TODAVÍA NO SE LO LLEVÓ EL VIENTO
Me costó mucho, muchísimo llamar a Helena esta vez. Me había prometido a mí mismo que no lo haría. Siempre soy yo quién llama para ver cómo le va. Y aunque me dice que la llame, que si ella no lo hace es porque es descuidada, me gusta pensar que de vez en cuando piensa de mí. Pero, lo reconozco, me dolió mucho que no se acordara de mi cumpleaños. Sé que es una estupidez, porque es lo natural en ella, tiene muy poca memoria para este tipo de cosas, y sin embargo, uno alberga la esperanza de que dos años seguidos le llame esa persona un tanto especial.
Creo que tengo que darle las gracias a Mariana, su comportamiento autodestructivo me hizo ver que hay otras chicas mucho más interesantes en el mundo y que la última que había conocido era Helena. Así que la llamé.
Como siempre, más de una hora al teléfono. Me gustaría decir que, después de tantos meses sin vernos, teníamos muchas cosas que contarnos, pero no sería cierto. Si al día siguiente le hubiera vuelto a llamar, hubiera sido otra hora hablando. Desconozco si esto le pasa con otras personas, intuyo que sí, pero no quiero saberlo, pues a mí no. Mis facturas de teléfono se basan en mensajes sms, wap y llamadas de menos de 1 minuto.
Me negué a mí mismo pedirle que quedásemos. No era necesario, sabía sobradamente que me lo diría ella. Y así fue. No lo entiendo, no llama, pero cuando yo lo hago, acostumbra a pedirme que quedemos. Lo malo es que, a pesar de que ahora tenemos un horario similar, nuestras agendas son difíciles de coordinar. Claro que, yo sería capaz de suspender lo que fuera, pero me da que ella no es de la misma opinión. Así que le dije que, si en verdad quería quedar, yo llamaría un día para comer pues si tenía que esperar su llamada no lo haríamos. Rió y aceptó.Quedamos el pasado jueves. Hubiera preferido quedar para cenar, eso me hubiera permitido cambiarme de ropa y no ir con "el mono de trabajo" y ahorrarme el "qué elegante estás" que tanto odio. Si además hubiera sido viernes o sábado, me hubiera permitido no tener que mirar el reloj. Pero eso es demasiado pedir cuando quedo con Helena. Los fines de semana va a casa de sus padres, a más de 80km y, si se queda en la Ciudad, es por algún motivo especial. No lo ocultaré: me gustaría ser ese motivo algún día.
Como siempre, yo escogí el restaurante.
Como siempre, ella llegó tarde. Pero esta vez me llamó para decírmelo. Creo que está volviéndose algo más responsable.
Por cierto, el restaurante me decepcionó. Nunca me había fallado y precisamente ese día, era el día ideal para pedir el Libro de Reclamaciones. Creí que ella lo iba a hacer, pero nos limitamos en decirle al camarero que la próxima vez que nos quiera dar gato porque se ha acabado la liebre, nos lo diga, que no pasa nada y se pide otra cosa, pero el gato está malísimo.
Hubiera estado allí, escuchándola durante horas y horas. Enlanzando temas sin saber muy bien cómo. Con ella no hay silencios incómodos. En esos momentos me gustaría cambiar mi forma de ser, no tener que decir la mía y, por supuesto, no sacar esa vena irónico-ingeniosa que me nigo a mí mismo y que todo el mundo dice que tengo, incluido ella, que no deja de reir. Me gustaría estar en silencio.
Callado. Tan sólo escuchando. Pero siempre acaba pidíéndome mi opinión.
Literalmente nos tuvieron que echar del restaurante. Obviamente, pagué yo y me dijo "siempre pagas tú, déjame pagar algún día" y le contesté "es que el concepto es otro, es tener una excusa para volver a quedar contigo" Pero es igual, esos son los detalles que olvida, y eso es lo que me gusta, que lo olvide, que no sea políticamente correcta.
Las opciones después eran pocas, muy pocas, y más cuando el planteamiento es "tengo el chip de entresemana y no me apetece nada más que irme a descansar" Lo malo es que ese chip lo teníamos los dos. Tampoco yo estaba para nada más que no fuera irme a casa a quitarme la corbata y los zapatos. Además, sabía que cuánto más tiempo pasase, la cosa podría ser "peor".
El viaje del metro, hablando sobre Joaquín Sabina, se me hizo brevísimo. La despedida duró más de 20 minutos, o eso me dijo el reloj, porque me parecieron 2, hablando de cine, a 5 grados, en plena calle, al lado de un coche patrulla de la Nacional desde el que dos policias nos miraban diciéndose "estos son tontos, con el frío que hace" Claro que también sería posible que se dijesen "qué tío más tonto, con esa chica ahí y pasando frío"Esta vez no van a pasar meses sin volverla a ver. "A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a pasar..." tanto tiempo sin verla. Lo juro. Los dos odiamos la rutina, la periodicidad de las cosas, pero si no lo hago yo, ella no me va a llamar. Periódicamente, con una frecuencia cada vez inferior, necesito volver a verla.
Escuchando "Blowin' in the wind" de Bob Dylan
El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor (Proverbio italiano)
Comentario:
Dejala, definitivamente, aparte soy tu version femenina. Un beso grande.
Comentario:
Insiste, si de verdad quieres algo con ella, que el no ya lo tienes... ¿Qué puedes perder, a parte de la soltería y tu medio celibato?
Un besote, estaré pendiente de tus progresos...
Un besote, estaré pendiente de tus progresos...
Comentario:
Ni se te ocurra dejar pasar el tiempo.
Besos de una maia.
Besos de una maia.
Comentario:
Está claro que esa chica te gusta, ¿Quién sabe? A lo mejor dejas la solteria con ella.
Suerte!
Suerte!
Grítame algo: