RETORNO AL PASADO (I)
El otro día creí cruzarme en la calle con Susana. Me quedé mirando una chica que hablaba por el móvil porque creí reconocer en ella a aquella amiga del pasado. Pero no me atreví a preguntar si era ella.
Susana fue la primera chica que me quebró ciertos esquemas mentales, aunque no es mucho decir teniendo en cuenta el pobrísimo bagaje que yo poseía en cuanto a conocer cómo eran las mujeres.
Llegó a mi colegio en 1º de Bachillerato, es decir, cuando yo descubrí que en el mundo había más chicas que mis primas y sus amigas. Recuerdo perfectamente la primera vez que me habló. En mi colegio, a principio de curso nos sentaban por orden alfabético y a lo largo del mismo, el tutor nos reubicaba. Pero ese orden se rompía en las horas de prácticas, cuando nos quedábamos la mitad de la clase y la otra mitad iba a uno de los laboratorios. El profe de turno siempre hacía desplazar hacia delante a los del fondo. De repente, a mi lado se sentó Susana.
No recuerdo la asignatura, quizás matemáticas, pero recuerdo que el profesor nos puso un ejercicio el cual recogería y serviría para subir la nota final. Se giró para escribir en la pizarra y en ese momento noté como me estiraban de la manga hasta casi tirarme al suelo. Sin saber cómo, mi rostro estaba a menos de un palmo del de Susana.
- Ayúdame. No sé nada. Me tienes que ayudar, vale – me dijo en voz muy baja pero atemorizada.- ¿Estás loca? Nos van a pillar.
- ¡Qué me ayudes!
- Vale, vale, pero suéltame el brazo.
Decir que no recuerdo si le ayudé es absurdo, por los acontecimientos posteriores deduzco que sí lo hice.
Unos días más tarde… en casa…
- ¡¡Mamá, coge el teléfono!!
- Dígame… sí… ¿de parte de quién?... encantada, yo soy su madre…
- ¿Quién es?
- Es para ti, una tal Susana
- ¿Susana? ¿Cómo demonios?… ho… hola
- Sí, claro, yo te lo explico pero ¿cómo has conseguido mi teléfono? Va… vale, pero algún día me lo explicas.
Estuvo dos cursos realizando la misma operación a diario: llamándome. Sin faltar ningún día, ni uno solo, cada tarde, hubiera exámenes o no, hubiera deberes o no. Todos los días. Mi madre se frotaba las manos. Mi hermano se moría de la risa porque, casualidades de la vida o no, el hermano de ella fue compañero del mío en el mismo colegio 6 años antes. Quizás fue así cómo consiguió mi teléfono, nunca se lo volví a preguntar.
Pero lo más sorprendente para mí fue cuando llegó la primera evaluación y vi como Susana sacaba unos 7 u 8 sobresalientes. Algo así como el doble que yo. No sentía envidia, en absoluto. Mejor así, pues “El Empollón de la Clase” sería otro.
- Pero ¡tú no necesitas ayuda! Sacas mejores notas que yo ¿por qué me llamas?
- Porque sí que la necesito, necesito que me ayudes. Tú eres muy listo y haces que saque esas notas.
Y mi ego engordaba. Engordaba día a día. Durante los 30 minutos del recreo, todavía jugaba al fútbol, lejos de los corrillos que se dedicaban a otras cosas. Cosas que un par de años más tarde, mis amigos y yo descubrimos más interesantes que el fútbol. Al regresar a clase, a menudo me encontraba el siguiente interrogatorio
- ¿Cómo te ha ido? ¿habéis ganado?
- Y eso ¿qué más da? Sólo intentamos pasarlo bien.
- ¿Has metido muchos goles?
- Ven a verlo si tanto te interesa.
Y al día siguiente, jugábamos con espectadoras. Pobrecillas sus amigas. Cada día venía con una diferente porque supongo que todas le decían “¿qué hacemos aquí? ¿por ese? ¿venimos por ese?”
Intenté ocultar todo esto a mis amigos. No podía ser que la empollona fuera detrás de mí. Además, no era especialmente guapa. Años más tarde me di cuenta de que era mucho más guapa que otras chicas que luego conocí, pero en aquel momento, yo era un crío con aspiraciones más grandes y con paciencia, tenía toda la vida por delante.
Pero mis amigos se enteraron, aunque creo que en aquella época me importaba menos lo que los demás opinaran que hoy día. Además, al menos había una que iba detrás de mí, cosa que no todos podían decir. Pero no me aproveché, nunca di pie a Susana para nada más.
