del Rif de los años veinte, fruto del desembarco hispano-francés para acabar con la rebelión de Abdel-Krim el Jatabi. Inicalmente se la denominó Villa Sanjurjo y sólo durante la Segunda República pasó a llamarse Alhucemas. Desde la Independencia de Marruecos su nombre es Al Hoceima.

Teóricamente hay dos carreteras desde la Fortaleza que conducen a Al Hoceima.

La primera va por el interior y atraviesa el Rif.

La segunda, la Route du Nord, de reciente construcción, que empieza en Saidia (junto a la frontera argelina) llega hasta Tánger y va por toda la costa.

Elegimos la segunda opción para la ida porque nos habían dicho que ya estaba terminada hasta Al Hoceima.

Como no habíamos ido nunca por la segunda, nos fijamos en los indicadores y vimos que a partir de un tramo, tanto Tánger como Al Hoceima, estaban tapados como una franja roja. No le dimos mucha importancia porque la carrretera parecía en buen estado, con quitamiedos y mojones kilométricos, niños vendiendo higos chumbos, caracóles o garrafas de gasolina a los lados, y líneas de división en la calzada. Además las vistas de las calas y los acantilados que ibamos dejando a la derecha y del sobrio Rif a la izquierda, nos empujaban a seguir adelante.

Después de unos cuantos kilómetros empezaron a desaparecer paulatinamente las líneas divisorias de la calzada, las señales, los mojones kilométricos, los niños que vendían higos chumbos, caracoles o garrafas de gasolina a los lados, el asfalto de la propia carretera, que en principio se convirtió en un camino de gravilla, con routes deriveés de cientos de metros a pistas de arena, y nos fuimos cruzando con gruas, camiones, obreros que trabajaban en la Route du Nord y que nos miraban como si estuviéramos locos, hasta que por fin desapareció del todo como las bouttiques de moda y los restaurantes de comida basura en las dunas del desierto, acabando en un laberinto de pistas de arena, que nos obligaba a parar de vez en cuando, buscando la costa y el sol para no perdernos y continuar hacia el oeste, sin brújula, ni GPS ni todoterreno y con las botellas de agua casi vacías, preguntando en un potaje babélico de idiomas a las pocas personas con las que nos cruzábamos y que no entendían de dónde había salido ese coche con matrícula española enfermo de polvo, por cual de esos caminos se iba a Al Hoceima.

Está claro que la carretera no llega todavía desde la Fortaleza hasta Al Hoceima, pero los coches sí. La prueba es esta foto de la bahía donde se encuentra la Playa del Quemado, que estaba ayer tan abarrotada como lo deben de estar ahora las playas de Torremolinos o Benidorm.



Como experiencia no estuvo mal, pero hasta que no terminen la Route du Nord no vuelvo a Al Hoceima ni de coña. Prefiero buscar en el mapa otro destino cuyo nombre me atraiga o seguir tonteando con la chica del otro día, a quien creo que voy a ver esta noche.
 
Brindis por la sinceridad
Ya llevo unos cuantos meses escribiendo y leyendo blogs, y me he dado cuenta con el tiempo de que casi todos los blogs son la misma boca con distinta pintura de labios, dibujada con mejor o peor literatura, pero que en ocasiones, me hace reir como los payasos de mi infancia o me enamora y me siento obligado a besarla.

Esta noche he leído un artículo de un blog, que me ha emocionado tanto que me he permitido invitar a esa boca fina que ha pronunciado por escrito esas palabra a la copa de vino que es mi blog, para que deje la marca de sus labios en él.

Brindo por la sinceridad y el anonimato que le dan sus páginas, brindo por los amores no correspondidos, brindo por la educación sentimental cosechada de la ficción, brindo por los que no sabe fingir y muestran lo que sienten, brindo por los que son transparente como radiografías de un poltergeist, brindo por los que se equivocan cuando se enamoran y pierden la cabeza en los asientos de los autobuses, brindo por los que se meten en las fuentes para pescar peces de colores para su pareja durante la primera cita, brindo por los que creen en la magia de las cuatro letras y brindo por los que todavía estamos convencidos de que esa chica que conocí anoche y a la que le dí el número del móvil, me va a llamar dentro de cinco minutos para salir con ella esta noche.

Salud!!!

(Y de fondo Death of a clown de The Kinks)
 
Todos los sueños
Siempre pensé que sería yo y no tú, quien...

Así comenzaba la novela que empecé a escribir cuando estaba terminando la Universidad y que acabé unos meses después para presentarla en un concurso de la ciudad de origen que, por supuesto, no gané, y que posteriormente retoqué bastantes veces, sin quedarme nunca conforme del todo con ella.

Como en todas las primeras novelas, cuando la leías se podía encontrar un trozo de la piel, una oreja, dos gotas de saliva del primer beso, seis o siete cabellos del pasado y las vías por donde huía el transiberiano, cocidos a fuego lento en una olla de deseos y malentendidos voluntarios, acompañados de una guarnición de pétalos de amor adolescente y sueños ahogados en litros de mentiras.

Básicamente el argumento era el siguiente: un joven inmaduro que soñaba con viajar por todo el mundo, empieza a salir con una chica de las que fuman que finalmente se apodera de su sueño y se larga, dejándolo masturbándose con el abedecedario hasta que terminó una novela que se la dejó leer a su amigos, escritores noveles del entorno, un poeta antiguo profesor suyo de literatura, fumetas capaces de recitar monólogos de Hamlet, admiradores de Antístenes, malabaristas de los tacos y la protagonista misma de la novela que se fue o tal vez no, (nunca supo distinguir la realidad de la ficción) y cuyas críticas coincidían en que tenía un estilo impresionante, una forma original de escribir, pero que carecía de técnica narrativa, lo más seguro que por culpa de su juventud e inexperiencia.

Un ejemplar acabó en un bar de la ciudad de origen que frecuentaba el joven inmaduro y que retrató en la novela con pinceladas de irrealidad, donde la leyó su dueño, diciéndole que aunque su bar no era así, debería registrarla, para que el manuscrito estuviera a disposición de todos sus clientes. Le contestó que pasaba de registrarla (la cultura es de todos), pero que accedía siempre que no apareciera su nombre en el manuscrito. Quería conservar su anonimato.

Se dieron situaciones curiosas porque a veces surgía el tema de su novela y el joven inmaduro la defendía o criticaba según su estado de ánimo, sin que nadie supiera que era el autor.

Un día, la novela desapareció.

Todavía existe un ejemplar, guardado en un disco de ordenador en casa de sus padres, pero le pareció un final digno para la novela y se dijo a sí mismo, que nunca imprimiría otro ejemplar.

Poco después, el joven inmaduro cumplió su sueño de conocer mundo y se vino a vivir a la Fortaleza, y se pregunta, si debería escribir otra novela sobre lo ocurrido desde entonces, sobre todo, los reencuentros con la protagonista de la novela, a la que ha dedicado muchos comentarios de su blog, para abandonarla de nuevo anónimamente en otro bar, igual que se abandona la felicidad entre las sábanas cuando despiertas y abres los ojos.
 
El caprichoso azar
Aquí estoy de nuevo, emborachándome con una copa de palabras on the rocks, mientras de fondo tengo A rush of blood to the head de Coldplay.

Ayer vino mi amigo de la Isla a pasar unos días en la Fortaleza y quedamos para salir por la noche con mi amiga antes conocida como una letra y otra chica que se recogieron en torno a las dos de la mañana, por lo que nos quedamos los dos solos, contándonos los últimos chismes. Como mi amigo de la Isla ha nacido aquí, nos encontramos con un grupo de amigos suyos de toda la vida, todos emparejados menos dos chicas con las que me puse a hablar.

Ya sé que no eran horas ni era el lugar, pero terminé hablando de cine oriental, del bushido y de literatura con una de ellas a las tantas de la mañana en un bar de copas. Quedamos en intercambiarnos unas películas y unos libros.

Hasta ahora mismo no me he dado cuenta de que anoche estuve con la chica con la que me propusieron hace unos días la cita a ciegas, que no llegó a tener lugar, entre otros motivos, porque quien me la propuso está ahora de vacaciones.

Tanto la descripción física, como su edad, el nombre y lo todo lo demás que me contaron acerca de ella coincide con lo que yo ví anoche. Me pregunto si ella también se ha dado cuenta, porque yo le dije quien era y dónde trabajaba y supongo que la amiga en común le habrá hablado de mí.

El azar es un caprichoso teclado en el que en ocasiones se escriben frases con sentido y más aún en una ciudad pequeña como la Fortaleza donde todos se conocen.

Cuando a las siete de la mañana mi amigo de la Isla, que no sabe nada de la cita a ciegas, y yo nos volvimos para casa me comentó que me había visto muy guay con ella y me preguntó si le había pedido el móvil, porque merecía la pena y me venía muy bien.

- No- le dije- Sé su nombre, donde trabaja y por que bares sale. Sólo es cuestión de tiempo que coincidamos. Tampoco me gusta parecer desesperado ni ser un carroñero de la noche.

Aparte, de que ahora, sé que puedo pedir a la amiga que tenemos en común, que nos vuelva hacer coincidir para hablar en otro contexto, donde no haya que pegar gritos para hacerse entender.

Por cierto, no fuma, pero en un mundo sin tabaco sería de las que fuman.
 
Es 3
Me lo imaginaba, pero nunca pensé que mi cuerpo fuera ayer a reaccionar así.

A mis treinta y un años todvía me siento inmortal.

Trabajo de cara al público y básicamente con extranjeros del país vecino vestidos con una chilaba de dramas personales, ante los que a veces no puede ser indiferente, a pesar de que intento no implicarme emocionalmente con ninguno y convertirlos en números de expediente. Pero muchos me conocen. Voy por la calle repartiendo saludos. Siento su respeto porque saben que me tomo el trabajo muy en serio.

Ayer por la mañana, sentí una especie de sensación de ahogo. Empezó a la altura del esternón y se extendió por los bronquios hasta los pulmones, como si se fuera el fluido eléctrico y los semáforos se apagaran y todos los conductores de la autopista de mi aparato respiratorio tocaran el claxón a la vez. En principio pensé que era por culpa del excesivo frío del aire acondicionado.

Llevo casi dos años en la Fortaleza y todavía no me había dado de alta en el médico porque nunca lo había necesitado.Los resfriados siempre les he curado con un vaso de leche caliente y un zumo de naranja. Así que salí a darme de alta a alguno y mientras arreglaba los papeles noté que se me pasaba.

Hasta esta tarde no he ido al médico, porque al final ayer, después del trabajo, me fui a dar una vuelta por Marruecos para despejarme. Después de examinarme, la médico me ha dicho que, en principio no me ve nada, que la respiración, la tensión y el pulso son normales y que seguramente fuera un ataque de ansiedad, una respuesta psicosomática a una situación de estrés laboral. De todos modos, me ha mandado ir a hacerme una placas del tórax y una analítica completa de sangre y orina, para descartar cualquier otro problema.

De momento me ha recetado Lexatín 1,5.

- ¿Y eso que es? - le pregunté.

- Un ANSIOLÍTICO cuyo principio activo es el bromazepán.Tómate uno cada veinticuatro horas. Provoca somnolencia, así que evita conducir o actividades de riesgo. La mejor hora es cuando te vayas a dormir o cuando notes esa sensación de ahogo.

No, no, no.

Me niego. ¿Cómo voy a tomar ansiolíticos si soy el maestro zen que nunca se queja, ni se altera ni le da vueltas a los problemas porque si no tienen solución para qué preocuparse si no hay nada que hacer y si no la tiene para qué preocuparse si se van a resolver? Lo sé, estoy un poco estresado, pero no quiero que nada químico altere mi hiperactividad. Yo soy así y me gusta ser como soy. No paro quieto y si me encierran en una jaula de bromazepán, me pongo mustio. No quiero adormecer mi conciencia, porque me encanta sentir. Intentaré tomarme el trabajo con más tranquilidad. Al fin y al cabo mis usuarios me necesitan vivo.

Lo único que necesito son unas vacaciones en un jardín japonés, contemplando las ondas que dejan las gotas de lluvia en las aguas del estanque y escribiendo bajo una pagoda roja en un cuaderno con hojas de colores tankas y haikus a las flores del cerezo.

Eso sí, mientras tanto pondré un cartel que diga:

Hari , no me estreses que me han recetado ansiolíticos.