Se enteraron porque uno de mis amigos era vecino de ella. Sus respectivos padres se conocían. Mi amigo no sacaba precisamente buenas notas y sus padres pidieron a los padres de ella que ésta le ayudase en el colegio.
- HSolo, tengo que hablar contigo.
- ¿Qué pasa macho? Ya sé que no ganó el Barça pero ya es habitual ¿no?
- Es sobre Susana
- ¿??
- ¿Qué le has hecho que cada día te llama?
- Yoooo, nada.
- Estamos haciendo los deberes y, de repente dice “voy a llamar a HSolo” y me deja allí.
- Sí, me llama a menudo para preguntarme cosas de clase.
- ¿A menudo? Cada día y, algunos, hasta dos y tres veces.
- Sí, es un poco pesada.
- Pero… ¡si no lo necesita! Saca mejores notas que tú.
- Ya lo sé ¿y?
- Pues que quiere algo más.
- Bah, pues lo lleva claro. Además, ella es una empollona y yo no. Oye… a ti te gusta ¿no?
- Bueno… sí, un poquito. No es muy guapa, pero tiene un buen cuerpo. Ya la has visto en clase de natación.
- Sí, tienes razón, pero está como un cencerro macho. Venga, va, vamos a jugar a basket.
Hay veces que pienso que hubiera sucedido si los veranos hubiéramos coincidido en Ciudad ¿me hubiera seguido llamando? Nunca me pidió quedar fuera del horario del colegio. Nunca la vi en ninguna fiesta, ni en los billares. Era diferente. Pero muy extrovertida. En el recinto escolar, no se cortaba.
En 3º de Bachillerato nos pusieron en clases diferentes. Los primeros días seguía llamando, pero profesores diferentes, deberes diferentes, horarios diferentes hicieron que el contacto se perdiera. En aquel momento me sentí aliviado, lo reconozco, pero esa sensación sólo duró unos meses. Era muy tímido entonces, más que ahora si cabe, y no me atreví a preguntarle nada más.
En COU le perdí la pista. Ella quería ser médico, e iba por la tarde, yo estudiaba por la mañana. No la recuerdo en el viaje de fin de curso.
Un par de años más tarde me la crucé por la calle. Un saludo, dos besos, un par de “quetales” y ya está. Se lo conté a un amigo y me dijo que tenía novio. De eso hace unos 10 ó 12 años.
Ahora, sentado escribiendo este post, me arrepiento de no haber preguntado si era ella la chica del móvil.
En silencio
Suspendí mi educación cuando tuve que ir al colegio. (George Bernard Shaw)
Comentario:
¡¡¡Con la ilu que me hace a mí ver a mis antiguos compis!!! No se trataba de rescatar nada, sólo de quitarse esa duda que tienes ahora... ¡Ays, esa timidez no te lleva a ninguna parte!
¡¡¡Besos!!!
¡¡¡Besos!!!
Comentario:
tenías que haberle preguntado si era ella!
Comentario:
En mi caso fue al contrario, esa persona que me reconoció, si me llamó... prefiero olvidar el resto.
Besos de una maia.
Besos de una maia.
Comentario:
Yo tambien tengo amigas así en el recuerdo y tambien me da pena no saber nada de ellas.
Me gustaria que algun dia nos contaras alguna historia buena con alguna chica. Me refiero con un final feliz o algo parecido.
Un abrazo
Me gustaria que algun dia nos contaras alguna historia buena con alguna chica. Me refiero con un final feliz o algo parecido.
Un abrazo
Comentario:
una pregunta suelta:
y cuantas mujeres mas piensas mencionar en este divertido blog?
y cuantas mujeres mas piensas mencionar en este divertido blog?
Comentario:
Qué fácil es aconsejar al prójimo, cuando yo tuve una ocasión parecida hace justo una semana y no la aproveché. Claro que en mi caso la chica no era de hace tanto tiempo. Pero deberías haber preguntado. Y seguramente yo también.
Yo sí que estoy a favor de los reencuentros... cuando no tenga que ser yo el que supere su timidez para producirlos.
Saludos.
Yo sí que estoy a favor de los reencuentros... cuando no tenga que ser yo el que supere su timidez para producirlos.
Saludos.
Comentario:
Como bien lo dice Disney...hay que dejar el pasado en lo atrasado. Yo le tengo PANICO a los reencuentros. Ninguna segunda parte es buena.
Grítame algo: